jueves, 4 de julio de 2019

Teoría del Etiquetado: ¿Cómo las etiquetas que ponemos cambian nuestra realidad?



“Sé curioso, no crítico”, escribió Walt Whitman. La vida no es ni buena ni mala. Donde algunos ven un problema, otros pueden encontrar una oportunidad. Cada vez que etiquetamos los eventos, los convertimos en buenos o malos. Cada vez que juzgamos lo que nos sucede, emprendemos una batalla contra la realidad en la que casi siempre tendremos las de perder.
Las etiquetas, ese mecanismo de reacción rudimentario con el que limitamos la realidad

Las etiquetas pueden llegar a ser tan útiles que nos resulta difícil escapar de ellas. En algunas situaciones nos facilitan la vida ya que se convierten en puntos cardinales, un sistema de orientación rápido que activa los mecanismos de respuesta que hemos aprendido sin tener que pensar demasiado. Son como un disparador simplificado que conecta una realidad compleja con una respuesta sencilla.

Nuestra profunda adhesión a las etiquetas proviene, en gran medida, de nuestra necesidad de sentirnos seguros y controlar nuestro entorno. Una etiqueta es una respuesta rápida que nos hace sentir que tenemos el control, aunque no sea más que una percepción ilusoria.

Si hemos etiquetado a una persona como “tóxica”, no necesitamos más, intentaremos mantenernos alejados de ella. Si hemos etiquetado una situación como “indeseable” haremos todo lo posible por escapar de ella. No necesitamos más.

El problema es que el mundo no es tan sencillo. Cada vez que colocamos una etiqueta estamos reduciendo la riqueza de aquello que etiquetamos. Cuando clasificamos los sucesos como “buenos” o “malos”, dejamos de percibir la imagen completa. Como dijera Søren Kierkegaard: “Cuando me etiquetas, me niegas”, porque cada vez que etiquetamos a alguien negamos su riqueza y complejidad.
La Teoría del Etiquetado: ¿Cómo las etiquetas que usamos dan forma a nuestra realidad?

Los psicólogos comenzaron a estudiar las etiquetas en la década de 1930, cuando el lingüista Benjamin Whorf propuso la hipótesis de la relatividad lingüística. Creía que las palabras que usamos para describir lo que vemos no son meras etiquetas, sino que terminan determinando lo que vemos.

Décadas más tarde, la psicóloga cognitiva Lera Boroditsky lo demostró con un experimento. Pidió a personas de lengua madre inglés o ruso que distinguieran entre dos tonos de azul muy similares, pero sutilmente diferentes. En inglés, existe solo una palabra para el color azul, pero los rusos dividen automáticamente el espectro de azul en azules más claros (goluboy) y azules más oscuros (siniy). Curiosamente, quienes hablaban ruso distinguieron más rápido la diferencia entre los dos tonos, mientras que a las personas que hablaban inglés les costaba mucho más.

Las etiquetas no solo dan forma más a nuestra percepción del color, sino que también cambian la manera en que percibimos situaciones más complejas. Un estudio clásico realizado en la Universidad de Princeton mostró el enorme alcance de las etiquetas.

Estos psicólogos mostraron a un grupo de personas un vídeo de una niña jugando en un barrio de bajos ingresos y a otro grupo le mostraron a la misma niña, jugando de la misma manera, pero en un barrio de clase media-alta. En el vídeo también se hacían preguntas a la niña, algunas las respondía bien, en otras se equivocaba.

Darley y Gross descubrieron que las personas usaron la etiqueta de estatus socioeconómico como un índice de la capacidad académica. Cuando la niña fue etiquetada como “clase media”, las personas creían que su desempeño cognitivo era mejor. Esto nos revela que una simple etiqueta, aparentemente inocua y objetiva, activa una serie de prejuicios o ideas preconcebidas que terminan determinando nuestra imagen de las personas o la realidad.

El problema va mucho más allá, las implicaciones del etiquetado son inmensas, como demostraron Robert Rosenthal y Lenore Jacobson. Estos psicólogos educativos comprobaron que si los profesores creen que un niño tiene menos capacidad intelectual – aunque no sea cierto – le trataran como tal y ese niño terminará obteniendo peores calificaciones, no porque carezca de las habilidades necesarias sino simplemente porque han recibido menos atención durante las clases. Es una profecía que se autocumple: cuando creemos que algo es real, podemos convertirlo en real con nuestras actitudes y comportamientos.

Nadie es inmune al influjo de las etiquetas. La teoría del etiquetado indica que nuestra identidad y comportamientos están determinados o influenciados por los términos que nosotros mismos o los demás utilizan para describirnos.
Las etiquetas dicen más de quien etiqueta, que de quien es etiquetado

Toni Morrison, la escritora estadounidense, ganadora de un Premio Pulitzer y Premio Nobel de Literatura, escribió: “Las definiciones pertenecen a los definidores, no a los definidos”. Cada etiqueta que colocamos, con el objetivo de limitar a los demás, en realidad restringe nuestro mundo. Cada etiqueta es la expresión de nuestra incapacidad para lidiar con la complejidad y la incertidumbre, con lo inesperado y lo ambivalente.

De hecho, solemos recurrir a las etiquetas cuando la realidad es tan compleja que nos desborda psicológicamente, o cuando no contamos con las herramientas cognitivas para valorar en su justa medida lo que está sucediendo.

Desde esta perspectiva, cada etiqueta es como un túnel que nos cierra la visión a una realidad más vasta, amplia y compleja. Y si no tenemos una perspectiva global de lo que está ocurriendo, no podremos responder de manera adaptativa. En ese momento dejamos de responder ante la realidad para comenzar a responder ante la imagen sesgada de la realidad que hemos construido en nuestra mente.
Las etiquetas flexibles disminuyen nuestro nivel de estrés

Usar términos fijos para describir a las personas o a nosotros mismos no solo es limitante, sino también estresante. Al contrario, pensar en la identidad de manera más flexible disminuirá nuestro nivel de estrés, como indicaron psicólogos de la Universidad de Texas.

El estudio, llevado a cabo con estudiantes, reveló que aquellos que creían que la personalidad podía cambiar, tanto la suya como la de los compañeros que etiquetaron, se estresaban menos en situaciones de exclusión social y, al final del año, se habían enfermedo menos que las personas que solían aplicar etiquetas fijas.

Tener una visión más flexible del mundo nos permite adaptarnos con mayor facilidad a los cambios, de manera que nos estresaremos mucho menos. Además, comprender que todo puede cambiar – nosotros mismos o las personas – evitará que caigamos en los brazos del fatalismo, de manera que podremos desarrollar una visión más optimista de la vida.
¿Cómo escapar de las etiquetas?

Necesitamos recordar que “bueno” y “malo” son dos lados de una misma moneda. Hasta que no lo entendamos, nos quedaremos atrapados en el pensamiento dicotómico, víctimas de las etiquetas que nosotros mismos ponemos.

También necesitamos entender que, si alguien hace algo mal desde nuestro punto de vista, no significa que sea una mala persona, sino simplemente una persona que hizo algo que no se corresponde con nuestro sistema de valores.

Recordemos que “a veces es la gente de la que nadie espera nada, hace cosas que nadie puede imaginar”, como dijo Alan Turing. Porque a veces, solo debemos abrirnos a las experiencias, sin ideas preestablecidas, y dejar que esta nos sorprenda.

Fuentes:

Yeager, D.S. et. Al. (2014) The far-reaching effects of believing people can change: implicit theories of personality shape stress, health, and achievement during adolescence. J Pers Soc Psychol; 106(6): 867-884.

