viernes, 5 de abril de 2019

Diferencias entre Demencias y Alzheimer.


La importancia de comprender el envejecimiento normal

El envejecimiento es el gran fenómeno del siglo XXI ya que hay un gran aumento de personas mayores, pero ¿qué es envejecer?, envejecer es un proceso único, subjetivo, individual, irreversible que produce modificaciones en las personas. Se produce un declive de las capacidades motoras, intelectuales, cognitivas y sensoriales.


Este declive esta relacionado con el funcionamiento del sistema biológico, enfermedades, mejoría sanitaria de los tratamientos y estilo de vida.

Por regla general, tenemos establecido que el declive de las capacidades comienza con la vejez, es decir, a partir de los 65 años, pero en realidad nuestras capacidades sensoriales alcanzan su máximo desarrollo a los 20 años, produciéndose a partir de este momento un declive de éstas. Siempre tendemos a identificar vejez a enfermedad, pero no es así. Hay capacidades como son las emocionales, que en un envejecimiento sano siguen aumentando.

España esta sufriendo un crecimiento del envejecimiento demográfico muy rápido. El 16,9% de la población es población mayor de 65 años. Este proceso va en aumento de tal manera que tal y como nos muestran las investigaciones en 2050 habrá 16 millones de personas mayores de 65 años, lo que corresponde a un 36,4%.

Esta situación llevará a un ‘’sobreenvejecimiento ‘’ de la población, y este fenómeno afectara a la economía de los países, ya que los costes de las demencias en la salud serán desorbitados. Estas cifras resaltan la necesidad de buscar métodos y herramientas para realizar diagnósticos tempranos que permitan desarrollar intervenciones terapéuticas que retrasen el avance de la enfermedad.

Las causas de este aumento demográfico de población adulta son muy concretas; hay un descenso de la mortalidad, descenso de nacimientos, alargamiento de la esperanza de vida y migración de las personas jóvenes en busca de un futuro.

A ello se le une una democratización de la vejez, antes solo llegaban a ancianos las personas ricas económicamente, ya que eran las únicas que disponían de recursos, hoy en día, ya no es así. La mejora de la sanidad ha sido fundamental para el alargamiento de la esperanza de vida en toda la población independientemente de su clase social.

Diferencia entre envejecimiento normal y envejecimiento patológico

Una vez delimitado que es el envejecimiento y la importancia de conocer este proceso, daremos unas pinceladas sobre los aspectos fundamentales para diferenciar el envejecimiento normal del patológico, ya que la detención precoz de las demencias va a ser clave para la intervención posterior y así poder mejorar las condiciones de vida tanto del enfermo como de los familiares.

Cuando hablamos de envejecimiento normal hablamos de declive, mientras que cuando nos referimos al envejecimiento patológico hablamos deterioro.
Envejecimiento normal
Velocidad de Procesamiento

La velocidad de procesamiento se ve enlentecida. Las personas mayores tardan mas tiempo en comprender los que les llega, al igual que tardan mas tiempo en trasmitir información, pero a diferencia del envejecimiento patológico llegan a comprender y transmitir. Este enlentecimiento se produce porque hay una muerte neuronal
Memoria

La memoria no tiene una afectación muy grave a diferencia del patológico:


La memoria sensorial, memoria que nos permite retener información captada a través de los sentidos durante un breve periodo de tiempo, se encuentra enlentecida.

La memoria a corto plazo presenta dificultades en el registro y procesamiento de la información, dando lugar a olvidos cotidianos como por ejemplo no acordarse de donde han dejado las llaves.

En la memoria a largo plazo encontramos claves principales para diferenciar el envejecimiento normal del patológico;

Respecto a la memoria semántica, aquella que contiene toda la información de los conceptos gracias al a cuál comprendemos el mundo, sufre un pequeño declive a partir de los 60, pero no se ve especialmente afectada en el envejecimiento normal. Si saben quién es el presidente de España, o el nombre del pueblo donde viven.

La memoria episódica, aquella que contiene las vivencias del individuo, su autobiografía, no se encuentra alterada en el envejecimiento normal, mientras que, en el patológico, como veremos mas adelante, se encuentra deteriorada. Esta es una de las claves principales donde tenemos que hacer especial hincapié.

La memoria implícita es la más resistente, es la encargada de poner en marcha los procesos que tenemos automatizados, como las habilidades que hemos aprendido. Es de lo último que se pierde y en el envejecimiento normal se encuentra preservada
Funciones Ejecutivas

Las funciones ejecutivas, como la planificación, programación motora, atención, toma de decisiones o iniciativa, no están alteradas.
Envejecimiento patológico

Cuando hablamos de envejecimiento patológico hablamos de deterioro. Hay una afectación en las siguientes áreas:
Velocidad de Procesamiento

La velocidad de procesamiento también se ve alterada. Incluso más que en el envejecimiento normal, llegando a dificultar a la persona poder procesar y transmitir información.
Memoria

Respecto a la memoria cabe destacar los siguientes aspectos:

La memoria a corto plazo sufre un deterioro notable.

En memoria a largo plazo cabe destacar;

Afectación de la memoria semántica, a diferencia del envejecimiento normal, las personas con deterioro no saben, por ejemplo, el nombre de la ciudad donde viven.


