lunes, 26 de marzo de 2018

Los riesgos de silenciar las emociones



Freud nos alertaba de los peligros de silenciar los sentimientos diciendo:


“Las emociones reprimidas nunca mueren. Están enterradas vivas y saldrán a la luz de la peor manera”.


En ciertos casos, reprimir nuestros sentimientos y pensamientos, por miedo a ofender a los demás o mostrarse vulnerables, puede terminar causándonos daño a nosotros mismos. Las emociones que se acumulan nos hieren en silencio, se convierten en fantasmas que dañan nuestro cuerpo y mente.


Si no expresas tu malestar, es probable que la persona que te está haciendo daño no sea plenamente consciente de las consecuencias que sus palabras o actitudes tienen sobre ti. Muchas veces esperamos que sean los demás quienes se den cuenta de que están traspasando los límites, que adivinen nuestros sentimientos y pensamientos.


Quienes nos rodean no son adivinos y, si bien es cierto que pueden intuir algunas cosas, a veces pueden estar demasiado ensimismados en sí mismos como para darse cuenta del impacto negativo que tienen sus palabras o comportamientos. Por tanto, nos corresponde a nosotros hacer notar que nos están causando daño. Debemos encontrar un equilibrio entre esos momentos en que es más sabio callar y aquellos en los que es necesario hablar para defender nuestras necesidades y proteger nuestro equilibrio emocional.


Las emociones reprimidas se transforman en problemas psicosomáticos


Mente y cuerpo forman una unidad, por lo que no es extraño que las emociones y sentimientos reprimidos terminen expresándose a través de problemas psicosomáticos. Un estudio muy interesante realizado en la Universidad de Aalto reveló cómo impactan las diferentes emociones en nuestro cuerpo, generando reacciones diversas. La ira contenida, por ejemplo, se ha asociado con el doble de riesgo de sufrir un infarto, lo cual no es extraño ya que si nos fijamos en la figura que aparece a continuación, se puede apreciar que las manifestaciones de la ira se concentran en la parte superior del cuerpo.
También se conoce que el estrés dispara la producción de cortisol, una hormona que genera procesos inflamatorios muy dañinos para las células de nuestro organismo y que se encuentran en la base de enfermedades tan graves como el cáncer.

De hecho, un estudio clásico realizado en la Universidad de Stanford desveló que las personas con tendencia a reprimir sus emociones, catalogadas como "personalidades represoras", reaccionan con una activación fisiológica mayor ante las situaciones desafiantes que las personas que padecen ansiedad.

En sentido general, las personas con tendencia a silenciar sus sentimientos tienen un mayor riesgo de que estos salgan a la luz bajo la forma de síntomas psicosomáticos, que van desde las tensiones musculares y el dolor de cabeza hasta problemas gastrointestinales, dermatológicos o enfermedades aún más graves y complejas. La calma del represor tiende a pasarle una gran factura a la salud.


Desahogo emocional: Expresar tus sentimientos es clave para tu bienestar

Durante demasiado tiempo se consideró que era de mal gusto ventilar las emociones. De hecho, de niños nos enseñaron que no debíamos llorar ni enfadarnos. Como resultado, muchos adultos jamás han aprendido a gestionar asertivamente sus estados emocionales, simplemente los reprimen.

Neurocientíficos de la Universidad de Wisconsin han apreciado que el cerebro de quienes han desarrollado una "personalidad represora" funciona de manera relativamente diferente. En práctica, los mensajes inquietantes o perturbadores tardan mucho más en pasar de un hemisferio al otro. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los mensajes neutros o positivos, lo cual indica que se trata de una reacción aprendida a lo largo del tiempo.

No obstante, el desahogo emocional es clave para nuestro bienestar psicológico y físico. Hablar sobre cómo nos sentimos o cómo los demás nos hacen sentir, sin miedos, nos permitirá desarrollar relaciones interpersonales más maduras y auténticas, a la vez que nos ayudará a establecer límites saludables.


¿Cómo lograrlo?

1. Sé consciente de tus emociones y su causa. Si una persona siempre ha reprimido sus emociones, es probable que le cueste profundizar en las mismas. Aun así, es fundamental que aprendas a identificar lo que sientes, que diferencies la rabia del rencor, por ejemplo, y seas capaz de detectar qué te hace sentir así. Se trata de un profundo ejercicio de autoconocimiento para el cual necesitas ampliar tu vocabulario emocional a través de esta lista de emociones y sentimientos.

2. Asume que todo tiene un límite. Los límites no son negativos, todo lo contrario, ya que permiten que las otras personas sepan hasta dónde pueden llegar. Si no pones límites en tus relaciones interpersonales es probable que los demás terminen aprovechándose de tu bondad o de tu capacidad para soportar todo sin decir nada, tensando cada vez más la cuerda. Es importante que esos límites te garanticen la satisfacción de tus necesidades.

3. Decir lo que piensas no tiene por qué dañar a los demás. Defender tus derechos no implica dañar a los demás. No tienes que convertirte en un kamikaze de la verdad, pero aguantar estoicamente las críticas malsanas y los embates de las personas tóxicas solo te hará daño. Lo ideal es que aprendas a decir lo que piensas y sientes en el respeto al otro, pero asumiendo una postura firme.

4. Busca una manera asertiva de desahogarte. No siempre puedes decirle directamente a los demás lo que sientes. Sin embargo, eso no significa que debas silenciar esas emociones. Puedes darle salida a través de técnicas como la silla vacía, en la cual imaginas que la persona con la que quieres hablar se encuentra justo delante de ti.


Sin embargo, debes tener cuidado porque psicólogos de la Universidad Estatal de Iowa han comprobado que algunas maneras de ventilar las emociones pueden tener el efecto opuesto, haciendo que te sientas peor. La clave radica en encontrar la manera de practicar el desahogo emocional de manera que te permita recuperar el equilibrio perdido, escapando del control que ejercían esas emociones desde tu inconsciente.


Jennifer Delgado Suárez
Rinconpsicologia.com
http://nodejardeleer.blogspot.com.ar


¿ESTÁS HARTO Y NECESITADO DE MÁS ARMONÍA Y PLENITUD? Por Laura Foletto


Caminando por la calle, escucho el siguiente diálogo entre dos hombres mayores:


- ¡Hola, Juan! ¿Cómo estás?

- ¡Bien! Tengo miedo de que me vaya mejor.


Esta fina ironía me hizo pensar en la dualidad que muchos tenemos: queremos estar mejor pero, a la vez, tenemos temor de lo que ese progreso puede acarrear. En estos tiempos y con Aries en curso, el comenzar algo nuevo o el renovar algo viejo nos está movilizando mucho. Pero… la mente no para y nos llena de dudas y miedos, a la par que imagina problemas de toda clase (y ya sabemos cuán fantasiosa puede ser).


Entre paréntesis, hacerle caso a la mente es la peor estrategia. Ella no está para decidir sino para ser un testigo objetivo, para reflexionar, para comparar, pero no deberíamos dejarla que tome determinaciones fundamentales. Para eso, están los Centros Definidos que serían nuestra Autoridad Interna y que tienen conexión real con el cuerpo, el entorno, la energía, el propósito superior.


Lo que estoy observando desde hace un tiempo es una necesidad de muchos de tener una vida más armónica, pacífica, que nos vincule con nuestras cualidades y con las de los demás, en vez de este paradigma obsoleto de luchas, exigencias, sufrimientos, esfuerzos, modelos consumistas, aislamiento social, etc.

Estamos en tierra de nadie, en un intervalo, en medio de lo que veníamos siendo y haciendo (que ya no nos representa ni nos sirve) y de lo que estamos deseando, vislumbrando, manifestando tibiamente, anhelando fuertemente. Esto se muestra tanto en lo interior como en lo exterior (todo es lo mismo, al final). Necesitamos sentirnos menos estresados y demandados y más serenos y plenos; menos conectados al bullicio exterior y más al silencio interior; menos corriendo y más siendo; menos urbanos y más naturales; menos relacionados con gente ruidosa, quejosa, pesimista, temerosa y más con personas profundas, alegres, valiosas, nutricias, que tengan sus desafíos pero que los solucionen con conciencia, confianza y fe; menos egoicos y más álmicos.


Muchos sentimos que estamos hartos de dificultades inútiles; de pequeños inconvenientes habituales surgidos del sistema; de la grandilocuencia de metas externas que no satisfacen necesidades esenciales; del éxito basado en el hacer continuo, en el movimiento perpetuo que no respeta descansos naturales; de las demoras propias y ajenas; de muchas pequeñas y grandes cosas que relacionamos con un paradigma y un orden que ya no tiene sentido ni espíritu (solo manipulación y utilitarismo).