Boroditsky, L. et. Al. (2007) Russian blues reveal effects of language on color discrimination. Proc Natl Acad Sci USA; 104(19): 7780-7785.

Darley, J.M. & Gross, P.H. (1983) A hypothesis-confirming bias in labeling effects. Journal of Personality and Social Psychology; 44(1): 20-33.

Rosenthal, R., y Jacobson, L. (1980) Pygmalion en la escuela. Expectativas del maestro y desarrollo intelectual del alumno. Madrid: Ed. Marova.

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No me pidas lo que no eres capaz de dar


Es frecuente que ocurra en las parejas, pero también suele suceder entre padres e hijos, entre amigos y en casi cualquier tipo de relación humana. Estamos hablando de ese tipo de situaciones en la que una de las partes pide, reclama o exige con gran contundencia, pero a la hora de dar, se muestra mucho más conservadora y tacaña.

Este tipo de personas sienten como si lo merecieran todo, a cambio de nada. También se caracterizan por ver “la paja en el ojo ajeno”, pero no la viga en el propio. Para completar, son en extremo manipuladores y muchas veces consiguen que otros crean, de verdad, que tienen que complacerlos a cambio de nada y hasta les hacen sentir culpables cuando no cumplen con ese patrón.

«Contra el vicio de pedir hay la virtud de no dar»
-Refrán popular-

Los vínculos que establecen este tipo de personas son claramente explotadores. Sin embargo, se las arreglan para que no se vean de ese modo y por eso logran lo que se proponen: pedir mucho y dar poco, incluso con la anuencia del afectado. Si no quieres caer en este tipo de conductas, vale la pena que conozcas cinco tipos de situaciones que debes evitar.

No pidas que te escuchen, si no sabes escuchar

Es uno de los casos más frecuentes: los que quieren siempre estar hablando y que los demás los escuchen, pero a la hora de escuchar a otros bostezan, se distraen o, de pronto, ya no tienen más tiempo y se marchan.

Pasa mucho con los padres que quieren que sus hijos estén atentos a sus sermones, pero no dedican tiempo a escuchar lo que ellos piensan. Pasa en las parejas, cuando uno de los dos se convierte en el “soporte” del otro, como si lo hubiera adoptado. Pasa entre amigos, entre maestros y alumnos, entre compañeros de trabajo.

Cada vez que sientas que los demás no te escuchan lo suficiente, deberías preguntarte si en verdad tú sí sabes escuchar.

No pidas que te comprendan, si no puedes comprender

Es otra situación muy usual. Se da con los eternos incomprendidos, que se sienten del todo diferentes a los demás y se quejan constantemente de la indiferencia de los demás. Para ellos, ser comprendidos es un derecho que tienen de forma natural, pero que los otros les niegan.

Por eso sus quejas van orientadas a culpar a los demás, como si los otros tuvieran una obligación que no están cumpliendo. No han descubierto que la comprensión es una flor que se cultiva, primero en uno mismo y luego en los demás.

No pidas respeto, si no sabes respetar

El respeto no se exige, se gana. Y dentro de las muchas actitudes que tiene un ser humano, esta es quizás la que con mayor rigor cumple el principio de equidad. En otras palabras, no hay otra forma de ganar el respeto de otros, sino respetándolos y respetándote.

A veces se confunde el respeto con el temor o la reverencia. Las figuras de autoridad tienden a “hacerse respetar” a través de la imposición, o del miedo. Lo que consiguen es precisamente lo que buscan: temor y sumisión, pero no respeto.

No pidas paz, si lo que siembras es violencia

Este es uno de los casos más paradójicos. Se hace visible en aquellas personas que gritando le dicen a otro que nos los grite. O los que se exasperan y gritan: “¡Cuando te desesperas me haces salir de casillas!”.

Es muy usual que las personas agresivas pidan constantemente tranquilidad. Por lo general, culpan a otros de sus reacciones violentas. Aparentemente, ellos no son dueños de sus emociones; si no fuera por los demás, serían de lo más pacíficos. Y los errores de los otros son los que los llevan a perder el control.

Olvidan que la paz no está fuera de nosotros mismos, sino que se construye en cada uno. Pasan por alto que cada quien debe trabajar para conseguir autocontrol y autonomía. Si sembraran paz, seguramente eso sería lo que obtendrían en su cosecha.

No pidas perfección, si eres tan humano como los demás

Algunas personas tienen una opinión exageradamente positiva de sí mismas. Se asumen como modelo de los demás. Casi siempre se trata de personas psico-rígidas que toman la adhesión a las normas como el parámetro único para valorar a todo el mundo.

Como ellos mismos aparentemente cumplen con lo establecido al pie de la letra, se atribuyen el derecho de calificar, juzgar y condenar a los demás. No comprenden que quizás lo que los lleva a ser tan escrupulosos puede ser el miedo o la represión.

No quieren ver que hay otras formas de ver la vida, tan válidas como las suyas. Se sienten “perfectos” sin serlo, porque nadie lo es. Pero esa fantasía justifica, ante ellos mismos, su exigencia de perfección en los demás.

Edith Sánchez

Atrévete a ser feliz.


miércoles, 3 de julio de 2019

Concepto y definiciones de estrés


El estrés es un concepto muy relevante, pero también muy confuso. Esta imprecisión se puede observar a la hora de distinguir los conceptos de estrés, ansiedad, angustia, etc. Se pueden diferenciar tres tipos de definiciones de estrés, que veremos a continuación.
Definiciones de estrés

Tenemos 3 tipos clásicos de definiciones de estrés. En primer lugar, aquellas basadas en la respuesta del individuo, las basadas en el estímulo que lo provoca y, por último, las teorías transaccionales.


1. Definiciones de estrés basadas en la respuesta (el estrés como respuesta)

Dentro de esta teorías, el estrés se entiende como un sobreesfuerzo ante demandas de naturaleza psicológica. La respuesta de estés proporciona la energía para poder responder con éxito ante las demandas ambientales.

En esta definición se puede encuadrar la investigación tradicional psicofisiológica sobre el estrés (Selye y su Síndrome General de Adaptación; Cannon y su Respuesta de Lucha-Huida). Es una concepción unidimensional e inespecífica del estrés. Es decir, la respuesta de estrés siempre sería la misma; todos reaccionaríamos igual frente al estrés.

Este tipo de investigación ha utilizado principalmente animales y estresores muy intensos (p.ej., restricción física). Como ejemplo de este acercamiento podemos citar el Síndrome General de Adaptación de Selye
Síndrome General de Adaptación de Selye

Este famoso síndrome dentro de la psicología distingue tres etapas en el enfrentamiento a un estresor:

Reacción de Alarma. Cuando el organismo es expuesto a estímulos a los que no está adaptado. Es una llamada general a las fuerzas defensivas y energéticas para recuperar la homeostasis y enfrentar el desafío, comenzándose a segregar hormonas del estrés que aumentan la capacidad de reacción del organismo.
Etapa de resistencia. No se puede mantener un estado constante de alarma durante mucho tiempo, el organismo se adapta al estresor con una mejora y disminución de los síntomas de estrés y una resistencia aumentada.
Fase de agotamiento. Un organismo crónicamente estresado no puede reponer la energía gastada. Se van agotando los niveles de varias hormonas y neurotransmisores, especialmente las catecolaminas (dando lugar a síntomas depresivos), y se pierde la adaptación lograda si el estresor es severo y se prolonga durante mucho tiempo. En casos extremos se puede llegar a la muerte. En humanos, esta última fase podría corresponder a la que se encuentran los pacientes con burnout (“síndrome de estar quemado”), Síndrome de Fatiga Crónica, los estados de extenuación vital, etc.
2. Definiciones de estrés basadas en el estímulo (el estrés como estímulo)

Representa el enfoque psicosocial del estrés o de los sucesos vitales. Cada persona posee unos ciertos límites de tolerancia a los acontecimientos vitales negativos. Por encima de estos límites el estrés comienza a hacerse insoportable y provoca daños fisiológicos y psicológicos.