La memoria episódica esta deteriorada. Comienza a mostrar dificultades en la memoria autobiográfica. Cuando una persona no es capaz de recordar en que trabajó, el nombre de su madre o cuando es su cumpleaños, por ejemplo, podemos comenzar a sospechar de un posible deterioro.

La memoria implícita es otra clave fundamental para diferenciar envejecimiento normal de patológico. Hay casos de amnesia y deterioro que tiene preservada esta memoria, es muy resistente y la última que se pierde, por ello, si esta se encuentra dañada, sería conveniente realizar una exploración más exhaustiva para ver de qué se trata ya que podríamos estar ante un caso grave de demencia.
Funciones Ejecutivas

Las funciones ejecutivas se encuentran alteradas en las demencias. La persona pierde funcionalidad y se vuelve más dependiente. Este es uno de los signos más llamativos y fácil de detectar para las familias. Por ejemplo, ya no sabe como poner la mesa, se le olvida como hacer una tortilla de patata, o no sabe dar el dinero exacto en la panadería para comprar el pan.
¿Qué es el Deterioro cognitivo leve?

El deterioro cognitivo leve o DCL, es un síndrome que cursa con la alteración de las funciones cognitivas, que no conlleva incapacidad funcional, a diferencia de las personas con demencia que si tienen afectada las funciones de la vida diaria.

Es indicador de que un sujeto tiene mayor probabilidad de padecer una demencia.Es fundamental realizar una evaluación neuropsicológica, ya que nos permite hacer un diagnóstico diferencial entre Deterioro Cognitivo Leve a causa de enfermedad de Alzheimer o por otras causas (depresión), como también nos permite distinguir diferentes tipos de demencia.

Un diagnóstico precoz del Deterioro Cognitivo Leve puede retrasar la aparición de una demencia. Aunque no debemos olvidar que un diagnostico de Deterioro Cognitivo Leve es un factor de vulnerabilidad para una posible demencia. Cuanto antes aparezca el Deterioro Cognitivo Leve mas probabilidad de que antes aparezca la demencia.

NORMAL Deterioro Cognitivo Leve DEMENCIA

El principal factor de riesgo para que aparezca un DCL es la edad, a este se le suman enfermedades reversibles como la hipertensión, el colesterol y la diabetes.
¿Cuáles son los síntomas de un Deterioro Cognitivo Leve?
La persona comienza a no recordar donde a dejado las cosas. Para diferenciarlo de los olvidos cotidianos asociados a la edad tenemos que observar la frecuencia con la que ocurren.
Olvida citas y acontecimientos importantes
Muestra problemas para encontrar la palabra adecuada
Tiene dificultades para seguir el hilo de las conversaciones
Tipos de Deterioro Cognitivo Leve
Deterioro cognitivo leve amnésico (DCLa); solo presentan alteración de la memoria.
Deterioro cognitivo leve amnésico de múltiples dominios (DCLa-md); presentan afectación de la memoria, pero también en otras áreas cognitivas.
Deterioro cognitivo leve no amnésico de dominio único (DCLna-du); no presentan alteración de la memoria, pero si de un área cognitiva
Deterioro cognitivo no amnésico de múltiples dominios (DCLna-md); no presentan alteración de la memoria, pero si de múltiples dominios cognitivos

Las investigaciones señalan que son las personas con DCLa las que presentan mayor probabilidad de desarrollar una demencia tipo Alzheimer.

Criterios diagnósticos para el Deterioro Cognitivo Leve amnésico
Quejas de la persona de que tiene problemas de memoria, preferiblemente corroborado por algún familiar o amigo cercano.
Capacidad de juicio, percepción y razonamiento normales
Ausencia de afectación del desarrollo de las actividades cotidianas (o afectación mínima de las más complejas)
Disminución del rendimiento en memoria constatado por pruebas cognitivas
Demencia tipo Alzheimer

La demencia tipo Alzheimer o EA es un tipo de demencia primaria y cortical, arranca en un módulo de nuestro cerebro y se extienden por toda la corteza, neurodegenerativa, incurable y altamente prevalente en la población geriátrica. Se caracteriza por una pérdida severa de la memoria y un deterioro en la funcionalidad.

El Alzheimer como otras demencias se instaura en la persona de forma insidiosa, por ello es difícil delimitar el momento en el que apareció la enfermedad.

Hoy en día la etiología de esta enfermedad sigue siendo desconocida, aunque hay investigaciones que apuntan que el perfil fisiológico de la persona contribuye al desarrollo de la enfermedad.
¿Qué pasa en el cerebro de una persona con Enfermedad de Alzheimer?

El cerebro de la persona que padece Alzheimer sufre lesiones en sus estructuras. Si lo miráramos de manera macroscópica veríamos cómo se están quedando sin cerebro, como una nuez que se seca, hay una pérdida masiva de neuronas lo que provoca una atrofia cortical.

Estos cambios se deben a dos proteínas fundamentalmente; proteína beta amiloide y proteína tau. El trabajo de la proteína tau en nuestro cerebro es estabilizar unos microtúbulos que tenemos para el buen funcionamiento de las neuronas.

Hasta aquí todo es señal de buen funcionamiento, el problema surge cuando la proteína tau sufre cambios tóxicos para nuestro cerebro formando ovillos neurofibrilares en el interior de las neuronas ocasionando la muerte neuronal. La proteína beta amiloide es la encarga de que los cambios tóxicos de tau se propaguen por el cerebro siendo irreversibles sus daños.