¿Te has sentido así? Somos unos cuantos. A veces, nos enojamos (mucho); otras nos sentimos maravillosamente, otras vacíos; otras exaltados y otras deprimidos; fluctuamos de acuerdo a si nos vinculamos con lo viejo o con lo porvenir.

Todo está bien. Es parte del proceso. Lo estamos gestando entre todos, cada uno a su manera. Lo importante es que tomes tu tiempo para interiorizarte; para imaginar claramente cómo te gustaría vivir; para ir haciendo pequeños cambios cotidianos que lo manifiesten; para creer que hay otras personas que también están en el fluir y conectarse; para enfrentar y superar el miedo y liberar el potencial que traemos; para confiar y sostenernos unos a otros. Aquí estoy.


Un tipo especial de depresión: la distimia


Depresión, un mal en aumento

La depresión, el más común de los desórdenes mentales, afectará al 10 % de la población general en algún momento de su vida.

Se calcula que 340 millones de personas en el mundo son víctimas de esta enfermedad.

La prevalencia es del 15 % y en las mujeres se eleva al 25 %. Y, según un reciente informe de la OMS, este trastorno que, actualmente ocupa el 5º lugar entre las diez primeras causas de discapacidad y muerte, para el año 2020, habrá saltado al 2º lugar, después de la isquemia coronaria. Por eso es considerada una epidemia silenciosa.

Se detecta en el 50 % de los casos; reciben el tratamiento correcto 1/3 de los que consultan y a pesar del buen pronóstico, la mayor parte de quienes la padecen, no consultan en los primeros años, a causa del estigma social que aún pesa sobre las enfermedades mentales, como si este “descontento consigo mismo” (S. Freud) fuera pecado de acidia, como se consideraba en la Edad Media a “los bajones del alma”.

Afecta preponderantemente a las personas que carecen de vínculos interpersonales de importancia.
El problema de la pluricausalidad

Una interacción de factores: una cierta predisposición genética, una vulnerabilidad biológica y una historia personal y de sucesos vitales que se combinarán de modo muy particular, constituirá la pluricausalidad de los trastornos de los estados de ánimo.

a. El peso de los factores genéticos se infiere a través del estudio de la incidencia de estos trastornos que, en familiares de 1er. grado es de 2 a 3 veces mayor.

b. Los factores biológicos como la serotonina, un neurotrasmisor relacionado con la patofisiología de los trastornos depresivos y alteraciones en algunas respuestas neuroendócrinas, constituirían el substrato orgánico necesario, pero no suficiente, para justificar la aparición de la depresión.

c. Los factores psicosociales influyen no sólo como desencadenantes en la vida adulta (pérdida del empleo, muerte de seres queridos, divorcio, alejamiento de los hijos del hogar, etc.) sino como factores constitucionales desde la más temprana infancia (las pérdidas). Las situaciones dolorosas en las primeras etapas de la vida, dejan marcas que permanecerán latentes para hacer su eclosión ante un desequilibrio ulterior.

La depresión y las enfermedades clínicas:

La depresión, en tanto “emoción negativa” (como la ira, la desesperanza, etc.) es un factor de riesgo de muchas enfermedades somáticas.

Los estados emocionales, no sólo cumplen el rol de factor precipitante o causante de enfermedades, sino que son responsables del desarrollo, agravamiento y cronificación de las mismas.


Y cuando las enfermedades se cronifican, los estados emocionales afectan aún más la salud, por inducción de hábitos de conducta poco saludables como: la ingesta de alcohol, el consumo de tabaco, la dieta poco variada, el sedentarismo, etc.

Por lo tanto, al prevenir la depresión, se previenen o mejoran, de manera indirecta, otra serie de perturbaciones como:

a. El accidente cerebro-vascular (ACV).
b. La enfermedad de Parkinson.
c. El infarto de miocardio.
d. La migraña.
e. Los trastornos digestivos.
f. El colon irritable.
g. Las enfermedades inmunológicas.
h. Etc.
Cuerpo-mente, una dicotomía permitida

¿Cómo puede ser que la depresión, “un trastorno del estado de ánimo”
(según el DSM V) o sea una enfermedad de las llamadas “mentales” influya en las enfermedades “orgánicas”?

La Medicina psicosomática, la Psicofisiología, la Psicología de la salud y la moderna Psiconeuroendocrinoinmunología se han encargado de dar cuenta de los complejos mecanismos que se activan cuando, por ejemplo, una persona entra en un malestar profundo producto de una crisis personal.

Y esto sucede porque la famosa dicotomía cuerpo-mente es una ficción creada por la ciencia para intentar facilitar la compresión de un ser humano viviente que no es ni psique ni soma, sino un psicosoma.

Depresión y tristeza

La mayoría de las personas emplean el término depresión como sinónimo de tristeza. Desde el punto de vista psicológico, se la considera tanto como síntoma, como síndrome o como enfermedad.

La tristeza es un estado de ánimo que sucede normalmente a una situación de duelo por la perdida de un ser querido, por la frustración de un proyecto o simplemente por una desilusión. Generalmente, transcurrido un lapso de tiempo determinado, el doliente supera el mal trance y continúa su vida con total normalidad.

Frente a la misma situación algunas personas en cambio, reaccionan con una depresión persistente que incluso, puede llevarlos al deseo de autoeliminación. Estas personas reaccionan con una enfermedad depresiva que además del humor triste, tendrán desde una inhibición hasta una agitación psicomotriz, sentimientos de autorreproche, y a veces podrán acompañarse de síntomas somáticos como las cefaleas, los problemas digestivos, etc.

Obviamente, estos últimos, requerirán tratamiento.
Clasificación de la depresión

Existen dos grandes grupos de depresiones: las depresiones primarias y las depresiones secundarias. En las primarias, es difícil encontrar un desencadenante previo que justifique la aparición del trastorno; mientas que en las depresiones secundarias o reactivas el desencadenante es evidente: acontecimientos traumáticos, ciertas enfermedades, abuso de sustancias, etc.

En ambos tipos de cuadros y según la severidad de los síntomas la depresión puede ser de grado:


a. Leve: presenta pocos síntomas que generan una discapacidad menor.
b. Moderada: mayor cantidad de síntomas y de incapacidad funcional.
c. Grave: se expresa a través de varios síntomas discapacitantes.

Otro tipo de clasificación de los trastornos del estado de ánimo lo aporta el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) que propone para los trastornos cuya característica principal una alteración del humor, una división en 4 grandes grupos: los trastornos depresivos, los trastornos bipolares, los debidos a enfermedad médica y los trastornos del estado de ánimo inducidos por sustancias.

Entre los trastornos depresivos cabe detenerse en el trastorno distímico, porque comienza tempranamente, se hace crónico, suele pasar desapercibido, pero sus consecuencias pueden llegar a ser devastadoras sobre la vida de la persona.

La particularidad del trastorno distímico

Este concepto, fue introducido por la Asociación Norteamericana de Psiquiatría en 1980, para dar cuenta de una sintomatología afectiva de bajo grado que se presenta con mucha frecuencia en la población y no obstante gran parte de quienes lo padecen no son tratados.

El grado de los síntomas es moderado, cosa que no implica que se trate de un trastorno leve.

La distimia se caracteriza por un estado de ánimo crónicamente depresivo (tristeza y desánimo) la mayor parte del día, durante un lapso mínimo de 2 años, en el cual se presentan 2 ó más de los siguientes síntomas:

a. Poco apetito o voracidad.
b. Insomnio o hipersomnia.
c. Poca energía o fatiga.
d. Baja autoestima.
e. Dificultades para concentrarse o para tomar decisiones.
f. Sentimientos de desesperanza.

Debido a que el 70-80 % de los casos comienzan en la infancia o adolescencia y de manera insidiosa, el enfermo siente que “siempre fue así”, que esa es su “forma de ser”, cosa que el entorno familiar confirma y entonces no consulta. Y por ende no se trata.

Otras características descriptivas y trastornos mentales asociados:

1. Sentimientos de incompetencia.
2. Pérdida generalizada del interés o del placer, anhedonia.
3. Aislamiento social.
4. Sentimientos de culpa o tristeza referidos al pasado.
5. Sentimientos de irritabilidad o ira excesiva.
6. Descenso de la actividad, la eficiencia o productividad.

Con menor frecuencia, pueden aparecer síntomas vegetativos:

a. Trastorno del sueño
b. Trastorno del apetito
c. Síntomas psicomotores (lentitud).


Si bien puede estar asociado a otros trastornos (depresión breve recurrente y episodio depresivo mayor) la distimia pura se presenta en el 12 % de los casos.

