domingo, 20 de enero de 2019

TRABAJO DE ACEPTACIÓN DE UNA ENFERMEDAD CRÓNICA.


Este proceso de afrontamiento es similar al del duelo cuando perdemos a un ser querido, porque la enfermedad crónica provoca la pérdida de nuestra tan codiciada salud. La Dra. Elisabeth Kubler-Ross ha identificado las cinco etapas de ajuste a medida que aprendemos a aceptar una enfermedad crónica:



La Primera etapa es la Negación:
Las personas no estamos preparados para enfrentarnos a la pérdida de la salud, de manera que negamos la enfermedad, esa será nuestra primera reacción de defensa ante la noticia de que padecemos tal enfermedad crónica. La negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; y es una forma de defendernos mentalmente ante esa mala noticia.
Esa negación nos originará pensamientos como que el médico recibió un informe erróneo del laboratorio, podemos negar la gravedad de la enfermedad porque no vamos a permitir que eso nos inquiete. Esta negación puede tomar, peligrosamente, una forma de desafío. Afirmaciones como, “¡Voy a comer, a hacer ejercicio y a tomar o no mis medicamentos como me plazca!“
Aparecen nuestros miedos y temores porque tienes un diagnóstico, pero muy poca información sobre la enfermedad. Tu circulo familiar y de amigos probablemente saben muy poco o nada sobre la enfermedad y de cómo nos afecta.
En esta fase, a menudo te sientes muy solo. La mejor cosa que puedes hacer para ayudarte a pasar esta etapa, es aprender todo lo que podamos sobre la enfermedad y de cómo mejorar nuestra calidad de vida, estúdiala cuidadosamente. Deberemos de tener especial cuidado con la información que nos ofrece Internet, debemos de acudir a páginas que estén avaladas o certificadas por su calidad y siempre la confirmaremos con los profesionales sanitarios o con otros pacientes que han superado la enfermedad.

La Segunda etapa es la ira o el enfado:
En esta etapa reconocemos que la negación no puede continuar, porque la enfermedad es totalmente evidente. Aparecen sentimientos como la ira y todos los sentimientos asociados a la misma y esto provoca que no nos dejemos cuidar o si se dejamos que resulte más complicado. Y por nuestra mente aparecerán múltiples preguntas como: “¿Por qué a mi?”, “¡No es justo!”, “¿Cómo me puede estar pasando esto a mi?”. Y diferentes muestras enfadado con Dios por permitir que esto nos suceda. Nos enfadaremos con los médicos y/o con el resto de profesionales sanitarios por no realizar el diagnostico más precoz y por no ayudarnos más de lo que lo están haciendo. También nos enfadaremos con nuestra familia, amigos y compañeros de trabajo por no comprender y entender por todo lo que estamos pasando.
Tenemos que saber que concentrándonos en nuestro enfado solamente aumentará nuestro estrés (y así nuestro dolor) y facilitará de que nos aislemos y nos alejemos aún más de las personas a las que más necesitamos a nuestro lado. La manera más productiva de manejar el enfado, es canalizarlo y concentrar nuestra mente en buscar el plan de tratamiento más adecuado para ti para mejorar nuestra salud y calidad de vida.

La Tercera etapa es la Negociación:
En esta etapa alcanzaremos el un último intento de llegar a un compromiso con la propia realidad de la enfermedad crónica. Y empezaremos a pensar: “Si como demasiado sólo los fines de semana, no será tan malo.”, “Si practico más la caridad, no sufriré otro ataque cardiaco.” …
Intentaremos llegar a acuerdos con nosotros mismos y con los demás para mejorar nuestra salud y calidad de vida.
Lo más importante en esta fase es comprender que la enfermedad crónica no es un castigo por algo que hiciste mal. Es una de las muchas enfermedades que simplemente forman parte de la vida.