Aunque se conoce la etiología de esta enfermedad todavía no hay tratamiento que la cure, y su diagnostico definitivo es realizado post mortem mediante análisis neuropatológicos que confirmen el diagnostico realizado durante la vida de la persona.
Manifestaciones de la enfermedad de Alzheimer
Presentan déficit del funcionamiento de la memoria episódica
Déficit en la capacidad de aprendizaje y recuerdo de la información nueva
Dificultad para la recuperación de la información a largo plazo
No reconoce bien los estímulos
Dificultad para rotar objetos en el espacio, esta sintomatología va avanzando hasta disminuir la capacidad para reconocer objetos u organizarlos.
Se observan dificultades respecto al lenguaje, en la compresión y fluidez verbal. A medida que va avanzando la enfermedad muestran dificultades para nombrar los objetos (anomia). Cuando la enfermedad esta muy avanzada se deterioran todas las áreas del lenguaje.
Se va deteriorando su capacidad motora
Etapas de la enfermedad del Alzheimer

El Alzheimer cursa por etapas; etapa leve, moderada y grave. En la etapa levecomienzan a manifestarse los déficits cognitivos y cambios en la personalidad y la conducta. En esta etapa todavía conservar las actividades básicas como vestirse o asearse, pero hay una disminución de las actividades un poco mas complejas, como el control de la economía o la toma de medicamentos.

En la etapa moderada hay una mayor disminución de las actividades complejas y el sujeto necesita mayor supervisión. Finalmente, en la etapa grave pierde el control sobre las actividades básicas como el control de esfínteres, o deglución, creando una dependencia y perdiendo la totalidad de su funcionalidad y autonomía.

La disminución de las capacidades en las tres etapas provoca una incapacidad progresiva de realizar las actividades de la vida diaria.

Conclusiones

Me gustaría acabar este artículo remarcando de nuevo la importancia de detectar un posible deterioro cognitivo leve en sus fases iniciales, ya que así se puede retrasar la aparición de demencia, y las intervenciones multidisciplinares serán mas efectivas.

El Alzheimer es la enfermedad más frecuente en la población, cursa de manera insidiosa y si diagnóstico definitivo se realiza post mortem. Hoy en día no tiene cura, pero son muchas las investigaciones que se están llevando a cabo para paliarlo.


CÓMO SABER SI ESTOY CONSCIENTE O INCONSCIENTE.



Cuando dejamos por completo de estar identificados con las formas, la conciencia, lo que somos, se libera de su prisión en la forma. Esa liberación es el surgimiento del espacio interior. Se presenta como una quietud, una paz sutil en el fondo de nuestro ser, hasta en presencia de algo aparentemente malo.
Entonces, súbitamente, hay un espacio alrededor del suceso. También hay espacio alrededor de los altibajos emocionales, incluso alrededor del sufrimiento. Y por encima de todo, hay espacio entre los pensamientos. Y desde ese espacio, emana una paz que "no es de este mundo", porque este mundo es forma y la paz es espacio. Es la paz de Dios.

Entonces, podremos disfrutar y honrar las cosas de este mundo sin atribuirles la importancia y el peso que no tienen. Podremos participar en la danza de la creación y llevar una vida activa sin apegarnos a los resultados y sin imponer exigencias exageradas al mundo: lléname, hazme feliz, hazme sentir seguro, dime quién soy. El mundo no puede darnos esas cosas, y cuando nos despojamos de esas expectativas desaparece todo el sufrimiento creado por nosotros mismos. Todo ese sufrimiento se debe a que le hemos dado un valor exagerado a la forma y al hecho de no tener conciencia de la dimensión del espacio interior. Cuando esa dimensión se manifiesta en nuestra vida, podemos disfrutar las cosas, las experiencias y los placeres de los sentidos sin perdernos en ellos, sin apegarnos a ellos. Es decir, sin volvernos adictos al mundo.

Cuando se pierde la dimensión del espacio o cuando no la reconocemos, las cosas del mundo adquieren una importancia absoluta, una seriedad y un peso que realmente no tienen. Cuando no vemos el mundo desde la perspectiva de lo informe, se convierte en un lugar amenazador y, en últimas, en un lugar de desesperación.

La vida de la mayoría de las personas está atestada de cosas: cosas materiales, cosas por hacer, cosas en qué pensar. Sus mentes están atestadas de pensamientos, que se suceden uno tras otro sin parar. Esa es la dimensión de la conciencia del objeto, la cual, constituye la realidad predominante de muchas personas y es la causante de tanto desequilibrio.
A fin de que la cordura reine nuevamente en nuestro planeta, debemos equilibrar la conciencia del objeto con la conciencia del espacio. El surgimiento de la conciencia del espacio es la etapa siguiente en la evolución de la humanidad. Esta etapa ya la estamos experimentando.

Tener conciencia del espacio significa que además de tener conciencia de las cosas (que siempre se reducen a las percepciones sensoriales, los pensamientos y las emociones), hay un estado de alerta subyacente. Este estado de alerta implica que no solamente somos conscientes de las cosas (los objetos) sino también del hecho de ser conscientes. Es eso que percibimos como una quietud despierta en el fondo mientras las cosas suceden en primer plano. Es una dimensión que está presente en todos nosotros, pero que pasa inadvertida para la mayoría de las personas. Algunas veces la señalo cuando pregunto, "¿Puede sentir su propia Presencia?"

