Muchos confunden la empatía con otras conductas: simpatía, bondad, compasión u otras similares. La empatía no es ninguna de ellas, aunque puede acompañarlas. El significado más comúnmente aceptado de empatía es la cualidad que nos permite “ponernos en el lugar de otra persona”. Cuando empatizamos, abandonamos por un momento nuestras propias necesidades, nuestros pensamientos y deseos. Pensamos en lo que otra persona puede sentir.
Empatía no equivale exactamente compasión ni amabilidad. Y tampoco a simpatía.En contra de la idea generalizada, empatizar no es perdonar ni sacar a alguien de apuros. En el nivel más simple, la empatía es simplemente la capacidad de “entender las razones de la conducta de esa persona”.
En realidad, la empatía implica dos conjuntos de habilidades, de acuerdo con el psicólogo Robert Brooks:
- La
capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona.
- La
capacidad de comprender e identificar las emociones.
Sin embargo, para muchas personas con TDAH, el mundo
resulta tan caótico y su enfoque es tan errático que ni siquiera saben lo que
sienten ellas mismas, mucho menos lo que siente otra
persona. “Y si una persona carece de empatía” añade Brooks, “probablemente
entenderá mal la situación y malinterpretará las intenciones de otros. Con
frecuencia espera que los demás se adapten a ella, pero no está dispuesta a
cambiar”. Puede que el cambio les parezca imposible, con lo que la sensación de
impotencia les produce aún más frustración. En general, no podemos suponer
que todos los seres humanos sean capaces de mostrar un nivel “normal” de
empatía. La empatía es, en gran medida, una capacidad cerebral, y todos tenemos
diferentes capacidades.
Acaba de ser publicado otro estudio que sugiere una
conexión entre la dopamina y la empatía cognitiva (enseguida
definiré empatía cognitiva). Donde se pone de manifiesto que
mejorar la transmisión de la dopamina (mediante medicación estimulante) suele
mejorar la empatía de las personas con TDAH; no porque les “dé” empatía, sino
porque les permite centrarse y acceder a esta función cerebral “de orden
superior” que ya poseen, pero a la que no son capaces de acceder de forma
fiable.
El estudio de la Universidad de California, Berkeley,
publicado en la revista “Current Biology”, no es el primero en
examinar los efectos de los efectos de la dopamina en el cerebro en lo que
respecta a la empatía. Los participantes en el estudio recibieron, en dos
visitas separadas, una píldora que contenía un placebo o un fármaco llamado tolcapone. (El
tolcapone prolonga los efectos de la dopamina, un neurotransmisor asociado con
la recompensa y la motivación en el cerebro. Pero lo hace a través de un
mecanismo diferente que los medicamentos estimulantes, que básicamente inhiben
la recaptación de dopamina en la sinapsis, el espacio entre las neuronas. Este
fármaco se utiliza para tratar a las personas con la enfermedad de Parkinson,
un trastorno neurológico degenerativo que afecta al movimiento y al control
muscular).
Entonces, los participantes tomaron parte en un juego en el que repartían dinero entre ellos y un destinatario anónimo. Quienes habían tomado tolcapone dividieron el dinero con los extraños de una manera más justa y equitativa que aquellos que habían tomado el placebo.
Según el comunicado de prensa de la página web de la Universidad de California-Berkeley “Alterar la química del cerebro nos hace más sensibles a la desigualdad”:
En conexión con estudios anteriores que demuestran que la desigualdad económica se evalúa en el córtex prefrontal –un área central del cerebro a la que afecta la dopamina– este estudio acerca a los investigadores a precisar cómo se inician en el cerebro conductas pro-sociales como la equidad.
“Hemos dado un paso importante para aprender cómo está influenciada nuestra aversión a la desigualdad por la química de nuestro cerebro”, dice el autor del estudio, Ignacio Sáez, investigador postdoctoral en la Escuela de Negocios Haas. “Los estudios realizados en la última década han arrojado luz sobre los circuitos neuronales que rigen la forma en que nos comportamos en sociedad. Lo que mostramos aquí es un ‘interruptor’ del cerebro en el que podemos influir”.
Los investigadores añaden que los estudios futuros pueden llevar a comprender mejor la interacción entre los mecanismos alterados dopamina-cerebro y los trastornos mentales como la esquizofrenia o las adicciones, y potencialmente aclarar el camino hacia posibles herramientas de diagnóstico o tratamientos para esos trastornos.
“Nuestra esperanza es que algún día puedan utilizarse medicamentos dirigidos a la función social para tratar estos trastornos incapacitantes”, dice Andrew Kayser, uno de los investigadores principales del estudio, profesor adjunto de Neurología en la Universidad de California en San Francisco e investigador en el Instituto de Neurociencia Helen Wills en Berkeley.
Se trata de un estudio pequeño, que aún no ha sido replicado. Pero este estudio se suma al creciente conjunto de investigaciones sobre el papel de la dopamina en los llamados comportamientos “pro-sociales”, como la imparcialidad y la empatía.
Referencia: tdahvitoriagasteiz.com
//www.fundacioncadah.org//
https://fun4us.org
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