Las demandas psicosociales son los principales agentes externos que ponen en marcha la respuesta de estrés. Las demandas psicosociales son un subtipo de estrés ligado a factores interpersonales y psicosociales (sucesos vitales, contrariedades como perder un amigo o romper un noviazgo).

También puede haber demandas físicas (trabajo muy duro, hacinamiento), agentes naturales (radiación, calor), artificiales (ruido de tráfico, restricción física), etc. Algo importante a tener en cuenta es que un estresor puede asociarse tanto a un grado de demanda muy alto como, por el contrario, a un grado de demanda muy bajo (ausencia de estimulación, monotonía, aburrimiento, etc.).


3. Teorías transaccionales del estrés

Este tipo de teorías enfatizan los factores cognitivos que median entre los estímulos estresantes y las respuestas de estrés. Los acontecimientos externos no nos afectan directamente.

Más que de los estímulos externos, las respuestas emocionales y de estrés dependen de cómo éstos son evaluados. Siguiendo a Lazarus se distinguen tres tipos de evaluación:
Evaluación primaria o de la situación (peligro, amenaza, pérdida, desafío, demanda).
Seguidamente, la evaluación secundaria o de los propios recursos para hacerle frente (las propias habilidades de “coping”, solución de problemas, habilidades sociales, apoyo social, recursos materiales, recursos familiares, etc.).
Por último, la evaluación terciaria o reevaluación. Proceso de feedback que ocurre mientras te enfrentas al suceso estresante (la situación o los propios recursos pueden verse en términos más positivos o negativos que al principio).

Esta es una consideración multidimensional y específica del estrés. Defiende que la respuesta de estrés dependería de la persona, de cómo le afecta específicamente el estímulo estresante.

Según este último acercamiento, el estrés consiste en un desequilibrio entre las demandas que se le hacen al organismo y los recursos de éste para hacerles frente. Una persona estará bajo estrés cuando ha de hacer frente a demandas o exigencias que le resultan difíciles de satisfacer.
Definiciones de estrés: comentarios finales

En conclusión, no existe una definición única de estrés, pues para ello, debes secundar algunas de las teorías anteriormente descritas. Dentro de los modelos cognitivo-conductuales suelen emplearse las Teorías Transaccionales (también denominadas interaccionales del estrés), por ser las más completas y las que mayor evidencia tienen.

Finalmente, decir que los agentes estresantes suelen tener alguna de las siguientes características:
La incertidumbre (no sé qué pasará, sospechas de algo malo)
El cambio (es necesario adaptarse a situaciones nuevas)
La falta de información (no sé qué hacer)
Una sobrecarga en el niveles de procesamiento o actividad (no se puede procesar o realizar el número de tareas asignadas)
O la falta de habilidades para hacer frente y manejar la situación (por eso podemos prevenir las respuestas de estrés aumentando las habilidades sociales del individuo y de resolución de problemas), etc.

Como se puede ver, varias de estas características se podrían resumir en términos de incontrolabilidad e impredictibilidad, conceptos muy relevantes en psicología y que en buena parte explican los efectos negativos del estrés en la salud. Los estudios experimentales muestran que estas características generan trastornos psicofisiológicos, aumento en la secreción de cortisol e inmunosupresión. La deprivación de necesidadeshumanas (p.ej., escaso apoyo social) o las funciones fisiológicas alteradas (insomnio) también pueden fomentar el estrés.

Referencias

Alarcón, M. E. B. (2018). Estrés y Burnout enfermedades en la vida actual. Palibrio.

Macías, A. B. (2007). El campo de estudio del estrés: del Programa de Investigación Estímulo-Respuesta al Programa de Investigación Persona-Entorno. Revista Internacional de Psicología, 8(02), 1-30.

Regueiro, R., & León, O. G. (2003). Estrés en decisiones cotidianas. Psicothema, 15(4).

Sandín, B. (2003). El estrés: un análisis basado en el papel de los factores sociales. International Journal of clinical and health psychology, 3(1).

Sierra, J. C. (2003). Ansiedad, angustia y estrés: tres conceptos. Revista Subjetividades, 3(1), 10-59.

https://www.psicoactiva.com


PERDONA, DEL RESTO YA SE ENCARGARÁ EL UNIVERSO


Por lo general pensamos que perdonar es aguantar y soportar repetidamente las malas acciones por parte de una misma persona.

No podemos decir “No”, no sabemos poner límites o distancia porque pensamos que si lo hacemos nos comportamos como «personas egoístas». Pero lo cierto es, que al permitir a otros que continúen con esas actitudes incorrectas, inevitablemente se genera sufrimiento para todos como fruto de las mismas.

Desde la perspectiva budista, nadie jamás escapará al fruto de sus acciones.

Así funciona la ley del karma o la ley Universal de causa y efecto. Las acciones siempre tienen consecuencias y debemos soportar el peso de ellas.


Buda dijo: «Si el odio responde al odio, el odio nunca terminará».

Gandhi dijo: «Si aplicamos el ojo por ojo y diente por diente, el mundo pronto estará ciego y sin dientes»

No debemos entender el perdón como un «mirar hacia otro lado» respecto del daño que se nos hizo. No debe suponer un cheque en blanco o mecanismo para liberar de culpa al que nos ofendió.

El perdón se debe entender como un mecanismo para que yo me libere de la amargura que esa persona dejó en mi corazón. Para que yo tenga paz y pueda vivir sin mirar atrás.

Perdonar sobre todo tiene que ver con romper el círculo de venganza y de odio. Debemos estar por encima de todos los resentimientos y tristezas que sentimos y que nos impiden avanzar en nuestro desarrollo personal.

El verdadero perdón es una extraordinaria oportunidad para sanar nuestras heridas y continuar.

Evita que brote en tu interior el rencor hacia los que te hicieron daño. Si le das cabida a estas emociones, las podrías somatizar en una enfermedad física o espiritual. ¿Crees que vale la pena?

Suéltalo, que del resto ya se encargará el Universo

Buda dijo: «Si no puedes perdonar, vivirás con tus enemigos, con tus heridas y con tu dolor»

¿Por Qué a Veces No Sabemos lo que Realmente Amamos?



La mayoría de personas vivimos un cierto grado de desconexión interna: muchas veces no sabemos lo que realmente amamos, lo que realmente queremos ni lo que realmente pensamos.

¿Cómo puede ser algo así?

¿Cómo puede ser que no sepamos algo tan íntimo nuestro? Al fin y al cabo, son cosas sobre nosotros mismos. Que no sepamos cosas externas a nosotros puede tener cierto sentido, pero que no sepamos cosas sobre nosotros es bastante extraño.

Hoy hablaremos en detalle de este tema. Explicaremos por qué los seres humanos nos hemos “desconectado” parcialmente de nosotros mismos, y cómo se produjo este proceso.

Este es un mensaje canalizado, como otros que he ido publicando. Como te digo siempre en estas ocasiones, no tengo un nombre para la entidad que transmite el mensaje. Solo sé que viene de nuestro hogar y que nos ama profundamente.

Espero que te guste y que te sea de utilidad para comprender mejor cómo has llegado hasta aquí y por qué.

Saludos desde Tu Hogar

Saludos querido, soy tu hermano de luz, y te saludo desde tu verdadero hogar. Ahora mismo, yo y tus otros hermanos, estamos en un lugar lleno de luz y claridad. Es el lugar del que tú procedes. Es donde estabas tú antes de venir a la Tierra, y a donde volverás algún día.