La conciencia del espacio representa no solamente la liberación del ego, sino también del materialismo y la materialidad. Es la dimensión espiritual, la única capaz de imprimir trascendencia y un verdadero significado a este mundo.

La razón verdadera por la cual nos molestamos ante una situación, una persona o un suceso no está en la persona, la situación o el suceso, sino en haber perdido la perspectiva verdadera que solamente el espacio nos puede proporcionar. Quedamos atrapados en la conciencia del objeto y perdemos de vista el espacio interior atemporal de la conciencia misma.

Cuando estamos muy cansados generalmente entramos en un estado de mayor reposo y tranquilidad de lo normal. Esto se debe a que los pensamientos se aquietan y dejamos de recordar ese yo problemático fabricado por la mente.
El alcohol y ciertas drogas (siempre y cuando no activen el cuerpo del dolor), nos hacen sentir más relajados, despreocupados y quizá más llenos de vida durante un tiempo. Podemos comenzar a cantar y a bailar, manifestando esas expresiones características de la alegría de vivir desde tiempos remotos. Al aligerarse el peso de la mente podemos vislumbrar la alegría de Ser. Quizás esta es la razón por la cual se habla de "bebidas espirituosas". Pero el precio es elevado: la inconsciencia. En lugar de elevarnos por encima del pensamiento caemos por debajo de él. Con unos tragos de más retrocedemos al reino vegetal.

La conciencia del espacio no tiene nada que ver con las "lagunas" mentales. Aunque los dos estados tienen en común el hecho de estar más allá del pensamiento, hay una diferencia fundamental entre los dos. En el primero, nos elevamos por encima del pensamiento, mientras que en el segundo caemos por debajo de él.
El uno es el paso siguiente en la evolución de la conciencia humana y el otro es un retroceso hacia un estado del cual salimos hace millones de años.

Ver televisión es la actividad (o más bien la inactividad) de esparcimiento predilecta de millones de personas del mundo entero. Para muchas personas, la televisión es "relajante". Si observamos atentamente, nos damos cuenta de que mientras más tiempo mantenemos la atención enfocada en la pantalla, más se suspende la actividad del pensamiento y más tiempo pasamos viendo solamente la entrevista, el programa de juego, la comedia o hasta los comerciales sin generar un solo pensamiento. No solamente olvidamos por completo nuestros problemas, sino que nos liberamos de nosotros mismos transitoriamente. ¿Qué podría ser más relajante que esto?

Entonces, ¿es la televisión un medio para crear espacio interior? ¿Nos ayuda a estar presentes? Desafortunadamente no es así. Si bien la mente suspende su actividad durante períodos prolongados de tiempo, se conecta con la actividad mental del programa de televisión. Se conecta con la versión televisada de la mente colectiva y entra a pensar esos pensamientos. La mente está inactiva únicamente en el sentido de no generar sus propios pensamientos. Sin embargo, está absorbiendo continuamente los pensamientos y las imágenes provenientes de la televisión. Esto induce una especie de estado de trance y mayor susceptibilidad, parecido al de la hipnosis. Es por eso que es ideal para manipular "la opinión pública", como lo saben bien los políticos, los grupos de interés y los anunciantes. Es por eso que pagan millones de dólares para sorprendernos inermes en ese estado de receptividad. Buscan reemplazar nuestros pensamientos por los de ellos, y por lo general lo consiguen.
Así, mientras vemos televisión, la tendencia es a caer por debajo del pensamiento en lugar de elevarnos por encima de él.

En esto, la televisión se parece al alcohol y a ciertas drogas. Si bien nos libera transitoriamente del ruido de la mente, el precio también es alto: la inconsciencia.
Lo mismo que las drogas, la televisión tiene una cualidad adictiva grande. Tomamos el control para apagar el aparato y en lugar de hacerlo comenzamos a repasar todos los canales. Media hora o una hora después todavía estamos viendo y recorriendo los canales. Es como si el botón de apagado fuera el único que el dedo no logra oprimir. Continuamos pegados al aparato no porque algo interesante atrae nuestra atención, sino precisamente porque no hay nada interesante para ver. 

Una vez atrapados, mientras más trivial y más sin sentido, más adictiva se vuelve. Si fuera interesante y desafiara el intelecto, llevaría a la mente a pensar nuevamente, lo cual sería más consciente y preferible a un trance inducido por un aparato. Entonces, las imágenes de la pantalla no mantendrían totalmente cautiva nuestra atención.
Si el contenido del programa es de cierta calidad, puede contrarrestar hasta cierto punto, o incluso deshacer el efecto adormecedor del medio de la televisión.
Hay algunos programas que han sido de gran ayuda para muchas personas, les han cambiado la vida para bien, les han servido para abrir el corazón y les han ayudado a alcanzar el estado de conciencia. Hay incluso ciertas comedias que, aunque no tratan ningún tema en particular, son espirituales sin saberlo porque nos muestran una caricatura del ego y de la sinrazón humana. Nos enseñan a no tomarnos nada demasiado en serio, a vivir la vida con despreocupación y, por encima de todo, enseñan por medio de la risa. La risa es extraordinaria como factor liberador y también curativo. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la televisión continúa bajo el control de personas totalmente sometidas al ego, de tal manera que continuamos bajo el control de esa segunda intención de adormecernos. Es decir, de sumirnos en la inconsciencia. 

