martes, 21 de mayo de 2019

EL TEMOR A LA VULNERABILIDAD Y LA DESTRUCCIÓN (O SEA, AL AMOR) Por Laura Foletto



Muchas veces, cuando analizo Cartas de Diseño Humano, las personas se sientan muy cerca de mí; a medida que se va desarrollando la lectura, se comienzan a alejar más y más. No pueden creer la veracidad de lo que va apareciendo y las fichas que les van cayendo una a una. Pero lo que más les sorprende es darse cuenta de que sus estrategias han sido equivocadas, que hicieron lo contrario de lo que debían y, peor, que “sintieron” lo correcto pero que no lo siguieron porque los demás indicaban otra cosa o no era lo adecuado para el entorno (que estaba enfermo por otro lado).



Ese sucumbir a las expectativas o los dictados de los otros se acumula como frustración, ira, vacío, desvalorización, cansancio, hasta que (afortunadamente) estalla y comienza el despertar. “¿Quién soy yo?” es la pregunta que inicia ese período y que reconduce a los caminos del alma. Cuando esto sucede, hay alegría y gozo de reencontrarse pero también miedo, soledad, desarraigo, confusión. Ya no vibran con lo que tienen alrededor pero todavía no encuentran situaciones o pares con que compartirlo.



Además, les cuesta poner en práctica lo que tanto leyeron. A la mente le encanta llenarse de información y creer que sabe todo, pero la realidad es que observar los patrones tóxicos que se trae y hacer los cambios necesarios no siempre es una labor que se pueda hacer solo. Sea como sea, hay un período de destrucción antes de uno de creación y comprender eso cuesta mucho.



Si tenemos una casa en un estado deplorable, tendremos que ver qué vale la pena mantener y qué será necesario demoler para poder acceder a lo que proyectamos. El ego no quiere dejar sus heridas, sus traumas, sus malos hábitos, sus orgullos tontos, sus victimizaciones. Como creemos que eso somos, como nos identificamos con todo ello, resulta que terminamos defendiendo lo indefendible y haciéndonos más daño que si aceptamos que ese ego es un instrumento que se ha vuelto peligroso y fuera de control.


Cuando le digo a alguien que debe dejar de decidir desde su mente (y le justifico la razón) y le cuento cuál es su Autoridad Interna y cómo usarla, generalmente me mira perplejo e incrédulo. ¿Cómo va a frenar el poder dictatorial de su mente y escuchar su cuerpo, esa “cosa” que está debajo de la cabeza y que molesta con sus síntomas y enfermedades, ese relegado y repudiado cuerpo que tan poco vale en esta sociedad?



Sin embargo, ese es el camino: reeducar la mente y el ego, poniendo al cuerpo como orientador y al Ser como guía. Muchas cosas tendrán que irse para poder realizar esto: rencores, culpas, martirizaciones, sacrificios, desvalorizaciones, miedos, castigos, venganzas, vanidades, orgullos, vergüenzas… ¿No es un buen trato para una mejor vida, una llevada desde el corazón?



Quizás, la vulnerabilidad que resulta es lo que más tememos. Como humanidad, no confiamos en el amor. En la práctica, lo creemos débil y apocado, ingenuo y pusilánime; por eso, acudimos al odio, a la violencia, a la agresión, a la guerra, para conseguir lo que queremos. Es tiempo de entender que el amor es poderoso y atrevido, corajudo y compasivo, íntegro e integrador, inocente y sabio. Hasta que no comprendamos y practiquemos el amor en nuestras vidas cotidianas, el cambio que estamos esperando no sucederá porque nosotros somos el cambio. Te acompaño.
 laurafoletto@abrazarlavida.com.ar 

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