Hay días o semanas en que el paciente puede estar bien, como excepción hasta 2 meses, pero casi siempre se está cansado, deprimido, meditabundo, plañidero, duerme mal y se siente incapaz para emprender nuevas actividades.

A pesar de todo, puede hacer frente a las cosas básicas de la vida cotidiana pero, no encuentra placer en lo que hace.

Dado que puede complicarse con un episodio depresivo mayor, tiene riesgo de suicidio, sobre todo porque al no tratarse, el paciente incurre en reiterados fracasos que van cercenando su autoestima, paulatinamente.

Prevalencia por sexo y edad

En los adultos, las mujeres son de 2 a 3 veces más propensas que los varones. En cambio en los niños, el trastorno se presenta por igual en ambos sexos, pero además de la tristeza, pesimismo y baja autoestima presentan irritabilidad, inestabilidad y escaso desarrollo de las habilidades sociales. Ésto traerá aparejado un deterioro del rendimiento escolar.

¿A qué síntomas prestar atención?

Cuando una persona pierde el interés por las cosas que venía haciendo, se siente cansado, no tiene ganas de participar, de compartir y de disfrutar de la vida, a la vez que cambia de peso y manifiesta problemas de insomnio o un despertar desagradable, o tiene dolores difusos, pensamientos negativos, está frecuentemente embotado y lento, y evidencia un deterioro de su vida laboral y/o académica, aunque no sé cuenta, es posible que padezca un trastorno distímico.

Lo importante es no resignarse a llevar una vida sombría, evitar la cronificación y hacer un diagnóstico precoz. Si se trata de niños o adolescentes, la responsabilidad de la consulta recaerá en los padres o docentes advertidos sobre la forma de presentación y en los adultos será el entorno familiar el que sugiera la consulta temprana.
Pronóstico de la distimia

Cuando hay un trastorno distímico hay un riesgo de complicarse con un trastorno depresivo mayor (que tiene riesgo de suicidio) de un 10 %, de no mediar un tratamiento adecuado; situación que se revierte totalmente con éste último.

8 Sugerencias para prevenir el trastorno distímico:
a. Procure compartir los problemas con sus seres queridos.
b. Evite el aislamiento social.
c. Trate de solucionar el problema de insomnio.
d. Aumente la actividad física.
e. Si tiene dudas sobre su estado de salud, consulte con el médico de cabecera.
f. Intente darse tiempo para realizar las actividades que le resulten placenteras.
g. Si le resulta muy difícil hacer solo todos estos cambios consulte con un psicólogo; no es cierto que necesitar ayuda de un profesional, es signo de debilidad.


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El Síndrome del Nido Vacío, qué es y cómo afrontarlo.



El síndrome de nido vacío es un sentimiento de soledad o tristeza que experimentan los padres cuando los niños crecen y se van de casa.


En qué consiste el síndrome del nido vacío

Que los hijos abandonen el hogar familiar puede ser una experiencia muy estresante y pueden sacar a flote distintas emociones en los padres. Los sentimientos de pena, tristeza o incluso dolor que se producen son perfectamente normales.

Ambos padres pueden experimentar emociones significativas asociadas con el síndrome del nido vacío, sin embargo, las madres tienden a notarlo con más intensidad debido a que suelen asumir el rol de cuidador principal.

La marcha de los hijos puede ocurrir cuando éstos se van a estudiar lejos de casa, cuando consiguen la suficiente estabilidad económica como para independizarse o cuando empiezan a vivir en pareja, ya sea en matrimonio o no. Como ya hemos dicho, las mujeres son más propensas que los hombres a verse afectadas por este síndrome, pero hemos de tener en cuenta otros factores, como que a menudo, cuando los hijos abandonan el hogar, las madres están pasando por otras situaciones importantes en sus vidas, como la menopausia o el cuidado de sus padres ancianos. 

Evidentemente, los hombres también pueden experimentar sentimientos similares de pérdida con respecto a la partida de sus hijos.


El síndrome de nido vacío no es un diagnóstico clínico, sino que describe un período de transición en el que muchas personas experimentan sentimientos de soledad o pérdida. Mientras que muchos padres animan a sus hijos a convertirse en adultos independientes, cuando al fin se van, la experiencia de enviar “sus niños” al mundo puede ser más dolorosa de lo esperado.

Síntomas del síndrome del nido vacío


Los sentimientos de tristeza y pérdida son normales cuando un hijo deja el hogar. Los padres pierden repentinamente la compañía y el contacto diario que tuvieron con esta persona desde el mismo día de su nacimiento, por lo que es lógico experimentar una intensa sensación de soledad en su ausencia.

Todos los padres son susceptibles al síndrome del nido vacío, aunque algunos factores pueden favorecer su aparición. Estos factores son:

Los problemas conyugales previos.

Si han creado un sentido de ellos mismos basado principalmente en la identidad como madre o padre.
Una dificultad para aceptar el cambio en general.
Si tuvieron experiencias difíciles cuando ellos mismos salieron de casa.
Si sienten confusión sobre su papel en la vida sin sus hijos

Los padres a tiempo completo (madres o padres que se quedan en casa) pueden ser especialmente vulnerables al síndrome del nido vacío.

Los síntomas del síndrome del nido vacío pueden incluir depresión, sensación de pérdida de propósito en la vida, sentimientos de rechazo, preocupación, estrés y ansiedad por el bienestar del hijo. Los padres que experimentan este fenómeno, a menudo se preguntan si han preparado adecuadamente a su hijo para que viva independientemente.


Aunque las madres tienen más probabilidades que los padres de experimentar el síndrome del nido vacío, cada vez hay más padres que expresan sentimientos de no estar preparados para la transición emocional que se produce cuando su hijo deja el hogar. También experimentan sentimientos de culpa por la pérdida de oportunidades de involucrarse más en la vida de sus hijos antes de irse de casa.

Los padres de nidos vacíos a menudo enfrentan nuevos desafíos, como establecer un nuevo tipo de relación con sus hijos, tener que encontrar otras formas de ocupar su tiempo libre, volver a conectarse entre ellos y la falta de empatía de las personas que creen que los padres deben estar más felices cuando sus hijos se van de casa

Causas del síndrome del nido vacío


Parece ser que la calidad de la relación entre padres e hijos puede tener consecuencias importantes para ambos cuando el joven abandona el hogar. Los padres que mantienen una relación estable y saludable con sus hijos, manifiestan menos problemas para superar la transición hacia un nido vacío. Los ambientes hostiles, el conflicto o el apego disfuncional en las relaciones entre padres e hijos, se traducen en escaso apoyo intergeneracional cuando más lo necesitan los jóvenes y durante la adultez temprana, y los padres que enfrentan los desafíos de la vejez con mayor desapego y soledad.

Inicialmente se pensaba que las mujeres eran también más vulnerables a la depresión cuando sus hijos dejaban el hogar, ya que experimentan más a menudo una profunda sensación de pérdida de propósito y de identidad. Sin embargo, los estudios muestran que no hay aumento en la enfermedad depresiva entre las mujeres en esta etapa de la vida.

Qué hacer para mejorar el estado de ánimo

Una de las maneras más fáciles para que los padres hagan frente al síndrome del nido vacío es mantenerse en contacto con sus hijos. Los avances tecnológicos, como los teléfonos móviles, los mensajes de texto o Internet, permiten una mayor comunicación hoy en día entre los padres y sus hijos.

También pueden aliviar el estrés aprovechando el tiempo libre que ahora tienen llevando a cabo hobbies y aficiones que tenían aparcados, saliendo más con amigos o familiares, haciendo deporte, etc. El apoyo social puede ser increíblemente útil en momentos de estrés y soledad, y el autocuidado debe ser una prioridad durante las transiciones difíciles.

Este será el momento ideal para hacer un cambio rol en la vida, así como para redefinir nuestra identidad como padres. La relación con nuestros hijos a partir de ahora puede ser más similar a la de un compañero, y aunque es posible que tengamos que darle todavía más privacidad, también ganaremos esta privacidad para nosotros mismos.

Muchos sugieren prepararse para un nido vacío mientras los hijos todavía viven en el hogar. Tarta de realizar nuevas amistades, busca pasatiempos que te entretengan, involúcrate en alguna afición, sal más… Y aprovecha para hacer planes con la familia mientras todos estén bajo el mismo techo, prepara unas bonitas vacaciones familiares, ten largas charlas y tómate un tiempo libre del trabajo para crear recuerdos especiales… Además, también puedes hacer planes específicos con el dinero, el tiempo y el espacio extra que estarán disponibles cuando tus hijos ya no dependan de ti y no vivan en casa. Así que ¡ánimo!, que todos los cambios tienen su lado positivo.