Al oír estas palabras, puede que te venga la idea de que quizás estamos en algún lugar especial del universo: una especie de “cielo”, sea cual sea la visión que tengas sobre este concepto.

Pero no es así.

En realidad, el concepto de “lugar” no tiene nada que ver con el espacio en tres dimensiones.

Los diferentes lugares, al igual que los diferentes momentos del tiempo, son simplemente diferentes estados de conciencia. Son diferentes “vibraciones”, si quieres decirlo así.

Así que, al decir que estamos en el lugar que es tu verdadero hogar, no nos referimos a ningún punto en el espacio. Lo que en realidad queremos decir es que nos encontramos en el estado de conciencia que es tu estado natural.

El estado de conciencia en el que estás ahora no es tu estado natural. Tu verdadera conciencia es mucho más amplia, y abarca toda la existencia. Tú eres un ser de conciencia infinita e ilimitada.

Pero ahora, mientras estás viviendo esta experiencia humana, tu conciencia se limita. Y, durante un tiempo, no percibes todo lo que existe.

Esta es la razón por la que no nos ves plenamente.

No es que estemos lejos.

Estamos aquí. Justo aquí.

Pero nos encontramos en un plano distinto de la conciencia.

Hoy hablaremos en detalle de este tema, y de por qué hay cosas que actualmente no percibes. Concretamente, hablaremos de por qué a veces no ves claramente lo que realmente amas, lo que realmente quieres ni lo que realmente eres.

Pero antes tenemos que preparar bien la energía. Por esto, en este tipo de comunicaciones, nunca empezamos directamente con el tema a tratar.

Primero tenemos que daros un poco de tiempo para salir del modo puramente “humano” y entrar en el modo “algo más”.

¿Puedes sentir este “algo más” ahora mismo?

¿Puedes sentir que esto no son solo palabras escritas y ya está?

Estamos aquí. Siempre estamos aquí.

Y tú eres más de lo que se ve a simple vista.

Mucho, mucho más.

La Decisión de Venir a la Tierra

Empezaremos hablando del proceso de transformación que experimentaste cuando decidiste venir a la Tierra a vivir una experiencia humana. Este proceso es la clave de todo lo que sucede en este planeta.

La idea principal es relativamente simple. Tú eres un ser de luz pura y conciencia ilimitada. Antes de empezar esta aventura, estabas plenamente conectado con tu esencia. Pero luego, de forma totalmente voluntaria y amorosa, decidiste pasar por un proceso que te desconectó temporalmente de tu luz. Y esto es lo que te da la apariencia de ser un ser humano.

No eres un ser humano. Pareces un ser humano, y sientes como un ser humano. Pero no es lo que eres.

Ahora entraremos en más detalles, pero primero es importante que interiorices la esencia de este proceso: tú eres luz pura e ilimitada, y esta luz se desconectó parcialmente para crear una forma aparentemente humana.

Siempre que hablamos de este tema, muchas personas se preguntan: ¿y por qué haríamos algo así? Limitar nuestra luz es algo negativo. Ha creado dolor, guerras, sufrimiento… No tiene ningún sentido…

Si tienes esta duda, te invitamos a reflexionar sobre una pregunta muy importante: ¿te gusta estar aquí?

Es posible que, algunas personas, sin pensarlo demasiado, digan: no, no me gusta nada. La vida en este planeta es muy dura. Me arrepiento de haber venido. Y espero no volver nunca más cuando me vaya.

Pero esta no sería una respuesta sincera. Todos los que estáis aquí, queréis estar aquí. Hay una manera muy sencilla de dejar el planeta, y lo sabéis perfectamente. Pero muy pocos tomáis esta decisión.

Así que te lo preguntamos otra vez: ¿quieres estar aquí?

Mañana, cuando salga el sol, ¿quieres abrir los ojos y estar aquí?

Mira bien en tu corazón antes de responder.

Por supuesto que quieres estar aquí.

Eres como un alpinista que está en medio de una tormenta de nieve mientras asciende a la cima.

Es duro, sí. Es cansado, sí.

Pero quieres estar aquí.

Porque, en el fondo de tu alma, sabes perfectamente lo que estás haciendo.

La Mente y las Emociones


Es muy importante que, sea cual sea la situación en la que te encuentres, seas muy consciente en todo momento de que quieres estar aquí.

Esto significa que la aventura de la Tierra no es “mala” ni “negativa”. Decidiste desconectarte temporalmente de tu verdadera esencia por un buen motivo. Aunque sea duro a veces, te gusta estar aquí. Y, en el fondo de tu corazón, sabes lo inmensamente poderoso que es.

Teniendo esto bien presente, hablaremos de cómo es este proceso de “desconexión” y de por qué muchas veces no sabéis lo que realmente amáis.

Simplificándolo un poco, podríamos decir que todos los seres vivos tienen dos partes: una parte emocional y una parte mental.

La parte mental sirve para crear. Cada vez que tienes un pensamiento, creas una idea.

Estos pensamientos pueden ser sobre cosas que existen a nivel físico, o sobre cosas que no existen aún físicamente. Cuando piensas sobre cosas que existen, lo que haces es crear pensamientos que describen la realidad desde tu punto de vista (mira qué flor tan bonita, Juan me cae muy bien, mi trabajo me aburre, etc.). En cambio, cuando piensas en cosas que aún no existen, creas nuevas ideas de cosas que pueden llegar a existir físicamente. Pero en los dos casos, estás creando .

La parte emocional, en cambio, lo que hace es reaccionar a los pensamientos que vas creando. En cada instante de tu vida, si piensas en algo que te gusta, sentirás una emoción agradable. Y si piensas en algo que no te gusta, sentirás una emoción desagradable. De esta manera, tienes un indicador muy claro en todo momento de si estás creando cosas que resuenan con lo que realmente amas o no.

El Proceso de Venir a la Tierra


Antes de empezar la aventura humana, estas dos partes que tienes, la emocional y la mental, no tenían ningún límite. Eras totalmente consciente de todo lo que puedes llegar a pensar (y, por lo tanto, crear) y también de tus emociones respecto a cada posible pensamiento.

Esto significa que tenías un abanico infinito de pensamientos posibles delante de ti, y todos los veías claramente. Y también veías claramente cuáles de ellos resonaban con tu alma y cuáles no.

Lógicamente, en esta situación, solo ponías tu atención creativa en los pensamientos constructivos y amorosos. Y, por lo tanto, solo creabas cosas constructivas y amorosas.

Pero, al venir a la Tierra, esto cambió. Es un proceso complejo que ahora mismo no os podemos hacer llegar de forma completa, pero podríamos decir que la parte mental se limitó.

Esto es muy importante: cuando adoptáis una forma humana, la parte mental se transforma, pero la parte emocional no.

Es decir, al venir aquí, tu parte mental cambió: se ocultaron muchas ideas de tu pasado, y también muchas ideas potenciales de tu futuro. Por esta razón no recuerdas de dónde viniste ni por qué, y también por esta razón muchas veces no ves claro hacia dónde ir.

Pero tu parte emocional está intacta. Tienes exactamente la misma capacidad de amar que antes de venir.

Una capacidad totalmente ilimitada.

¿Y todo esto para qué?


Una pregunta muy lógica que puede surgir aquí es: ¿y todo esto por qué? ¿Por qué motivo se limita la mente al venir a la Tierra? ¿Y con qué objetivo?

En lugar de dar una respuesta directa, pondremos un pequeño ejemplo.

