domingo, 24 de febrero de 2019

El mayor obstáculo que debemos superar para ser libres, según Gikovate


Ser libres es una de nuestras mayores aspiraciones. También es una de nuestras principales frustraciones. Es difícil resistir el impacto cuando chocamos contra el muro de una sociedad que empuja hacia la normalización y la estandarización. Entonces vivimos la contradicción del individuo que busca su libertad y la sociedad que se encarga de delimitar las fronteras de esa libertad. ¿Podemos escapar de esa paradoja?


Según Flávio Gikovate, un psicólogo brasileño que se dedicó a analizar los problemas que afrontamos en nuestra vida social, estaríamos enfocando mal el asunto porque “más que los factores externos, son los conflictos interiores los que nos impiden ser libres”. El secreto, por tanto, estaría en nuestro interior. Pero para descubrirlo necesitamos cambiar radicalmente nuestra perspectiva y modo de pensar.


La proyección de nuestros conflictos internos


“Existe una antigua tendencia a intentar atribuir a factores externos la imposibilidad de alcanzar nuestros mayores anhelos. Siempre ha sido más fácil y atractivo pensar de este modo que suponer seriamente la existencia de obstáculos internos.


“Es mucho más fácil mantener esta actitud y proyectar en otros (personas o instituciones) aquella actitud que se nos oponga, en lugar de asumir el hecho de que ambas nos pertenecen. De este modo una contradicción interna se transforma en un conflicto externo por medio de la proyección en otra persona de uno de los componentes del dilema”.


Gikovate apunta que uno de los primeros obstáculos que debemos vencer para ser libres consiste en dejar de proyectar nuestras inseguridades en el mundo exterior. La mayoría de las personas muestran una tendencia a huir de su intimidad, tienen miedo a estar a solas consigo mismas.



El miedo a estar a solas con nosotros mismos


“El hombre, al no soportar la convivencia con su propia condición – lo que incluye también sus contradicciones – trata de ocuparse lo más posible de cosas externas. Este resulta un modo eficaz de olvidarse de sí mismo.


“Siempre se hace difícil convivir con dudas, dilemas y contradicciones, y así se llega a conclusiones precipitadas, muchas veces cobardes, que suelen atribuirse a las presiones que ejerce el medio externo. Esas presiones, evidentemente, existen. […] Lo que hay que discutir es si su peso decisivo es tan grande como el que se le pretende atribuir”.


La sociedad intenta imponer sus normas y reglas, las personas a nuestro alrededor nos presionan y a nuestro paso aparecen obstáculos continuamente. Nadie lo pone en duda. No obstante, ¿son esos obstáculos realmente la principal causa de la limitación de nuestra libertad o son una excusa para no atrevernos a ir más allá? El hecho de que el camino sea más difícil no significa que no se pueda recorrer.


El autoconocimiento como vía para alcanzar la libertad


Gikovate afirma que “son las dudas y contradicciones las que impiden una actitud efectiva hacia el camino de la libertad, lo que equivale a una falta de convicción en los propios conceptos. Esa convicción solo podrá existir en aquellos que asuman por completo sus contradicciones, sin recurrir al fácil expediente de proyectar uno de sus componentes”.


Por tanto, la libertad, que para Gikovate “significa esencialmente coherencia entre ideas, conceptos y comportamiento objetivo”, se debe buscar a través de un ejercicio de introspección profundo. Solo si nos conocemos y sabemos lo que queremos, tendremos la fuerza suficiente para elegir la libertad.


“Todas las personas necesitan saber hasta qué punto le fascinan las cosas materiales que nuestra sociedad ofrece para el consumo y qué precio está dispuesta a pagar para acceder a ellas. Negar la fascinanción que estas ejercen puede inducir increíbles equívocos y provocar grandes frustraciones […] Pagar cualquier precio por ellas podrá llevar a un equívoco aún más grave: una persona podría darse cuenta de que se está muriendo de tedio a pesar de estar rodeada de todo lo que desea”.


“Nuestras reflexiones oscilan entre el hedonismo y el ascetismo, y será necesario llegar de modo firme a una convicción antes de que podamos pensar en una acción libre y consecuente. Solo así podremos fortalecernos íntimamente para oponer resistencia a las presiones del medio y abrir nuestro camino. Si no somos capaces de esto, de nada servirá acusar a la estructura social de esclavizante y opresora. Solo estaremos justificándonos por no asumir nuestra propia incompetencia”.


Por tanto, el principal enemigo de nuestra libertad somos nosotros mismos. Y solo podemos superar ese “obstáculo” haciendo las paces con nuestro “yo”, tomando decisiones conscientes que nos permitan perseguir nuestros sueños, independientemente de los obstáculos que aparezcan en nuestro camino, que serán muchos.


Cuando realizamos ese ejercicio de autoconocimiento, cuando realmente conectamos con nuestras necesidades, ocurre el milagro porque, de repente, las presiones sociales pierden gran parte de su peso. Después de todo, la sociedad nos ata solo en la medida en que permitimos que nos ate.


Gikovate cierra sus reflexiones con un mensaje optimista: “si las personas que viven de modo coherente y consistente fueran más felices y se sintieran más realizadas, esto podría tener consecuencias sociales insospechadas”.


Fuente:
Gikovate, F. (1986) Hacerse libres. Pardes Ediciones: Argentina.

Rincón de la Psicología.


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