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sábado, 24 de marzo de 2018

EL DESAPEGO LLEVA A RELACIONES SANAS..



Para tener una relación sana debemos aprender el desapego, pues no es recomendable estar con alguien por miedo a estar solo o para que nos haga feliz. Al escoger estar con una pareja debemos sentirnos felices y seguros solos o acompañados, así no cargamos la relación con expectativas que no permitirán su crecimiento.


El desapego o ‘soltar’ es una lección esencial de aprender, pero es un concepto difícil de asimilar y entender, por eso comparto algunos puntos que aclaran lo que es y lo que no es:


* Soltar no es mostrarnos indiferentes y actuar como que la otra persona no nos importa, sino hablar con honestidad y una vez expuesto lo que sentimos dejar que la otra persona escoja lo que siente en el momento.


* Soltar no es cortar los vínculos para alejar a alguien de mi vida, sino respetar a los demás como son y tomar conciencia de que no podemos controlar a nadie.


* Soltar no es ser pasivo, sino actuar sin expectativas y aprendiendo las lecciones que los acontecimientos presentan.


* Soltar no es sentirnos impotentes, sino saber que el resultado final está en otras manos y aceptar ese hecho.


* Soltar no es no planear nada, sino tomar el día y lo que nos sucede como se presenta y apreciarlo aunque sea diferente a lo que planeamos.


* Soltar no es abandonarnos y actuar como que nada me importa, sino aceptar que aunque tengamos debilidades y temas por sanar daremos lo mejor de nosotros mismos.


* Soltar no es no hacer nada por nadie, ni hacerlo todo, sino comprometerse con ellos, darles el coraje y el apoyo necesario para que alcancen su potencial, pero honrar lo que finalmente escojan hacer.


* Soltar no es desechar el pasado y lo que hemos aprendido de él, sino crecer en el presente para lograr un mejor futuro.


* Soltar es dejar que cada uno se haga cargo de su propio destino.


* Soltar es aceptar a los demás con sus luces y sus sombras.


* Soltar es aceptar lo que la vida nos trae.


* Soltar es liberar la resistencia a lo que no deseamos experimentar.


* Soltar es liberar las expectativas, tanto las positivas como las negativas.


* Soltar es amar sin imponer condiciones.


Cuando ya hayas logrado el desapego, la vida te regresará a aprender a estar con alguien. Porque, a veces, llegamos a sentirnos tan bien solos que entonces nos da miedo abrir el corazón al amor y volver a sentirnos vulnerables.


Aprender el verdadero desapego requiere asumir el riesgo de estar feliz con alguien y sin ese alguien.


Annete Ruiz

http://nodejardeleer.blogspot.com.ar/

21 CONSEJOS PARA SENTIRTE MEJOR


Si tienes que lidiar con el estrés diario y sientes que las preocupaciones te impiden disfrutar de tu vida lee estos 21 prácticos consejos que te ayudarán a sentirte mejor, consejos que combinan sabiduría moderna y milenaria.

Aquí los tienes:

1. Acepta la realidad. No te estreses, ni te desgastes queriendo que las cosas sean diferentes de lo que ya son. Ningún pensamiento puede cambiar lo que ya ha sucedido.


2. Enfócate en tus asuntos. Según Byron Katie, hay 3 tipos de asuntos. Los míos, los tuyos y los de Dios y nos dice “Ocuparme mentalmente de tus asuntos me impide estar presente en los míos. Me separo de mí mismo y me pregunto por qué razón mi vida no funciona.” Cuando sientas estrés o soledad, pregúntate ¿En los asuntos de quién estás? Y vuelve a los tuyos.


3. Reinterpreta lo que vives. “Si te afliges por alguna causa externa, no es ella lo que te importuna, sino el juicio que tú haces de ella. Y borrar este juicio, de ti depende.” Marco Aurelio. Por ello busca lo bueno en todo lo que vives. Si tienes que escoger entre una interpretación negativa o una positiva, ¿Por qué escoger la negativa?.

4. Suelta las expectativas. Haz lo mejor que puedes y suelta los resultados ya que no están bajo tu control. Cuando no tienes apego al resultado de las situaciones que vives o de las acciones que realizas entonces eres libre.

5. Vive el presente. “Soy yo, no los acontecimientos, los que tienen el poder de hacerme feliz o infeliz hoy. Puedo elegir cuál será. El ayer está muerto, el mañana no ha llegado aún. Tengo solo un día, hoy, y seré feliz en él” (Groucho Marx).

6. Si crees que tienes muchas cosas por hacer. Recuerda que en realidad solo puedes hacer una a la vez, así que concéntrate en la tarea que tienes delante y olvídate de la lista. Repetirte mentalmente todo lo que tienes que hacer no te ayudará a avanzar más y te hará sentir agobiado.

7. Disfruta de tu propia compañía. Porque es la única compañía con la que siempre contarás.

8. Deja de buscar la aprobación de los demás. Ya que eso te lleva a vivir en función a las expectativas ajenas, transformándote como un camaleón y aceptando cosas que no deseas, y esto no se siente bien.

9. Deja de querer controlar la vida y el futuro porque no están bajo tu control. Como bien decía John Lenon “La vida es lo que sucede mientras estamos demasiado ocupados haciendo planes”.

10. Confía en la vida y en que lo que sucede siempre es lo mejor para ti. “Todo ocurre para mí en lugar de ocurrirme a mí” Byron Katie.

11. Acepta tus emociones, piérdeles el miedo, siéntelas. Es simplemente energía que recorre tu cuerpo. Cuando sientas una emoción, obsérvala ¿Donde la sientes? ¿En el estómago, en la garganta, en el pecho? ¿Es fría, caliente? ¿Es como un nudo, como una contracción? Cuando le prestas atención y dejas de luchar en contra de ellas verás como esa sensación corporal se disipa y te sientes mejor.

12. Haz hoy algo amable por otra persona sin que nadie lo note. Pruébalo y verás que te hace sentir bien.

13. Deja de juzgar y criticar a otros. “Si juzgas a la gente, no tienes tiempo para amarla” Madre Teresa de Calcuta. Y amarla te hará sentir mejor…

14. Perdona, hazlo por ti… “Perdonar es liberar a un prisionero y descubrir que el prisionero eras tú” Lewis B. Smedes.

15. Acepta la muerte como parte de la vida. La muerte es uno de nuestros grandes temores y vivimos con miedo, queriendo controlarla y evitarla a toda costa y esta preocupación nos impide disfrutar la vida que tenemos ahora. “Recibid la muerte con alegría, como una de las cosas que quiere la naturaleza.” Marco Aurelio.

16. Se tú mismo. No te compares con los demás. Ni para sobreestimarte porque te separa de la gente ni para subestimarte porque te harás sentir mal. Ninguna persona tiene más valor que otra.

17. Date las cosas y atenciones que esperas que las otras personas te den a ti. Así, ¡te asegurarás de recibirlas!.

18. Deja de buscar seguridad en lo externo ya que es una fuente segura de estrés. Lo externo cambia constantemente y escapa de nuestro control. Busca tu paz dentro de ti ya que no puedes controlar lo que pasa a tu alrededor pero sí como te sientes al respecto. “La verdadera felicidad es siempre independiente de las condiciones externas.” Epícteto.

19. Suelta los resentimientos. Creemos que los demás se merecen nuestro malestar y enojo pero, ¿cómo te hace sentir a ti estar molesto o resentido? ¿a quién castigas realmente con esto? ¡A ti! Como dice Larry Crane “Es como tomarse un veneno y esperar que la otra persona muera”.

20. Ama sin condiciones, aunque no seas retribuido. Porque el único amor que puedes sentir es el que está dentro de ti no el que sienten los demás... Así que deja de enfocarte en ser querido y enfócate en simplemente querer.

21. Aprecia y agradece lo que tienes ahora en lugar de fijarte en lo que “crees” que te falta. “Un hombre sabio es aquel que no se lamenta por las cosas que no tiene, sino que se regocija por las que sí” Epícteto...


C.S.E.®

http://saikualternativo.blogspot.com.ar/


LOS ÓRGANOS Y SU RELACIÓN CON LAS EMOCIONES.


El Hígado:
Está a cargo de descomponer y de almacenar y reconstruir la materia. Si la vida de una persona se desmorona, y no puede llevar a cabo la tarea de reconstruir, entonces uno almacena sensaciones de hallarse sobrecargado, sobre-exigido, lo cual puede crear bronca, odio y resentimiento. Mucha gente de hecho están sobrecargadas por las circunstancias de sus vidas, pero el umbral difiere ampliamente y por supuesto muchas personas tienen distintas neurosis cuando se sienten sobrecargadas.