Sin embargo, el medio de la televisión encierra un potencial enorme, todavía inexplorado.
Debemos evitar los programas y los comerciales que nos agreden con una secuencia acelerada de imágenes que cambian cada dos o tres segundos o menos. El exceso de televisión y de esos programas en particular es el causante en gran medida del trastorno del déficit de atención, una disfunción mental que afecta a millones de niños del mundo entero. Esos períodos breves de atención se traducen en percepciones y relaciones vacuas e insatisfactorias. Todo lo que hagamos estando en ese estado carece de calidad, porque la calidad requiere atención.

Ver la televisión con frecuencia y por períodos prolongados no solamente nos sume en un estado de inconsciencia, sino que nos induce a la pasividad y nos agota la energía. Por consiguiente, en lugar de ver cualquier cosa, elija los programas que desee ver.
Cada vez que recuerde, sienta la vida dentro de su cuerpo mientras está frente a la pantalla. Tome conciencia de su respiración periódicamente. Aparte los ojos de la pantalla a intervalos regulares para que ésta no se apodere por completo de su sentido de la vista. No suba el volumen más de lo necesario para que la televisión no se apodere de su sentido de la audición. Oprima el botón de silenciar el aparato durante los comerciales. Asegúrese de no dormirse inmediatamente después de apagar o, peor aún, de quedarse dormido con el televisor encendido.

¿Cómo saber si estoy consciente o inconsciente?

Cada vez que seas consciente del espacio que hay entre pensamiento y pensamiento, entre contenido y contenido, estás siendo consciente. Es decir, ser consciente de esta Vida que eres más allá del contenido de la experiencia. Esta Presencia que siempre es aquí y ahora, y que, a pesar de todos los sucesos y acontecimientos, siempre es inalterable, intocable y que nunca cambia.
Ser consciente es reconocer el observador que eres, más allá de todo movimiento y forma. Y que esta consciencia que eres, nunca está sujeta al tiempo ni a la experiencia. Es en sí misma Esto que no puede ser explicado ni descrito, pues carece de atributos.
Cuando observas atentamente todo el contenido de la experiencia y te preguntas “¿Soy consciente?” ¿Qué es lo que queda?.


Eckhart Tolle
“Una Nueva Tierra”.
Camino al Despertar

Camino al Despertar.

La ilusión de tiempo y espacio. Por Michael James.


El tiempo es un flujo constante del pasado al futuro. El presente es ese momento preciso en el tiempo cuando el pasado acaba y el futuro comienza. Con el paso de cada momento, el momento presente deviene parte del pasado, y un nuevo momento, que era parte del futuro, deviene el presente. Si dividimos el tiempo en sus fracciones o momentos más pequeños, la duración de cada uno de tales momentos será infinitesimal. Tales momentos infinitesimales pasan tan rápidamente que el instante mismo en el que cada uno aparece, también desaparece. Un momento que es el momento futuro inmediato en un instante, deviene el momento pasado inmediato al instante siguiente.

Sin embargo, incluso hablar de un momento o un instante del tiempo, es potencialmente engañoso, debido a que el tiempo es efectivamente un flujo continuo que no consiste en unidades enteramente distintas o claramente definibles llamadas momentos. Un momento es solo una fracción de tiempo conceptual, una fracción cuya duración es arbitraria. El momento más infinitesimal es un punto en el tiempo cuya duración es cero, y el preciso momento presente es un tal punto sin duración, debido a que es el fino borde o frontera inmensurable que separa el pasado del futuro. El instante mismo en el que el pasado acaba, comienza el futuro. Por lo tanto, el borde entre el pasado y el futuro es un punto infinitamente fino, un punto que no tiene ninguna duración o extensión.

Todo lo que existe entre el pasado y el futuro, es puro ser. En el instante inmensurable breve entre el pasado y el futuro, el tiempo permanece quieto, y todo acontecimiento cesa. El tiempo requiere alguna extensión o duración en la que moverse, de modo que en el instante infinitamente pequeño entre el pasado y el futuro, el tiempo no puede moverse, y no acontece nada. Por lo tanto, todo lo que podemos experimentar en ese instante infinitamente pequeño, en el preciso momento presente, es nuestro ser autoconsciente «yo soy».

Si escudriñamos el momento presente minuciosamente para discernir exactamente qué instante en el tiempo es presente, no seremos capaces de descubrir ningún instante discernible en el tiempo que pueda ser llamado el preciso momento presente, «ahora». Para discernir el preciso instante presente en el tiempo, debemos dejar de lado tanto el pasado como el futuro. El momento inmediatamente precedente al momento presente es pasado, y el momento inmediatamente siguiente es futuro. Si tratamos de dejar de lado incluso los momentos más inmediatos, sutiles y pequeños pasados y futuros, y discernir qué existe entre ellos, todo lo que encontraremos es nuestro ser sin-movimiento y sincambio ―la auto-consciencia siempre presente «yo soy».