Imagínate a una persona que ama la pintura. La ama tanto, que se pasa una gran parte del tiempo pintando: probando nuevas ideas, estudiando nuevas técnicas, etc. Al cabo de los años, se convierte en un gran pintor: con una gran destreza y con un estilo propio muy definido.

Esto, de entrada, es positivo: pinta cosas muy hermosas y con una gran personalidad.

Pero a la larga se convierte en un obstáculo. Al tener tanta experiencia, acaba haciendo siempre cosas parecidas, y le cuesta innovar.

Así que decide probar un nuevo experimento: borrar de su mente todos sus conocimientos sobre pintura, pero dejando intacto su amor por ella.

Quizás de entrada puede parecer una locura, pero es una manera de estar fresco, como un recién nacido, y poder explorar más fácilmente nuevos caminos. Al seguir teniendo un gran amor por la pintura, seguirá sintiendo el impulso de pintar. Y al no tener ideas pasadas en su mente, le será más fácil tener ideas nuevas.

Seguramente, al principio será duro, porque tendrá que volver a aprender a pintar, y durante un tiempo no tendrá claro cómo hacerlo ni hacia dónde ir. Pero, con mucha probabilidad, acabará siendo otra vez un gran pintor, y por el camino creará muchas cosas nuevas.

Ahora bien, imagínate que lo hiciera a revés. Imagínate que dejara su mente intacta, con todos los conocimientos que tiene, y borrara el amor.

Entonces no sucedería nada. Tendría muchos conocimientos, pero no tendría amor. Y, por lo tanto, no haría nada. No sentiría ningún impulso de pintar ni de crear.

Por esta razón el proceso de venir a la Tierra es el que es.

La mente se bloquea parcialmente para que olvidéis durante un tiempo vuestros conocimientos. Esto es duro al principio, y hace que os sintáis perdidos en muchas cosas, pero también os da una mirada totalmente fresca y os permite crear cosas nuevas.

Y no tiene absolutamente ningún riesgo, porque vuestro amor está intacto.

El impulso vital y amoroso que mueve la vida está presente en ti igual que siempre. Tu capacidad de sentir y amar no se ha reducido en lo más mínimo.

Lo único que ha cambiado es tu mente. Por esto a veces no ves claro qué camino seguir: las ideas que realmente amas están escondidas, y a veces no las ves.

Pero están allí, esperando que las encuentres.

Y si escuchas a tu corazón, tu amor te llevará hasta ellas.

Un gran abrazo,

Tu hermano de luz.

www.jananguita.es

Atrévete a ser feliz.

martes, 2 de julio de 2019

Sistemas de defensa de asimoss y amoss. Por David Topi.



Otro aspecto de la situación que estamos viviendo y que hemos explicado en los dos últimos artículos sobre los intentos de sellado de las bases amoss y asimoss está relacionado con la dificultad de esta tarea y proceso. Es algo realmente complicado de explicar por la cantidad de información que nos falta respecto a la estructura de poder que han ido consolidando a lo largo de los últimos 30 millones de años, que es el tiempo que los asimoss hace que llegaron a la Tierra, y algo más los amoss, pues recordemos que fueron ellos quienes trajeron a los grandes saurios, entre ellos el trodoon, que luego fue la base genética animal usada para crear al manu, luego el lhulu, luego el lhumanu y de ahí el homo sapiens muchos millones de años más tarde.

Así que, como podréis imaginar, el trabajo que ahora los diferentes grupos y jerarquías de la “naturaleza” y las fuerzas que asisten a Kumar están realizando es algo así como intentar desmontar y taponar todo un sistema físico-energético de túneles, bases, centros operativos y decenas de lugares de “residencia” que estas razas tienen por todo el interior del planeta, en la enorme cantidad de huecos, túneles, cavernas, y espacios subterráneos que hay desde la superficie prácticamente hasta el núcleo.

Por lo tanto, es como mandar unos miles de ingenieros a desmontar unas 300 ciudades en el interior terrestre, siendo los “ingenieros” todos esos seres y grupos que, bajo supervisión de Kumar, están intentando frenar el avance, poder y control de asimoss y amoss, principalmente, sobre la Tierra.

Una vez se vea que se ha consolidado y que se ha podido sellar una parte de las estructuras principales donde se encuentran los sistemas de reproducción, y el equivalente a nuestras “salas de maternidad” (para que podáis tener una idea de lo que tienen construido) podremos proceder con alguna otra iniciativa que se está gestando ya entre los Yo Superiores y grupos de ayuda para disminuir aún más el poder que siguen teniendo por doquier.

Hemos de pensar también que los sistemas de defensa y protección de asimoss y amoss son tremendamente sofisticados, ya que han tenido muchos millones de años para irlos perfeccionando. Por qué tienen o necesitan estos sistemas de defensa no tiene mucho que ver con los seres humanos, pues nunca llegaron a creer o imaginar que nosotros podríamos ser los que estuviéramos dando órdenes y haciendo solicitudes para expulsarlos, sino con el “temor” de que otras fuerzas y razas de allende vinieran para arrebatarles el control del planeta o de la raza humana que ellos habían creado, y, por lo tanto, hicieron muchos cambios en toda la estructura externa e interna, tanto a nivel físico como energético, del planeta, para prevenirlo.

Por ejemplo, fueron los asimoss los que cambiaron el nivel de la fuerza de la gravedad en la Tierra por manipulación del núcleo de la misma por procedimientos tecnológicos, que fue la verdadera razón que terminó con los grandes saurios de antaño, ya que, al adaptar y hacer el planeta mucho más “denso” y más “pesado”, pocas razas que no tuvieran capacidad de densificarse y bajar a un nivel “más sólido” podrían tener oportunidades de arrebatarles o hacerles frente en la Tierra.

Pero, al cambiar y aumentar la gravedad, todos los seres vivos de entonces, especialmente los dinosaurios, que no tenían fuerza suficiente para andar y desplazarse contrarrestando el empuje de los campos de la Tierra “hacia abajo”, quedaron “inmóviles” rápidamente, y fallecieron simultáneamente por millones en todo el planeta. Sé que esto contradice la teoría de que los grandes saurios fallecieron por un impacto de un meteorito, pero solo es otra de las desinformaciones del sistema de control que siguen activas en la psique colectiva de la humanidad.

Así que, en principio, seguimos esperando a que se produzcan avances en este proceso de taponamiento y aislamiento mientras, “allá arriba”, preparan nuevas ofensivas y planes que espero nos comuniquen cuando estemos listos para poder ponerlos en marcha.

Un abrazo,

David Topi


Breves mensajes I... Por Ashamel Lemagsa.








Perder el tiempo es tan importante como aprovecharlo


Perder el tiempo es un concepto muy relativo. Tanto, que convendría sanear un poco esta idea e incluso aplicarla desde otra perspectiva: como valiosa clave de bienestar. Pensémoslo bien, vivimos en una sociedad que nos ha convencido de que el tiempo es ‘oro’ y que cada segundo de nuestra vida debe estar bien aprovechado para sacar de él un beneficio, un rendimiento.


Asumir este enfoque al pie de la letra nos aboca sin duda a ese laberinto ya familiar y recurrente de los trastornos de estrés y ansiedad. Son esas condiciones que como un termómetro, reflejan una enfermedad latente en nuestro mundo, que no es otra que la de descuidarnos a nosotros mismos. Por tanto, el tiempo no es oro, ni plata ni estaño: el tiempo es vida.

Saber gestionarlo y permitirnos de vez en cuando no hacer nada y limitarnos a ‘ser, sentir y estar’ es ganar en salud. Sin embargo, nos cuesta mucho poner en práctica esta idea. Cuando pasamos tantas horas de nuestra vida en modo «productividad» incluso la mente llega a interpretar que echarnos en el sofá y descansar es perder el tiempo.