Los Pulmones:
Tienen dos funciones: inspiran la vida y expresan ideas a través del habla. Si tiene problemas con los pulmones, la expresión de uno está siendo sofocada, no se pueden expresar libremente, en algún área de su vida.
Cuando una palabra subyuga a un niño, el niño puede convertirse ya sea en una persona muy ruidosa y que siempre presiona a los demás para que justamente lo escuchen, lo cual es una sobre-estimulación de los pulmones, o nos rendimos, porque nos hallamos oprimidos y cerramos nuestra comunicación, y entonces tenemos los pulmones débiles.
Generalmente si ustedes tienen problemas con los pulmones, es porque tienen que hacerse oír, y aprender nuevas formas de comunicación. Y con respecto a sentirse oprimidos, recuerden que hay cierta gente que se siente oprimida en un segundo, uno se les acerca y ya se sienten oprimidos, eso es lo que quiero significar. Ellos están tan llenos sin poder desagotar, por eso toda la reducción del stress es una ayuda tan grande.
La meditación reduce al stress y si aprenden a hacerlo adecuadamente es muy útil, pero si lo hacen solamente un rato corto esto no consigue el efecto deseado.


El Estómago:
Es la asimilación de las experiencias de nuestros ideales, y si sienten que es demasiado lo que pasa, uno no puede asimilar las cosas adecuadamente, entonces el estómago se puede descomponer, y el resultado de una preocupación crea una rajadura entre la mente y las emociones.
Recuerden nuevamente que si sienten que es demasiado lo que pasa, y para mucha gente es cierto, los que tienen muchos temas simultáneos, todo está sucediendo demasiado y todo el tiempo, siendo ellos mismos los que están creando todo eso, ya que son patrones de conducta, entonces hay que mirar.


El Páncreas:
Tiene que ver con el azúcar y con la dulzura de la vida, pudiendo el mismo ser dañado por la amargura, en especial una mamá muy amargada, y hay mucha gente sufriendo este problema.


Los Riñones:
Involucran emociones y son el canal procesador de agua más importante, ya que es ahí donde se almacena los temores resultantes de traumas, los cuales dañan a la vitalidad de la persona, bloquea su motivación y su entusiasmo. Cuando el temor se almacena en los riñones, el individuo se hallará incapacitado de manejar situaciones emocionales futuras.


El Bazo:
Retiene los fracasos, los deseos de muerte, apatía, y si una persona enfrenta más dificultades de las que puede soportar, uno se puede dar por vencido, uno puede creer que realmente fracasó, y pierde su voluntad para vivir, y su deseo de vivir. Se presentan problemas de circulación y digestión, pereza, porque los sentimientos se mueren, y uno tiene a intelectualizar todo, y uno siente este tipo de apatía y tiernamente lo soportamos, y como que la alimentamos. Es un problema del bazo.


Las Gónadas:
Ellos almacenan lo inconsciente, cuando uno abandona su habilidad de manejarse uno mismo, por medio de drogas, alcohol, lastimaduras, accidentes, cuando uno pierde su propio empoderamiento, energías externas a nosotros pueden posesionarse de nosotros y poseernos.
Algunas personas que han abandonado su propio gobierno en algún área de su vida, ya que a la naturaleza no le gusta el vacío y hay también agujeros en el aura, así que generalmente tienen posesiones pegadas a ellas.


Corazón:
Tiene que ver con el amor, y el daño ocasionado al corazón siempre es por la pérdida, cuando uno resquebraja la confianza de una persona en uno, y eso nos conduce al temor, más pérdidas y también a la posesividad, a los celos, egoísmo, todo eso es el daño y el corazón está roto.


La Vesícula Biliar:
Es el precursor a tener problemas cardíacos, y resulta dañado por el temor a la pérdida, y todas las tensiones resultantes de una falta de confianza en la vida.
Es ansiedad con respecto al futuro y acá hay que mirar el tema de la concepción, si los padres no son positivos cuando ustedes fueron concebidos, si el alma pasó por un momento de trauma y no fueron bienvenidos a la nueva encarnación y hay una gran desilusión del alma acerca de la forma en la que los padres se ocuparán del niño, entones hay problemas en la vesícula biliar.


Los Pechos:
Representan el aspecto nutriente de lo femenino, como así también a la sexualidad y almacenan los sentimientos de la mujer con respecto a su sexualidad y de cómo los hombres la ven.
De forma que si hay un trauma sexual, represión, resentimientos respecto a las expectativas de su rol, entonces puede suceder un daño.


Las Piernas:
Nos llevan hacia delante, nos sostienen, los problemas se presentan cuando la persona no ha tenido el coraje de dar un paso nuevo. Muchas veces es porque aquellas personas no han tenido el apoyo que él o ella creyó necesitar, y entonces comienza a tener problemas con sus piernas.


Las Manos:
Corresponden al dar y recibir, y el problema se desarrolla cuando una persona no se siente igual a otras, y no pueden encontrar el balance justo entre el dar y el recibir. Eso tiene que ver con si usa su fuerza de voluntad o la cede.
Este desequilibrio se produce por un ego superdesarrollado o una falta de autoestima.


El Cuello:
Es la parte flexible de la columna dorsal, es el balance de su voluntad con flexibilidad. Un cuello duro es una actitud rígida, la tensión se siente en el cuello cuando la propia rigidez le hace mantener a uno conceptos rígidos y esos son desafiados.


El Pelo:
Es gobernado por el hígado de modo que la pérdida de cabello se produce por aferrarse rígidamente a la bronca o enojo. Cuando alguien impone su voluntad sobre otros para probar simplemente su punto de vista, uno sigue trayendo a la vista resentimientos pasados, o sea recordándolos. Y son cabezaduras. Pueden tener problemas con el pelo.


Las Caderas:
Son los puntos de equilibrio, son energía creativa asociada con la crianza de los niños.
Es nuestra habilidad de pararnos y valernos por nosotros mismos, y la flexibilidad en las caderas, está relacionada con su sentimiento de libertad personal, y acá miramos a los adolescentes, en los cuales se producen temas acerca de su primer sentimiento de separación de los padres, de las expectativas, de sus direcciones, tenemos una entidad sexual.
Si uno se rinde al control de los padres, como adolescentes, en vez de encontrar nuestra propia dirección, entonces las caderas no se desarrollan adecuadamente. De modo que el deterioro de las caderas realmente surge de una culpabilidad sexual, de modo que si sentimos culpa y resentimiento, porque hemos permitido que otros tomen decisiones por nuestra cuenta, y no hemos expresado nuestro poder, también tenemos deterioro en las caderas.


Las Tiroides:
Es donde almacenamos enojo, es el deseo de poder, de actitudes rígidas, cuando las tiroides no funcionan bien. Hay una calcificación anormal en los huesos, y que puede también desarrollar una artritis y de vuelta el cuerpo rígido proviene de una mente rígida.


El Timo:
Almacena temor y gobierna nuestro sistema inmunológico de forma que el miedo hace que una persona retroceda y se achique y se puede perder la integridad en una situación, y cuando esto sucede el cuerpo permite la entrada de virus.
Cuando uno tiene un virus, hay que mirar por dónde surgió el temor en su vida, dónde uno se achicó frente a una situación, tiene que volver a esa situación e imaginarla en forma diferente y cambiarla y ello ayuda a combatir el virus.


Las Glándulas Suprarrenales:
Almacenan pena y nos lleva al complejo de víctimas, ¿peleo o me escapo? Siempre creen que hay algo ahí afuera que se va a apoderar de ellos, y los está persiguiendo.
Cuando no están dispuestos a soportar amorosamente una experiencia emocional dolorosa, esa persona reacciona como si el mundo fuera responsable por su experiencia dolorosa, y se olvida de que cada persona es responsable de su propia creación, de su vida.


La Glándula Pituitaria:
Almacena pena reprimida, porque al experimentar pena o dolor, puede ser una puerta o un portón hacia una conciencia superior, después de que los juzgamientos de las glándulas inferiores son transmutadas.
Soportando amorosamente el dolor, justamente esto permite que nosotros experimentemos la dualidad y reconciliar, y esto justo libera toda la parte del juzgamiento y ayuda a la glándula pituitaria.
La dualidad representa lo correcto e incorrecto, lo bueno y lo malo, lo positivo o lo negativo, a todo nivel.


La Glándula Pineal:
Necesita luz natural, de día, necesita entusiasmo y si no hay suficiente entusiasmo en su vida, la glándula pineal no funciona adecuadamente, así que tienen que salir a la naturaleza, porque la naturaleza a fin de hallar algo de luz natural, y eso realmente va a ayudar.