Al ser sin-movimiento y sin-cambio, nuestro ser auto-consciente es atemporal. Por lo tanto, el preciso momento presente, el instante infinitesimal entre el pasado y el futuro, es un momento atemporal ―un momento que existe más allá de la dimensión del tiempo.

Así pues, nuestra experiencia de que el momento presente es un punto en el tiempo, es una ilusión, lo mismo que nuestra experiencia de que el lugar presente es un punto en el espacio, es una ilusión. Como hemos visto más arriba, si dejamos de lado todos los pensamientos de cualquier lugar otro que este preciso lugar presente, «aquí», y escudriñamos agudamente solo este preciso lugar presente para descubrir qué es la verdad o la realidad de él, descubriremos que verdaderamente no es un punto en el espacio físico, sino solo nuestro ser auto-consciente. Similarmente, si dejamos de lado todos los pensamientos de cualquier otro momento que este preciso momento presente, «ahora», y escudriñamos agudamente solo este preciso momento presente para descubrir qué es la verdad o la realidad de él, descubriremos que verdaderamente no es un punto en el paso del tiempo, sino solo nuestro ser auto-consciente. Cuando descubramos así que no hay ninguna tal cosa como un punto preciso presente en el tiempo, y que nuestra experiencia del momento presente en el tiempo es por lo tanto meramente una ilusión, una aparición imaginaria, descubriremos que el paso del tiempo, que experimentamos siempre solo en este momento presente ilusorio, es igualmente meramente una aparición imaginaria. Puesto que todos los puntos en el tiempo y todos los puntos en el espacio son experimentados solo en este punto presente en el tiempo y este punto presente en el espacio, ellos dependen para su existencia aparente de estos puntos presentes, el «ahora» y el «aquí» siempre presentes, que en realidad no son nada sino la presencia de la consciencia de nuestro ser siempre-presente, «yo soy». Por lo tanto, nuestro ser auto-consciente siempre presente, «yo soy», es la única sustancia o realidad no solo de este momento presente, «ahora», y de este lugar presente, «aquí», sino también de la apariencia entera del tiempo y el espacio.

Así pues, estas dos pistas, la pista del preciso lugar presente, «aquí», y la pista del preciso momento presente, «ahora», ambas apuntan a la misma realidad, nuestro ser autoconsciente siempre presente, «yo soy», que no está limitado ni por el tiempo ni por el espacio. En ciertos momentos, podemos encontrar de más ayuda seguir la pista de «aquí», en otros momentos podemos encontrar de más ayuda seguir la pista de «ahora», y en otros momentos podemos encontrar de más ayuda seguir ambas simultáneamente, pero cualquiera de ellas que elijamos seguir, la atención debe estar focalizada total y exclusivamente en la consciencia fundamental y siempre presente de nuestro ser, «yo soy». Cuando investiguemos la consciencia no-dual de nuestro ser, que siempre experimentamos como ser «aquí» y «ahora», descubriremos que tanto el tiempo como el espacio son imaginaciones irreales, y que nuestro ser auto-consciente no-dual es la única realidad, la única cosa que existe verdaderamente.


El tiempo y el espacio son conocidos solo por la mente, y, por consiguiente, dependen de ella para su existencia aparente. Ellos no son conocidos por la consciencia de ser esencial, que solo se conoce a sí misma, y, por consiguiente, no son conocidos por en el sueño profundo, en el que experimentamos solo nuestro ser auto-consciente. Sin embargo, aunque no son conocidos por la auto-consciencia esencial, ellos no podrían ser conocidos independientes de ella, debido a que ella es la única realidad que subyace a y sostiene la apariencia de la forma falsa de consciencia que conoce objetos que llamamos la mente, en cuya sola imaginación ellos existen.

Somos capaces de imaginarnos ser esta mente, que se experimenta a sí misma como un cuerpo que existe en el tiempo y el espacio, debido solo a que nos conocemos como «yo soy». Sin embargo, mientras la mente y el tiempo y el espacio conocidos por ella son apariencias transitorias, somos la realidad que siempre existe y conoce su propia existencia. Puesto que nuestra existencia o ser auto-consciente existe independiente del tiempo y el espacio, es la realidad absoluta ―la única realidad que existe verdaderamente. Por consiguiente, Sri Ramana pregunta, «Excepto “nosotros”, ¿dónde está el tiempo y dónde está el lugar?», implicando con ello que solo existimos verdaderamente, y que el tiempo y el espacio son meras apariencias ―imágenes mentales que no tienen ninguna existencia real suya propia.


La única manera de que experimentemos esta verdad de que solo nosotros existimos, exentos de todo tiempo y espacio, es que escudriñemos la consciencia de ser, que siempre existe aquí y ahora, en este preciso punto presente en el espacio y el tiempo. Mientras continuemos prestando atención o pensando en algo en el tiempo o el espacio otro que el preciso momento presente y el preciso lugar presente, continuaremos perpetuando la ilusión del tiempo y el espacio ―la ilusión de nosotros como un cuerpo, un objeto confinado dentro de los límites del tiempo y el espacio. Pero si prestamos atención solo al preciso momento presente o al preciso lugar presente, que son efectivamente uno y el mismo punto, no encontraremos en ellos ningún tiempo ni espacio, ninguna duración ni extensión, y por lo tanto ningún pensamiento de ningún tipo, sino solo la consciencia de ser absolutamente no-dual, «yo soy», que subyace a, aunque trasciende, todo tiempo, todo espacio y todas las formas de pensamiento.