Por otro lado, expertos en gestión del tiempo, como el doctor Alex Soojung-Kim Pan, conocido también por su trabajo como consultor en Silicon Valley, nos explica en su libro Descansa, cómo ser más productivo trabajando menos, que es momento de hacer una reformulación profunda sobre nuestro estilo de vida y trabajo. Debemos tomar conciencia de que a veces perder el tiempo es ganarlo, es permitirnos recargar energías y hallar la calma entre el desorden.

«Trabajar mejor no significa trabajar más sino trabajar menos, de forma más productiva y descansar mejor».
-Alex Soojung-Kim Pan-

Perder el tiempo es ganar vida

Max Weber, conocido filósofo, economista y sociólogo de principios del siglo XX nos legó una valiosa reflexión que parece haber quedado diluida por el tiempo. Según él, con la llegada de la revolución industrial, las personas empezamos a relacionar la actividad laboral casi con un principio moral. Trabajar no era solo un modo de ganar dinero para subsistir, era (y es) mucho más que eso.

El trabajo para muchos es un modo de dignificar al ser humano. Actividad es productividad, es creación y un medio con el cual, contribuir a la sociedad. Todo ello es cierto, sin embargo; a veces, lo llevamos al extremo. Tanto es así que hay muchas personas incapaces de relajarse, hombres y mujeres que llegan a sentir auténtica frustración e incluso sentimiento de culpabilidad cuando no hacen nada.

Ese enfoque, ese donde se entiende que la inactividad es sinónimo de perder el tiempo, nos aboca a estados de alto desgaste psicológico. Un ejemplo, existe un curioso estudio llevado a cabo en la Universidad de Mainz, Alemania por parte del doctor Leonard Reinecke, donde nos señalan algo interesante. Una buena parte de nosotros llegamos a valorarnos de manera negativa cuando pasamos tiempo viendo la televisión.

Disfrutamos viendo películas y series, pero una parte de nosotros mismos actúa a menudo como un juez severo. ¿La razón? Nos recriminamos la inactividad y estar perdiendo el tiempo.

No seas como el conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas

¡Tengo mucha prisa, mucha prisa! decía el conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas. Este simpático e icónico personaje simboliza como nadie la imagen de esa dolencia que define a muchos: la de la ‘hiperocupación’. Admitámoslo, siempre tenemos algo que hacer, siempre estamos ocupados mirando el reloj y con la indefinible angustia de no poder llegar a nuestras obligaciones.

Este tipo de comportamientos se alimentan además de la’ hiperresponsabilidad’ y la autoexigencia. Hay que cumplir rápido y hay que hacerlo a la perfección, dos dimensiones que sin duda nos abocan al abismo de la ansiedad y a esos estados psicológicos tan desgastantes.

La cultura de la productividad y de la perfección, ha hecho que nos sintamos culpables por el mero hecho de darnos un tiempo donde «no hacer nada«. A veces, hasta intentando disfrutar de unas merecidas vacaciones, nuestra mente nos tortura con esos pensamientos sobre todas las cosas que, supuestamente, deberíamos estar haciendo.

Regálate tiempo, obséquiate con la vida

A veces, perder el tiempo no te quita nada; todo lo contrario: te da la vida. Pensemos en ello, es momento de eliminar de nuestra mente «los debería y los tengo que». Es el instante idóneo para permitirnos ser niños de nuevo, dejándonos llevar por el aburrimiento, incluso por esa dimensión donde surge por fin la voz de nuestro ser interno sintiéndose libre, relajado y hasta juguetón.

El arte de hacer nada está permitido, y practicarlo varias horas al día no deja secuelas, sino que abre puertas. La mente se higieniza, florece la creatividad, la reflexión y el rumor de la intuición. De hecho, ya nos lo señala el doctor Alex Soojung-Kim Pan en su libro Descanso antes citado: debemos entender que trabajar mejor no significa obligatoriamente trabajar más. De hecho, está demostrado que trabajando menos horas somos más productivos y nuestra calidad de vida mejora.

Aprendamos por tanto a obsequiarnos con ese regalo que excepcional que por mucho que queramos, es limitado: obsequiémonos con tiempo, regalémonos calidad de vida y la oportunidad de limitarnos sencillamente, a existir, a ser, estar y disfrutar con los cinco sentidos.

Valeria Sabater

Atrévete a ser feliz.


lunes, 1 de julio de 2019

Los Ritmos de Aprendizaje y su importancia en la educación


Los ritmos de aprendizaje hacen referencia al tiempo en que pueda tardar una persona para adquirir conocimientos. Ese lapso cronológico, en el que una alguien alcanza cierto discernimiento, está relacionado directamente con la capacidad cognitiva y física que pueda tener un individuo.

Aspectos que condicionan los ritmos de aprendizaje

Desarrollo cognitivo

Alimentación

Condiciones neuronales

Nivel de motivación

Edad del sujeto

Diferencias entre los ritmos de aprendizaje

Según el doctor en psicología, Luis Bravo Valdivieso, podemos distribuir los ritmos de aprendizajes en tres grupos; aprendizaje lento, moderado y rápido.

Ritmo de aprendizaje lento

El ritmo de aprendizaje lento se caracteriza por ser más pausado que la media común. En esta sección, se evidencian inconvenientes para poder almacenar conocimientos y evocarlos una vez adquiridos.

A lo mencionado se agrega la dificultad de procesar estímulos auditivos,retardando la respuesta a ellos.

Este factor tiende a intensificarse cuando se observa desde un panorama colectivo. En primer lugar, su entendimiento con compañeros será precario, al igual que su comunicación con el profesor. Esto traería como consecuencia, que su motivación disminuya con el pasar del tiempo.

Es común observar que aquellos compañeros que tardan más tiempo de lo habitual en graduarse de la ESO, la preparatoria o el bachillerato, solo han tenido poca atención personalizada por parte de sus docentes.Y tampoco hay que culparlos, no es nada fácil atender a una población de tantos estudiantes.


Para entender esto, podemos colocarnos en el puesto de una madre. A pesar de amar a su hijo y tener todas las ganas de ser una madre ejemplar, se le pueden complicar las condiciones de vida después de tener un bebé. Imaginémonos ahora que no solo es uno, sino tres, la situación se tornaría exponencialmente más complicada.

Ritmo de aprendizaje moderado

La persona que se encuentre en ésta categoría, están dentro del estándar promedio de estudiantes con un ritmo de aprendizaje “normal”. La adquisición de conocimientos, la concentración y la capacidad para desenvolverse con el medio son adecuadas.

Podemos catalogar a estos individuos como científicos, tal como bien lo mencionaba Piaget en su teoría, solo que en este caso se mantiene por el resto de la vida y se encuentra exclusivamente ligado a la cognición infantil.

Aquellos que poseen un ritmo de aprendizaje moderado, normalmente ponen a prueba aquellos conceptos que previamente fueron estudiados o analizados. Desde este punto de vista, existen mayores probabilidades de éxito en cualquier actividad que se pretenda hacer.

Ritmo de aprendizaje rápido

Vivir totalmente concentrado en el presente, es una característica de las personas con un ritmo de aprendizaje rápido. Ésta es una de las maravillas que nos permite tener ciertas características del pensamiento concreto.

Aquellos que poseen un ritmo de aprendizaje rápido pueden destacarse en multitud de actividades. Sin embargo, hay que resaltar que no siempre aprenderemos velozmente en las mismas labores u ocupaciones.