La Columna Vertebral:
La columna vertebral representa su voluntad, la fuerza de voluntad, es como que cuando uno no mantiene su propia visión, al enfrentarse con la presión que viene de afuera, uno puede llegar a tener ESCOLIOSIS, la distorsión de la columna, la que se tuerce porque su fuerza de voluntad se doblega.
Cuando uno utiliza la columna vertebral para hacer trabajo espiritual, nuestra fuerza de voluntad está alineada con la voluntad divina, y algunas personas lo llaman co-creación, pero realmente se trata de la columna vertebral que se abre a la Kundalini, lo cual es simplemente la parte femenina que se halla en la columna y a medida que nosotros nos damos cuenta de ello, ella también se va dando cuenta.


Los Órganos Sexuales:
Son reproducción, esto por supuesto es su habilidad de expresarse sexualmente. Puede haber una inhabilidad de recibir la parte femenina si los padres desearon un chico del sexo opuesto, puede ser que uno se enfrenta a la propia moralidad y está realizando un auto-castigo.


La Espalda:
Es lo que uno deja detrás suyo, lo que se quiere olvidar, lo que está en el fondo de nuestra mente, la parte baja de la espalda es el apoyo, y el dolor en esta parte es cuando una persona resiente al no tener el apoyo que él o ella cree que necesita, a fin de lograr algo.


La Vejiga:
Libera agua, es la expresión de manifestar exteriormente su emoción. Si la vejiga es débil, la persona siente dificultades en expresar sus sentimientos.


EL Intestino Delgado:
Es la etapa final de la digestión, es el comienzo de la absorción, provee la base para la construcción y el crecimiento, construye su personalidad, su carácter, su fuerza de voluntad, su confianza, pero más importante que todo es que refleja los estados más importantes de nuestra vida.
De modo que puede que realmente no funcionemos cuando una persona sufrió una gran vergüenza. Esa vergüenza sufrida en la primera infancia. Son muy conscientes, muy cercanas las personas, piensan que no se están acordando o pensando en ello, pero se acuerdan del colegio, la primera vez que menstruaron, los niños con quienes jugaron, algún pariente que les hizo sentir vergüenza.


El Intestino Grueso:
Tiene que ver con la materia sólida y esto nos muestra si somos capaces de lidiar bien con todos los temas materiales.

El Intestino Grueso tiene que ver totalmente con dejar ir y soltar todas las cosas que no nos sirven, y la incapacidad de dejar ir puede ser el resultado de un miedo a la pérdida. ¿Qué es lo que se pierde si se deja ir? Tienen que fijarse de vuelta en el momento de la concepción, qué es lo que formó la actitud de la personalidad de esa persona.




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viernes, 23 de marzo de 2018

La importancia del inconsciente en nuestros pensamientos y emociones.


En primer lugar, al tratar el tema del inconsciente, cabe destacar lo que puede resultar una obviedad: el inconsciente se refiere a aquella parte de nuestra mente de la que no somos conscientes.

Esta afirmación, así de entrada, puede resultar un poco de perogrullo, pero en realidad tiene mucha más importancia de la que en un principio solemos atribuirle.Existe, al menos, una parte de nuestros pensamientos que tienen un origen que desconocemos. Si nos paramos a tomar en serio esta idea, deberemos admitir, si entendemos que nuestra manera de pensar define nuestro comportamiento, que tampoco comprendemos gran parte de las conductas que llevamos a cabo de manera cotidiana.

O, dicho de otra manera, en el fondo no acabamos de saber quiénes somos. O, cuanto menos, no sabemos cómo somos.

De hecho, Freud llegaba a afirmar rotundamente que, en realidad, lo habitual era que no ejerciéramos control voluntario respecto a nuestros pensamientos (y, por lo tanto, sobre nuestra toma de decisiones y nuestro comportamiento en general) ya que estos dependen fundamentalmente de nuestro inconsciente.

El caso es que habitualmente no solemos otorgarle al inconsciente la importancia en nuestra conducta que verdaderamente tiene.

En cierto modo, creemos que nuestro inconsciente no nos puede afectar de una forma significativa en nuestra vida, puesto que estamos convencidos de que nuestra parte “consciente” lo tiene todo bajo control.

En definitiva, nos creemos mucho más “conscientes” de lo que en verdad somos. Cuando, lo cierto es que, muchas veces nuestro “consciente” funciona como el último atributo del complejo engranaje de nuestro “inconsciente”, es decir, nos sirve a modo de justificación racional para revestir de sentido a un sistema de pensamiento del que, en el fondo, desconocemos las causas.

Según la teoría psicoanalítica clásica, a grosso modo, el inconsciente alberga nuestros deseos y anhelos reprimidos y todos aquellos sentimientos que, por el motivo que fuera (familiar, social, etc.) hemos ido rechazando en nosotros mismos, así como también los diferentes traumas que hemos vivido a lo largo del tiempo… Sin darnos cuenta.


En cualquier caso, el hecho de que no seamos conscientes del impacto de todas estas experiencias pasadas, no quiere decir en modo alguno que no permanezcan ancladas en nuestro interior e intenten manifestarse de algún modo en el presente.

Ahora bien, normalmente ocurre que cuando nuestras emociones reprimidas intentan aflorar en nosotros de alguna manera, nuestra mente a su vez realiza un esfuerzo para bloquearlas de nuevo a modo de protección, originando así un bucle repetitivo donde nuestro inconsciente cada vez se hace más fuerte y, por lo tanto, nuestro esfuerzo en la aplicación de un “mecanismo de defensa” también es cada vez mayor, dando lugar en ocasiones a serios problemas para el individuo que, incluso, pueden llegar a convertirse en verdaderas patologías.

Es como si estuviéramos sumergidos en las aguas de un río y de pronto nos viéramos arrastrados por la corriente hacia una dirección determinada y, en ese instante, decidiéramos nadar en sentido contrario: cuanto más me esforzara en ello, más notaría la intensidad de la corriente que me empuja.

Quizás llegaría un momento en el que el agua se volviera calma y pudiera descansar, pero al haberme adentrado más en las profundidades del río, la próxima vez la fuerza del agua será aún más fuerte y mis esfuerzos para nadar a contracorriente también aumentarán.

En cualquier caso, creo muy importante resaltar el hecho de que los seres humanos percibimos y procesamos nuestra realidad según nuestro propio sistema mental de pensamiento.

De este modo, si albergamos en nuestro ser cualquier tipo de emoción reprimida (como por ejemplo el miedo, la culpa, la vergüenza, la rabia o el orgullo), será inevitable que nuestra perspectiva sobre las cosas que nos acontecen se vea directamente condicionada por cualquiera que sea esta emoción, a pesar de que no seamos capaces de darnos cuenta.

Es por ello que nos es imposible captar la realidad tal cual es, sino solamente la interpretación subjetiva que nosotros hacemos de ésta. Esto, a su vez, retroalimenta nuestro habitual sistema de pensamiento.

De este modo, si yo dispongo de una actitud inconsciente de miedo, captaré (sin darme cuenta) los sucesos de la realidad desde este punto de vista, cosa que me llevará indefectiblemente a comportarme y a relacionarme con las situaciones que se me presenten desde el temor y que, en último término, servirán para acrecentar la carga de esta emoción en mí.

Todo esto, repito, creyendo que lo hago desde un punto de vista objetivo y racional y sin que sea consciente de mi propio miedo interior que me impulsa a pensar y a comportarme de esta manera.

Hay una cita del propio Freud que creo que resume muy bien todo esto: “Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de las peores formas.”

Así pues, vemos que la carga emocional no resuelta de nuestro pasado particular, condiciona enormemente la interpretación que hacemos de los sucesos del presente y puede proyectarnos hacia una perspectiva de futuro (basada en elucubraciones y conjeturas mentales) bastante sombría o desoladora.

Esto es lo que a veces deriva en forma de obsesiones, fobias o “pensamientos irracionales”.Los sueños en el psicoanálisis guardan bastante paralelismo con este fenómeno. A veces nuestros sueños y nuestras proyecciones mentales son las manifestaciones simbólicas de nuestro inconsciente.


A modo de ejemplo, pudiera ser que si una persona contuviera en sí misma una carga importante de rabia inconsciente no resuelta por un suceso determinado del pasado, tuviera frecuentemente sueños simbólicos que le hicieran sentir esa misma rabia o se imaginara de forma compulsiva hipotéticas situaciones futuras que le hicieran comportarse sin remedio desde la rabia en el presente.