Todo, todo tiempo y todo espacio, y todo lo que está contenido dentro del tiempo y el espacio, es solo una forma de conocimiento, una concepción o una percepción, y, por consiguiente, está todo contenido dentro de la consciencia. Y puesto que ninguna forma de conocimiento puede existir sin la consciencia que lo subyace, la consciencia no solo contiene todo, sino que está también contenida dentro de todo.

De hecho, la consciencia es la única sustancia fundamental de la que están hechas todas las cosas. Por lo tanto, puesto que todas las formas de conocimiento son en esencia solo la consciencia y ya que ella es esencialmente auto-consciente ―es decir, es en esencia solo la consciencia de nuestro ser― y puesto que la consciencia de nuestro ser es el punto absoluto que experimentamos como el preciso lugar presente, «aquí», y el preciso momento presente «ahora», este punto absoluto contiene todo y está contenido dentro de todo.

( Extracto del Capítulo 7: La Ilusión de Tiempo y Espacio )
Fuente: Michael James. La Felicidad y el Arte de Ser (Sanz y Torres, 2008)


jueves, 4 de abril de 2019

El origen del ruido, una fábula zen


Esta fábula zen nos cuenta que hace mucho tiempo hubo un gran maestro, que se hizo muy célebre por su enorme sabiduría. Se dice que su fama rebasó fronteras y, por eso, venían aprendices de todas partes para recibir las enseñanzas del maestro.


Quienes se convertían en sus discípulos decían que alcanzaban una gran evolución con sus enseñanzas. Cuenta la fábula zen que eran tantos los que querían estar a su lado, que el maestro tuvo que volverse muy selectivo, pues no daba abasto.

“Las raíces de la educación son amargas, pero la fruta es dulce”.
-Aristóteles-

Sin embargo, a medida que fue envejeciendo, el maestro comenzó a cambiar. Empezaron a circular rumores que no hablaban muy bien de él. Se decía que su carácter se había vuelto hosco y displicente. Que parecía como si constantemente estuviera malhumorado y que no trataba nada bien a sus aprendices.

El maestro solitario

Según esta fábula zen, las cosas cambiaron mucho para el anciano maestro. Así como antes se esparcía su fama de hombre sabio por todas partes, ahora solo se comentaba sobre su mal carácter. Algunos decían incluso que se había vuelto loco y por eso ya no toleraba a los demás.

Poco a poco, el maestro se fue quedando sin discípulos. Los pocos que se atrevían a llegar hasta su morada para consultarlo, salían despavoridos por su mal humor. En menos de un año, dejaron de llegar nuevos aprendices. El maestro se convirtió en un solitario, que pasaba días y noches encerrado en su casa, o paseando por los jardines que cuidaba con esmero.

Sin embargo, había un monje zen que sentía gran curiosidad por lo ocurrido. Le parecía imposible que un hombre tan sabio hubiese cambiado tanto, en tan poco tiempo. Él sabía que aquel anciano estaba dotado de grandes conocimientos y que había alcanzado una evolución muy grande. Así que decidió comprobar por sí mismo los rumores.

Los demás le insistieron para que no fuera a buscarlo. Según la fábula zen, muchos afirmaban que el maestro ya no solo era huraño, sino que incluso se había vuelto agresivo y totalmente desconsiderado con sus discípulos. Pese a todo, el aprendiz decidió ir a buscarlo.

Un encuentro sorpresivo

Dice la fábula zen que el joven aprendiz llegó a la morada del maestro y tocó a la puerta. Sin embargo, nadie le abrió. El muchacho vio que dentro de la casa había una vela encendida y por eso supo que el maestro estaba ahí. Así que insistió, pero no recibió ninguna respuesta.

Notó que el jardín estaba recién regado y que lucía esplendoroso. Descartó entonces que el maestro estuviera enfermo. Se asomó por una rendija de la casa y vio que el anciano estaba sentado, meditando. Así que se acurrucó junto a la puerta y se quedó dormido.

A la mañana siguiente, el viejo maestro abrió la puerta. El joven estaba medio congelado, pero aún así se mostró muy feliz al ver al anciano. En un tono despectivo, le dijo que pasara dentro y se sentara en una de las sillas. Casi ni lo miraba. Sus gestos y su voz eran agresivos.

La enseñanza de la fábula zen

Apenas el aprendiz se sentó, el maestro lo recriminó. “¡Siéntate como un ser digno, no como un estúpido!”, le dijo. El joven se sintió algo incómodo, pero inmediatamente enderezó la espalda y tomó una posición erguida. El maestro entonces tomó su tetera y se sirvió un té humeante y aromático, que se veía delicioso. El joven lo miraba ansioso.

“¿Quieres té?”, le preguntó el maestro y el joven asintió. Cuenta la fábula zen que el maestro tomó una taza, sirvió y luego le arrojó todo el té a la cara. “¿Es esta la manera de tratar a una visita?”, preguntó el joven. El maestro respondió: “Me pediste té y eso te di”. Luego cerró los ojos y entró en meditación. Al verlo, el aprendiz hizo lo mismo. Curiosamente, lo embargó una sensación de completa paz.