Entendiendo los ritmos de aprendizaje

En el sistema educativo clásico, se ha observado que las necesidades individuales o minoristas no son del todo comprendidas por los docentes. Esto trae por resultado que aquel alumno cuyo ritmo de aprendizaje sea más parsimonioso, sea desatendido.

No es un secreto que todos somos diferentes, incluso, se ha demostrado que ni siquiera gemelos homocigotos son del todo parecidos. Aunque en todo su potencial humano hayan características homogéneas, poseen variables en gustos o personalidad.

Es fundamental entender este punto, para saber porqué algunas personas demuestran interés y habilidades en determinados entornos o ambientes de aprendizaje.


Actualmente existe un enfoque centrado en el alumno, en este caso la adquisición de conocimientos por parte del estudiante se vuelve la labor más importante del docente. Es decir, el profesional en educación tiene que comprometerse con que el estudiante aprenda.

Especialistas en el tema consideran que con este método de aprendizaje, se puede mantener motivado al estudiante, propiciando concentración en temas de índole académica.

¿El resultado de sentirse motivado?… Fácil, despertar el interés o la curiosidad hacia el conocimiento, aparte de incentivar al pensamiento abstracto o creativo.

Cuando se combinan los materiales didácticos, en conjunto con estrategias pedagógicas, se aumenta la tasa de probabilidad para la adquisición de nuevos conocimiento y el cumplimiento de reglas.

Limitaciones en el sistema educativo

El modelo de educación personalizada no es lo suficientemente práctico para los organismos educativos públicos, debido a la alta matrícula de alumnado que comúnmente suelen manejar.


Comúnmente, un docente suele tener bajo su tutela a un número considerable de jóvenes que no necesariamente están del todo convencidos con que la escuela sea un sitio “cool”. Es allí donde todo docente debe inspirar curiosidad e interés hacia lo que se desea impartir.

La neuroeducación aborda esta materia. Sus postulados explican que todos tenemos la misma capacidad para aprender, solo que no todos nos emocionamos o nos estimulamos de la misma manera.

Nuestro centro emocional es un condicionante primordial a nuestras consideraciones o argumentos lógicos, es por ello que las historias despiertan alguna sensación interna en nosotros y nos hacen actuar en función a aquello que previamente sentimos.

Es decir, no le damos dinero a un niño de la calle solo porque sea un niño, sino porque quizás nos preguntamos si tiene familia o nos imaginamos a nosotros o a nuestros hijos, pasando por esas mismas condiciones de vida.

En caso tal de que estuviéramos pasando por las mencionadas condiciones, por supuesto que nos encantaría que alguien nos ayudase a resolver nuestras condiciones alimenticias o habitacionales.

¿Nunca te has preguntado porqué los discursos populistas son tan agasajados?

Pues resulta que todos ellos despiertan emotividad. Aquellos que las escuchan y apoyan, de alguna manera se sienten identificados emocionalmente con esas palabras, haciendo todo aquello que se les pide o pensando aquello a lo que se les persuade.

De igual forma actúa la educación. Es decir, que si primero no se buscan las formas de envolver emocionalmente a los estudiantes, no se podrán lograr los objetivos académicos preestablecidos.

Bien lo dijo Quino “educar es más difícil que enseñar, porque para enseñar usted precisa saber, pero para educar se precisa ser”

Por lo tanto, para incentivar el estudio y comprender a aquellos que tienen un ritmo de aprendizaje lento, debemos SER empáticos, graciosos y creativos.

Lograremos mucho más con esta estrategia, que en más de 300 años de regaños, castigos o reforzadores negativos.


ACERCA DEL AUTO-LENGUAJE


Nos referimos al auto-lenguaje como la forma en que tenemos de dirigirnos a nosotros mismos. Normalmente este tipo de comunicación la ejercemos para con nosotros mediante la forma de pensamientos. Es lo que comúnmente se conoce como la forma de hablarnos o de tratarnos. Una vez hemos entrado en materia de lo que conocemos como la natural forma de tratarnos, podemos pensar, y con razón, que según como lo hagamos tendremos más o menos probabilidades de vivir mejor o peor.

Y aquí matizo las palabras con cuidado porque quiero desvincularme totalmente de la psicología positiva que tanto ha usado el término ser feliz es igual a hablarnos bien y toda esa serie de afirmaciones que han usado de forma manida.


Y, aunque no estén del todo errados, esto es como en todo, puede ser así, pero con matices.

Podemos usar el poder del auto-lenguaje para sentirnos mejor (o peor), pero no deja de ser una herramienta (de potencia regulable por nosotros mismos), en nuestras manos, que depende de nosotros para ser mejor o peor.

Por tanto, los escépticos dirán aquello de: “pues a mí no me funciona”. O también: “Eso es psicología barata”.

Pero lo cierto es que, si el auto-lenguaje se utiliza, y con éxito, en programas de tratamiento para la depresión, fobias y otros trastornos psicológicos, será porque funciona, aunque como ya he comentado antes, es una herramienta más. En problemas complejos como los que acabo de mencionar es posible que no funcione por sí solo, y es que, como cualquier herramienta, o método más, es efectivo cuando está integrado en un tratamiento multidisciplinar, con más métodos y herramientas de trabajo.

Pero para lo que nos ocupa, que es la persona sin problemas complejos, una persona que se acoge a intentar solucionar mejor y de forma más productiva su día a día, vivir mejor y aprovechar más todas las oportunidades que se le presentan (en la vida, da igual del tipo que sea), el auto-lenguaje es importante tal cual por sí mismo y por eso debemos ser conscientes y cuidarlo y trabajarlo como se merece.

COMO USAR NUESTRA FORMA DE DIRIGIRNOS A NOSOTROS MISMOS EN NUESTRO BENEFICIO:

1º En primer lugar lo más importante es tomar conciencia, saber que la forma en que nos dirigimos a nosotros mismos influye en nuestras emociones y sentimientos, una vez somos conscientes de esto, incluso, si dudamos de que en realidad sea así, lo podemos poner a prueba, una vez teniendo esto claro es hora de empezar a trabajar sobre ello.

2º No se trata de intentar cambiar el pensamiento a estar todo el día agasajándonos. No es eso. Pero sí se ha comprobado que muchos de los pensamientos que tenemos están tan aprendidos, son tan inherentes a nosotros mismos que se han vuelto automáticos y, algunos de ellos muy negativos, influyen directa e indirectamente en nuestro estado de ánimo más inmediato, con lo que detectar este tipo de pensamientos automáticos, muchas veces se hace una tarea ardua y difícil pero necesaria.

3º Una vez empezamos a detectar los pensamientos automáticos y negativos que pueden entorpecernos, es importante observar como la mayoría de las veces son del tipo totalitario, todo o nada, bueno o malo, con lo que darnos cuenta de su irracionalidad ayuda a la hora de cambiarlos por otros más razonables y realistas.

4º Un buen ejercicio para darnos cuenta de lo irracional de nuestro lenguaje es intentar imaginar cómo nos sentiríamos si eso mismo se lo estuviéramos diciendo a una persona muy querida para nosotros mismos. Seguro que nos dolería muchísimo hablarle así. No tiene sentido, por tanto, hacerlo con lo más preciado que tenemos, nosotros.
Tomar estas reflexiones en serio y practicar a menudo con nuestros pensamientos nos ayudará a verlo todo con otros ojos, a crecer interiormente y a vivir mejor, pues nuestros pensamientos, nuestro yo interior pasará de ser un pequeño dictador a un yo mucho más comprensivo y justo.