Como vemos, paradójicamente, cuanto más “rechazamos” una emoción determinada en nuestro interior, lejos de alcanzar nuestro propósito, resulta que más la percibimos en nosotros mismos, aunque no nos demos cuenta.

De esta manera, comprenderemos que es fundamental que seamos capaces de gestionar bien nuestras propias emociones. Integrarlas en nosotros mismos. De hecho, creo que es primordial darnos el permiso y el tiempo suficiente para sentir lo que quiera que sea que sintamos. Sin juzgarnos “malos” o “buenos” por eso. Ya que, simplemente, lo que fuera que sentimos, lo sentimos así. Y rechazarlo no sirve de nada. Más bien nos entorpece enormemente en nuestro camino.

De alguna manera, es como si aquellas emociones que no nos diéramos permiso de experimentar, se quedaran enquistadas de manera invisible en nosotros mismos, acompañándonos en todo momento y esperando cualquier oportunidad para exteriorizarse de alguna manera. Y todo este proceso, sin tener en consideración el agotamiento mental que puede significar, por otro lado, el esfuerzo en intentar reprimirlas constantemente y no lograr el éxito.

Y quizás hemos de valorar la posibilidad de que aceptando y permitiendo que se expresen nuestras emociones, resulte la única manera de escapar de este bucle de angustia y sufrimiento.

Así pues, como vemos, al final casi todo lo que percibimos y pensamos – incluso la idea de nosotros mismos – está relacionada directamente con nuestros propios sentimientos y emociones (seamos conscientes de ello o no), y es responsable de nuestra manera de comportarnos y relacionarnos con los demás. A

l fin y al cabo, nuestros pensamientos y emociones funcionan como un sistema integrado que se retro-alimenta: si albergamos emociones tales como por ejemplo el miedo, la inseguridad o el resentimiento, nuestros pensamientos tenderán a manifestarse de esta manera, y también sucede a la inversa, cuanto más tendamos a pensar “en negativo” en nuestro día a día, inevitablemente más presentes se harán aquellas emociones que nos conducirán inevitablemente al sufrimiento.

Es por todo esto por lo que es tan importante lograr trascender este estado, aprendiendo a relativizar nuestro particular punto de vista de las cosas y procurando ser lo más honestos posible con nosotros mismos y con nuestra manera de sentir.

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Dismorfia muscular, Vigorexia o el Complejo de Adonis



La dismorfia muscular, también conocida como vigorexia, anorexia invertida o Complejo de Adonis, es un tipo de trastorno dismórfico corporal, en el que los individuos que lo experimentan presentan una preocupación patológica por conseguir un cuerpo musculado.


En qué consiste la dismorfia muscular

La dismorfia muscular afecta principalmente a varones y atletas, y se trata de la preocupación obsesiva en el propio cuerpo acompañada de una creencia exagerada o irracional de que el cuerpo es demasiado pequeño, delgado y con falta de masa muscular. Este desorden suele pasar desapercibido entre el entorno social del afectado, ya que suponen que sólo está realizando conductas relacionadas con el ejercicio y la vida sana, por lo que lo hace difícilmente reconocible por sus familiares y amigos y, por supuesto, por la propia persona.

Este trastorno se identificó a finales del siglo XX, y su nombre fue acuñado por el psiquiatra estodounidense Harrison G. Pope en 1993. La describió como un trastorno de alimentaciónsurgido por la obsesión preocupante de la figura corporal en los años 90.

Aunque se han observado este tipo de trastornos en niños de hasta 6 años, suele aparecer en mayor medida en hombres jóvenes, con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años y se da en 4 de cada 10.000 personas.

Estos sujetos tienen una percepción distorsionada de ellos mismos, se consideran débiles, flojos y con falta de atractivo, se obsesionan con la idea de que su constitución corporal es demasiado pequeña o insuficientemente musculada y persiguen a toda costa la belleza física. Debido a su fijación por ganar masa muscular, invierten mucho tiempo y recursos en rutinas de ejercicios, regímenes dietéticos y suplementos nutricionales. Pueden dejar de lado las relaciones sociales y abandonar otros muchos aspectos de su vida, para dedicar todo su tiempo a entrenar. Acompañan este exceso de ejercicio con una ingesta extrema de proteínas y carbohidratos, además del consumo abusivo de sustancias como esteroides anabolizantes, para tratar de aumentar la masa muscular y conseguir un cuerpo musculado.


Aunque tiene ciertas similitudes con la anorexia nerviosa, la dismorfia muscular es especialmente difícil de reconocer, ya que no se conoce tan bien y las personas que la experimentan, al contrario que con la anorexia, por lo general se ven muy saludables.

En el ámbito social, la angustia y la obsesión por el propio cuerpo provocan ausencias de la escuela, el trabajo y descuido de sus relaciones con amigos y familiares. En comparación con otros trastornos dismórficos corporales, las tasas de intentos de suicidio son especialmente altas. La incidencia de la dismorfia muscular está aumentando, en parte debido a la actual popularización de los ideales culturales masculinos de cuerpos extremadamente musculados y torneados.
Signos y síntomas de la vigorexia o Complejo de Adonis

Como acabamos de ver, este trastorno se deriva de la percepción personal de la propia belleza, que se ve reforzada por el tremendo efecto que tienen los cánones de belleza actuales sobre la sociedad. Así, el complejo de Adonis se encuentra notablemente influenciado principalmente por el papel de la opinión pública.

El Complejo de Adonis presenta los siguientes signos y síntomas habituales:
Percepción de que el propio cuerpo es demasiado pequeño, delgado y con falta de masa muscular.
Búsqueda constante por alcanzar un tipo de atractivo físico autoimpuesto.
Restricción de comidas y utilización de regímenes dietéticos enfocados a perder grasa y ganar masa muscular. Incrementan exageradamente el consumo de proteínas, carbohidratos y anabolizantes, mientras que reducen la ingesta de lípidos. Esto puede ocasionar alteraciones metabólicas importantes, sobre todo cuando el vigoréxico consume esteroides que ocasionan cambios de humor repentinos.

Realización de largas e intensas rutinas de ejercicio.
Inyección de medicamentos que potencian el crecimiento muscular.

Frustración por creer que no están consiguiendo el resultado que buscan y depresión.
Problemas sociales y laborales por exceso de horas en el gimnasio.
Presentan un autoconcepto distorsionado y baja autoestima.
Las dietas desequilibradas y el exceso de ejercicio puede conllevar importantes desajustes en la homeostasis corporal provocando síntomas potencialmente más mortales que la anorexia y la bulimia, ya que el cuerpo humano solo puede soportar un período máximo de 6 meses con estos desarreglos:

Mareos, convulsiones y dolores de cabeza.
Lesiones hepáticas y cardiacas.
Estrechamiento de las arterias.
Alteración de los niveles de azúcar.
Problemas de fertilidad y disfunción eréctil. Disminución del recuento de espermatozoides y atrofia testicular por consumo de anabolizantes.
Hipertrofia muscular y alteración en huesos que deben adaptarse a la nueva forma corporal. La sobrecarga del gimnasio repercute en los huesos, tendones, músculos y articulaciones.
Trastornos metabólicos y desnutrición como consecuencia de dietas desequilibradas: bajas en grasas y altas en proteínas.
En las mujeres aparecen trastornos como masculinización e irregularidades en el ciclo menstrual.
Sobreproducción de endorfinas, lo que genera la adicción al ejercicio físico.

Las personas que experimentan dismorfia muscular generalmente pasan más de tres horas diarias reflexionando sobre el aumento de la musculatura y se sienten incapaces de limitar sus actividades a un simple levantamiento de pesas. Como en la anorexia nerviosa, la búsqueda del cuerpo perfecto puede ser insaciable. Controlan de cerca forma corporal y se camuflan usando varias capas de ropa para parecer más grandes.

La vigorexia implica angustia severa al tener que exponerse o ser vistos por otros si consideran que no han alcanzado el nivel de musculación deseado. Su funcionamiento ocupacional y social se ve gravemente deteriorado, y los regímenes dietéticos pueden interferir en su salud, aunque no se perciba externamente.