La cuarta etapa es la Depresión
El problema de salud que causa la enfermedad realmente nos impacta a diferentes niveles como el físico, el psíquico y el social.
Aparecen sentimientos de no servimos para nada porque no podemos hacer muchas de las cosas que hacíamos anteriormente. Tendremos mucho miedo a las vivencias e incapacidad que pueda generar la enfermedad crónica y de todo lo que nos va a traer la enfermedad a nuestras vidas.
En esta fase lloraremos, sentiremos pena por nosotros mismos y generalmente renunciaremos a hacer muchas cosas porque no encontramos alegría en nada. La pena nos puede conducir a la depresión y a la desesperación. Nos damos cuenta de que nuestra forma de vida ha cambiado o está cambiando de una manera drástica. Quizás ya no somos capaces de hacer todas las cosas con la que siempre hemos disfrutado. Nuestro futuro que antes nos parecía tan esperanzador ahora parece una gran espacio blanco con un gigantesco punto de interrogación en el medio. Es perfectamente normal sentirnos deprimido por estos cambios y nos preguntaremos cómo seremos capaces de vivir el resto de tu vida con esa enfermedad.
La primer cosa que tenemos que recordar es que tendremos algunos buenos días y algunos malos días. Cuanto más aprendamos sobre como manejar nuestra enfermedad, que actividades desencadenan una crisis y que tipo de tratamiento nos ayuda más, podremos aumentar el número de días en el que nos encontraremos mejor.
Nuestra vida quizás no es tan buena como la que habíamos esperado, pero sí puede ser mejor a la que nos encontramos tras la enfermedad. Cuando todo está dicho y hecho, efectivamente puede que sea mejor de la que habías imaginado.

La Quinta etapa es la Aceptación 
Habiendo pasado por las cuatro etapas anteriores, ahora la enfermedad se acepta como parte más de nuestra vida, una realidad con la que debemos de vivir porque no existe otra vía de escape. Con los primeros rayos de luz irán apareciendo los colores del arco iris emocional y el descubrimiento de capacidades que se encontraban latentes.
Debemos de reconocer que nuestra mejor oportunidad de felicidad futura radica en la comprensión de nuestra enfermedad y de nuestro compromiso de vivir con la enfermedad sin poner más limitaciones de las que nos origina.
La aceptación no es resignación. Es comprender que nuestra vida será distinta a la que teníamos, pero que esa diferencia puede ser mejor, que podemos aceptar el dolor sin que sea nuestro dolor y comprender que nuestra vida todavía puede tener un fin positivo y productivo a pesar de que nuestra energía y capacidades físicas están limitadas. La vida es un regalo y todos lo seres vivos estamos invitados a ser protagonistas del proceso que se da entre el nacer y el morir.
Debemos de gastar nuestro tiempo y energía limitada en lo que lo más importante para nosotros. Así veremos que nuestra vida nos dará más satisfacciones y estará más llena de propósitos que lo que jamás nos habíamos imaginado.
No hay límites de tiempo estipulados para superar todas las etapas de afrontar la enfermedad desde que llegó a nuestras vidas. Este tiempo es diferente en cada persona, en ese recorrido las emociones que nos provoca la enfermedad estarán a flor de piel en cada una de las fases del proceso de afrontar la enfermedad. Tenemos que saber que aunque el tratamiento nos vaya bien, es normal estar triste o preocupado de vez en cuando, cuando los síntomas se incrementan o se nos presente una crisis. Pero si reconocemos esas emociones y las aceptamos como tal cuando se manifiestan, sin duda estamos encaminados al objetivo personal de afrontar la enfermedad, que es el primer paso para lograr recuperar gran parte de la calidad de vida perdida.
En los momentos que nos sentimos que no podemos sobrellevar etapas de tristezas o frustraciones, tenemos que pensar en todas las personas que padecen nuestra enfermedad, con las cuales estamos en contacto y pedirles ayuda para superarlos, que sin duda llegarán las repuestas que estamos esperando y el aliento para salir adelante. Tender nuestra mano a quienes necesitan ayuda nos hace descubrir que aliviamos la sensación de pérdida que sentimos, y nos ayuda con nuestros propios problemas, encontrándolos más fáciles de afrontar. Esta idea de capacidad de superación, de encajar de forma adecuada un diagnóstico o una falta de posibilidad de curación, es algo que nos humaniza y nos hace más humanos.


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