Autor desconocido

http://buscandome.es

10 actitudes que acaban con nuestra energía


Existen actitudes que acaban con nuestra energía, que nos agotan mental y físicamente. En efecto, en ocasiones llegamos a hacer cosas, a veces sin darnos cuenta, o tenemos actitudes que nos roban nuestra energía, desviándola hacia preocupaciones y estados negativos que nos hacen sentir mal.


Cabe destacar que todos los seres humanos somos entes de energía, la cual es el motor que nos permiten trabajar con motivación y aprovechar al máximo todas las oportunidades que se nos presentan en la vida.

La energía es aquella que nos impulsa a hacer aquello que nos gusta y llevar a cabo acciones con éxito. «La energía es esencial para satisfacer nuestras necesidades más básicas», afirma la Organización Mundial de la Salud.

¿Te sientes sin energía, agotado mentalmente, desmotivado, y preocupado constantemente? Quizás estés llevando a cabo algunas actitudes que acaban con tu energía. Destacamos, a continuación, algunas de las que consideramos más relevantes.

1. Vivir anclado en el pasado

Vivir anclado en el pasado significa estar reviviendo continuamente lo que ya pasó, lo que ya ha sucedido, es el anhelo de un tiempo pasado que nos gustaría recuperar. Por desgracia para muchos, el pasado no se puede cambiar, no se puede modificar lo que ya ha ocurrido.

Por el contrario, el presente y el futuro sí, está en nuestras manos. Vivir anclado en lo que no se puede cambiar en vez de vivir el presente, el aquí y ahora, nos resta energía y nos agota mentalmente. Pues, ¿no sería más saludable gastar energía en lo que sí se puede modificar, en lo que está en nuestras manos en el presente en vez de gastar toda esa energía rememorando situaciones ya pasadas?

“Si el presente trata de juzgar el pasado, perderá el futuro”.
-Winston Churchill-

2. Sentirse culpable

En referencia al apartado anterior, Patti Brietman, en su obra Cómo decir No sin sentirse culpable, afirma que la culpabilidad nos roba la energía. Por consiguiente, acepta lo que ha ocurrido y libérate de la culpa que llevas sobre tus hombros y que no te permite ver el futuro ni vivir el hoy.

3. Falta de asertividad

¿Por qué nos cuesta tanto decir NO? Son muchas las personas acostumbradas a ceder, a hacer cosas para agradar. Personas que, frecuentemente, temen decir “no” por no llevar la contraria o por parecer egoístas.

En este sentido, decir constantemente «sí» provoca que tengamos tiempo para todos, pero no para nosotros. Por lo que nos olvidamos de nosotros para complacer al otro. No decir «no» agota, acaba con nuestra energía, pues nos obliga a estar muy ocupados haciendo cosas por los demás, dejando en un segundo plano nuestras necesidades y deseos.

«Hay que decir «no» a mil cosas para estar seguro de que no te estás equivocando o que intentas abarcar demasiado».
-Steve Jobs-

4. Dificultad para pedir ayuda

Todos conocemos a alguien, quizás la persona que está leyendo estas líneas, que prefiere emplear una buena cantidad de recursos para solucionar un problema antes que pedir ayuda. Seguramente conozcamos a alguna persona que prefiera fracasar antes que permitir que otro se sume al proyecto para sacarlo adelante.

Regular con inteligencia nuestros recursos implica saber delegar, pedir o demandar ayuda o consejo en aquellas situaciones en las que contar los demás puede convertir una montaña en un pequeño monte. Esto es así de manera especial en el mundo en el que nos movemos; hemos dejado a un lado la economía de subsistencia: cada uno se especializa en la prestación de un servicio, dejando el resto para los demás.

5. Preocuparse demasiado

Muchas de nuestras preocupaciones versan sobre acontecimientos que anticipamos. Así, no podemos dejar de hacernos una pregunta: ¿tiene sentido angustiarse por lo que todavía no ha ocurrido?

Las personas para las que preocuparse supone un hábito gastan una buena parte de sus fuerzas en enfrentarse con estas ilusiones. Por lo tanto, la preocupación roba gran parte de su energía, empleando mucho tiempo pensando en lo que ocurrirá cuando aún no ha sucedido.

«Hay dos tipos de preocupaciones: las que usted puede hacer algo al respecto y las que no. No hay que perder tiempo con las segundas»
-Duke Ellington-

6. Vivir en la queja

El psicólogo Joan Garriga afirma que “Quejarse baja la vitalidad de las personas”. Por consiguiente, quejarnos continuamente por lo que nos ocurre es una de las actitudes que acaban con nuestra energía.

La espiral continua de quejas no nos lleva a ninguna parte, sino que, por el contrario, nos paraliza.


«La queja utilizada en ciertas ocasiones es un modo de descarga o una válvula de escape a lo que nos está ocurriendo, nos desahogamos en cierta manera. Ahora bien, cuando nos aferramos a ella agotamos gran parte de nuestra energía quejándonos».

7. Proyectar hacia el futuro lo que no nos gusta

En ocasiones, postergamos planes u obligaciones porque nos dan pereza. De esta manera, nuestra agenda se llena de tareas pendientes. Dejar con frecuencia para mañana las tareas que menos nos apetecen es como cargar una nube, preparando una tormenta de consecuencias imprevisibles en lo negativo.

«Cualquier cosa que puedas soñar, que puedas hacer, empieza a hacerla. El atrevimiento conlleva genio, poder y magia. ¡Empieza ahora!».
-Goethe-

8. Ver el lado negativo de las cosas constantemente

Si piensas en el lado negativo de las cosas, si crees que algo malo va a suceder, pensando constantemente en que algo va a ir mal, probablemente algo podrá salir mal al tener una actitud negativa respecto a ello.

Es lo que se conoce como profecía autocumpida. El sociólogo Robert K. Merton afirma: «la profecía autocumplida es, al principio, una definición falsa de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva verdadera». Por lo tanto, siguiendo el pensamiento del autor, si creo que algo mal va a salir, probablemente saldrá mal.

9. Intentar controlarlo todo

Intentar controlar todo lo que hay a nuestro alrededor agota y es una de las actitudes que acaban con nuestra energía. Supone un esfuerzo en vano que te convierte en una fábrica de frustraciones y de ansiedad al no llegar nunca a ese control deseado.

En este sentido, pensar a todas horas en colocar cada ficha de tu tablero de la vida en su lugar es realmente complicado cuando no eres tú la única persona que juega la partida. ¿Acaso podemos controlar todo lo que nos rodea?

«Si pensamos que podemos llevar las riendas de cosas que por naturaleza escapan a nuestro control, o si intentamos adoptar los asuntos de otros como propios, nuestros esfuerzos se verán desbaratados y nos convertiremos en personas frustradas, ansiosas y criticonas».
-Epicleto-

10. No permitirte parar y desconectar

Sentarse en el sofá, darse un baño relajante al llegar a casa, ver una película con tu pareja, leer un libro o quizás llamar a esa amiga con la que tanto te gusta charlar. Existen infinidad de formas para parar y desconectar y aquí destacamos su importancia, pues, tal y como indica Maslow en su pirámide sobre la jerarquía de las necesidades humanas, descansar es una parte fundamental para el equilibrio.

Para concluir, recuerda que la vida que transita por la vía de la preocupación termina siendo un recorrido de escaso valor y mucho sufrimiento. Por lo que ríe, llora, ama, siente. Perder gran parte de nuestro tiempo preocupados, pensando en lo que podría haber sido o quejándonos provoca que nos olvidemos del presente, del aquí y ahora, de disfrutar de cada sensación.

“¿Amas la vida? Pues si amas la vida no malgastes el tiempo, porque el tiempo es el bien del que está hecha la vida”.
-Benjamin Franklin-

Laura Rodríguez

Atrévete a ser feliz.