Aproximadamente la mitad de los afectados tienen poca o ninguna idea de que estas percepciones son poco realistas. Es fácil hacer diagnósticos erróneos de otros trastornos mentales, incluidos trastornos de la alimentación, trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad y trastornos por consumo de sustancias, además, como ya hemos dicho, las tasas de intentos de suicidio son elevadas.
Factores de riesgo

Aunque el desarrollo de la dismorfia muscular no están claros, aunque se han identificado varios factores de riesgo.
Traumas y acoso

En comparación con la población general, las personas que manifiestan dismorfia muscular tienen más probabilidades de haber experimentado u observado eventos traumáticos como agresión sexual o violencia doméstica, o haber sufrido acoso y bullying debido a su aspecto corporal o intelectual. El aumento de la masa corporal se percibe como una característica necesaria para reducir la amenaza de nuevos traumas o acosos.
Características psicológicas

La baja autoestima se asocia con niveles más altos de insatisfacción corporal y la consecuente dismorfia muscular. Las preocupaciones por el tamaño corporal también pueden reflejar inseguridad en las propias habilidades sexuales, pues la musculatura es una característica sexual masculina secundaria que sugiere virilidad y destreza para proteger a la compañera y a la descendencia.

Exposición a los medios

A medida que los medios occidentales enfatizan el atractivo físico, algunas campañas de marketing aprovechan para explotar las inseguridades de la imagen corporal masculina. En los últimos 20 años han aumentado exponencialmente el número de revistas de fitness para hombres, así como todo tipo de publicaciones, anuncios y películas donde aparecen cuerpos masculinos parcialmente desnudos y bien musculados como prototipo de hombre ideal. Dichos medios provocan comparaciones corporales y presionan a los individuos a ajustarse a estos cánones, desgraciadamente con ello se incrementa la brecha entre las percepciones de los hombres de su propia musculatura frente a la musculatura deseada. Los hombres en edad joven son un fuerte indicador de que la búsqueda de musculatura es la internalización de los cuerpos masculinos idealizados representados por los medios.
Competición atlética

Los atletas tienden a compartir algunos factores psicológicos que pueden predisponer a la dismorfia muscular, factores que incluyen altos niveles de competitividad, necesidad de control y perfeccionismo. Los atletas tienden a ser más críticos con sus propios cuerpos y peso corporal. Además, si no logran los estándares de rendimiento pueden recurrir a las medidas extremas de modificación del cuerpo típicos de la dismorfia muscular. La participación en deportes donde el tamaño, la fuerza y ​​el peso aumentan la ventaja competitiva o disminuyen la desventaja, se asocia con este trastorno. Los prototipos atléticos refuerzan el ideal social de la musculatura bien torneada y definida. De la misma forma, aquellos que tienen una predisposición hacia la dismorfia muscular suelen ser más propensos a participar en deportes de competición.
Tratamiento de la dismorfia muscular

Existe poca conciencia por parte de los afectados de que la preocupación por su propio cuerpo es exagerada y obsesiva, ni de las consecuencias que estos pensamientos le acarrean en su vida personal y social. No es extraño por tanto que los sujetos eludan abiertamente someterse a tratamiento.

Por otro lado, la investigación científica sobre el tratamiento de la dismorfia muscular es todavía muy limitada. Sin embargo, algunas evidencias apoyan la eficacia de la terapia basada en la familia, la terapia cognitivo-conductual y la farmacoterapia con inhibidores de la recaptación de serotonina.

Referencias

Anderson, RE, Bartlett, SJ, Morgan, GD y Brownell, KD (1995). Pérdida de peso, patrones psicológicos y nutricionales en culturistas masculinos competitivos. Revista Internacional de Trastornos de la Alimentación, 18, 49-57.
Baile, J. I. (2005). Vigorexia ¿cómo reconocerla y evitarla? Madrid: Editorial Síntesis.
Blouin, AG, y Goldfield, GS (1995). Imagen corporal y uso de esteroides en culturistas masculinos. Revista internacional de trastornos de la alimentación, 18, 159-165.
Pope, HG, Phillips, KA y Olivardia, R. (2000). El complejo de Adonis: la crisis secreta de la obsesión por el cuerpo masculino. Nueva York, NY; Prensa Libre.
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2007152313719906
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4977020/
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1627897/

https://www.psicoactiva.com

El arte de ser sabio consiste en ignorar con inteligencia



Sabio no es aquel que acumula muchos conocimientos y experiencias, sino quien sabe utilizar de forma efectiva cada cosa aprendida y además, es capaz de ignorar todo aquello que no es útil, que no le permite crecer para avanzar como persona. Es aquel que sabe diferenciar el lastre de lo que le ofrece energía.

Vivir es al fin y al cabo economizar y saber qué es lo importante. Ahora bien, parece que la mayoría de nosotros no aplicamos esta sencilla regla: según un estudio llevado a cabo en la Universidad de Harvard las personas tenemos una capacidad asombrosa de centrar nuestra atención en cosas “que no están sucediendo”. Es decir, nos preocupamos por aspectos que no son importantes minando nuestra propia capacidad de ser felices en el “aquí y ahora”.

El arte de saber ignorar no es nada fácil de aplicar en nuestro día a día. Ello se debe a que ignorar supone en muchos casos alejarnos de ciertas situaciones e incluso de personas. Estamos pues ante un acto de auténtica valentía, que viene precedido siempre de una discriminación inteligente. Te invitamos a reflexionar sobre ello.
Ignorar es aprender a priorizar

Ser feliz es el arte de la elección personal. Podemos tener suerte en un momento dado, pero la mayoría del tiempo va a depender de nosotros mismos: de las decisiones que tomemos. Para ello, es necesario adquirir una perspectiva no solo más positiva de las cosas, sino también más realista, ahí donde elautoconocimiento y la autoestima siempre serán fundamentales.
La vida es muy corta para alimentarnos de amarguras y frustraciones: desahoga tus lágrimas, ignora las críticas y rodéate de quienes te importen y te aporten de verdad.
Cómo aprender a establecer prioridades

Para aprender a establecer prioridades es necesario dar a cada cosa que nos rodea su auténtico valor. No el que puede tener de manera objetiva, sino el que puede acumular en función de nuestras necesidades y deseos. Para ello, debemos atender estas dimensiones.

Si nos cuesta elegir entre lo que es importante y lo que no, es porque tenemos un conflicto interno entre las cosas que queremos y las que sabemos que nos convienen. Además, tenemos miedo a “quedar mal”, “hacer daño” o incluso a actuar de una forma diferente a como esperan los demás si nos atrevemos a romper vínculos.
A mayor nivel de estrés y ansiedad más nos costará establecer prioridades. Así pues, reflexiona sobre qué situaciones y qué personas tienen auténtico valor para ti en momentos de calma personal, cuando te notes más centrado/a y relajado/a.
Piensa en aquello que es importante para ti y no para los demás, no temas a las críticas ajenas o lo que puedan pensar por las decisiones que quieras tomar.
Entiende que priorizar no es únicamente ignorar lo que nos hace daño, es reorganizar nuestra vida para encontrar espacios propios para ser felices.


Ignorar personas también es saludable

Según un interesante trabajo publicado en la revista Livesciencie, las relaciones personales que nos ocasionan estrés o sufrimiento afectan a nuestra salud mental. Experimentamos un aumento de cortisol en sangre y de la presión arterial, hasta el punto de correr el riesgo de sufrir problemas cardíacos severos. No merece la pena.
Aprender a ignorar a quienes no nos aportan nada

No se trata de ir a malas ni de utilizar ultimatums o chantajes. Saber ignorar es un arte que puede llevarse a cabo con elegancia y sin llegar a extremos innecesarios. Para ello, ten en cuenta estos puntos sobre los que reflexionar.
No te preocupes por lo que no puedes cambiar: acepta que ese familiar seguirá teniendo esa actitud cerrada, que tu compañero/a de trabajo va a ser igual de entrometido/a. Deja de acumular emociones negativas como rabia o frustración y limítate aceptarlos tal y como son.
Ignora críticas ajenas mientras aumentas tu propia confianza. Es muy posible que en el momento en que decidas poner distancia de quien no te interesa, aparezcan los reproches. Entiende que las críticas no te definen, no eres tú. Fortalece tu autoestima y saborea cada paso que das en libertad lejos de quien te hace daño. Es un triunfo personal.
Cuando la ayuda es un acto interesado: es importante aprender a discriminar esos actos de supuesto altruismo. Hay quien nos repite una y otra vez aquello de “yo lo hago todo por ti, para mi eres lo más importante”, cuando en realidad, la balanza de esa relación se inclina siempre hacia un lado que no es el tuyo. Nunca existe el equilibrio.
Cuanto más ligero, mejor. En la vida merece la pena contar con “personas” y no acumular “gente”, así pues, prioriza y avanza ligero: ligero de enfados, rabia, frustraciones y sobre todo de personas que lejos de valer la alegría solo valen penas y distancias.



El arte de ser sabio es comprender qué vínculos es mejor dejar de alimentar sin tener ninguna carga de conciencia por haber dicho “no” a quien jamás se preocupó en decirnos “sí”.

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Autor: Doris Hernandez

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