Así estaba cuando el anciano se incorporó y lo sacó de su éxtasis con una bofetada. El muchacho quedó petrificado. Entonces, el maestro lo golpeó de nuevo. Luego le preguntó: “¿Cuál es el origen del ruido: mi mano o tu mejilla?”. El muchacho guardó silencio y el maestro le hizo de nuevo la misma pregunta.

Por fin, el joven dijo: “El origen del ruido está en mi mente”. Comprendió que el ruido no era solo el sonido que salía del golpe, sino todos los sentimientos negativos que surgían en su interior.

Entonces, el maestro sonrió. “Eres el discípulo que estaba esperando hace tiempo”, le dijo. Luego, comenzó el aprendizaje. Aquel discípulo, tras unos años, se convirtió en uno de los más grandes maestros de la historia.

Edith Sánchez
Atrévete a ser feliz.

Y TUVE QUE ACEPTAR


Que no sé nada del tiempo, que es un misterio para mí y que no comprendo la eternidad.

Yo tuve que aceptar que mi cuerpo no sería inmortal, que él envejecería y un día se acabaría. Que estamos hechos de recuerdos y olvidos; deseos, memorias, residuos, ruidos, susurros, silencios, días y noches, pequeñas historias y sutiles detalles.

Tuve que aceptar que todo es pasajero y transitorio. Y tuve que aceptar que vine al mundo para hacer algo por él, para tratar de dar lo mejor de mí, para dejar rastros positivos de mis pasos antes de partir.

Yo tuve que aceptar que mis padres no durarían siempre, y que mis hijos poco a poco escogerían su camino y proseguirían ese camino sin mí. Y tuve que aceptar que ellos no eran míos, como suponía, y que la libertad de ir y venir, es también un derecho suyo.

Yo tuve que aceptar que todos mis bienes me fueron confiados en préstamo,que no me pertenecían y que eran tan fugaces como fugaz era mi propia existencia en la tierra. Y tuve que aceptar que los bienes quedarían para uso de otras personas cuando yo ya no esté por aquí.

Yo tuve que aceptar que barrer mi acera todos los días no me daba garantía de que era propiedad mía, y que barrerla con tanta constancia solo era una fútil ilusión de poseerla.

Yo tuve que aceptar que lo que llamaba “mi casa” era solo un techo temporal, que un día más, un día menos, sería el abrigo terrenal de otra familia. Y tuve que aceptar que mi apego a las cosas, solo haría más penosa mi despedida y mi partida.

Yo tuve que aceptar que los animales que quiero, y los árboles que planté, mis flores y mis aves, eran mortales. Ellos no me pertenecían. Fue difícil, pero tuve que aceptarlo.

Yo tuve que aceptar mis fragilidades, mis limitaciones, y mi condición de ser mortal, de ser efímero. Yo tuve que aceptar que la vida continuaría sin mí, y que al cabo de un tiempo me olvidarían. Humildemente confieso que tuve que librar muchas batallas para aceptarlo.

Y tuve que aceptar que no sé nada del tiempo, que es un misterio para mí. Que no comprendo la eternidad y que nada sabemos sobre ella. ¡Tantas palabras escritas, tanta necesidad de explicar, entender y comprender este mundo y la vida que en él vivimos!

Pero me rendí y acepté lo que tenía que aceptar y así dejé de sufrir. Deseché mi orgullo y mi prepotencia y admití que la naturaleza trata a todos de la misma manera, sin favoritismos.

Yo tuve que desarmarme y abrir mis brazos para reconocer la vida como es, reconocer que todo es transitorio, y que funciona mientras estemos aquí en la tierra. ¡Eso me hizo reflexionar y aceptar, y así alcanzar la paz tan soñada!

“La vida es un regalo que se te ha dado. Haz de este viaje algo único y fantástico. Aprende a ser generoso y a compartir lo que tienes con tu familia, tus amigos y los que lo necesitan”.

Por: Silvia Schmidt

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UNA RELACIÓN SAGRADA


Una relación sagrada es aquella donde puedes ser tú mismo sin temor a ser juzgado, porque eres aceptado en tu totalidad.

El mantener una relación sagrada es una invitación a vivir en el presente y ser honestos tanto con nosotros mismos como con el otro, es sacar afuera nuestros temores y confiar ciegamente, adquiriendo consciencia de todos nuestros aspectos para que los cambios puedan darse.

En la confianza y respeto mutuo se puede renacer a nuestra verdadera esencia, mostrando lo que somos en plena libertad. Sin importar nuestro pasado, porque se es consciente de que cada día es un nuevo comienzo y el otro me mira sin juzgarme, aceptándome a plenitud, permitiendo que me abra y me rinda ante su presencia.

Atreverse con valentía a embarcarse en una relación sagrada nos lleva a conseguir la más hermosa de todas las joyas, el famoso cáliz sagrado que guarda los grandes misterios de la alquimia transformadora del alma.

Obviamente no hay un manual de instrucciones pero si basas tu vida en este principio y cada día caminas con el estandarte del compromiso personal y la responsabilidad de Amar, te aseguro que tendrás la guía permanente de tu propia sabiduría interna.

Puede que pocos te entiendan, es por ello que el sendero a la espiritualidad ha sido tradicionalmente solitario, pero es hermoso el poder compartirlo con tu pareja, si ambos se comprometen en una alianza sagrada.

Poco a poco todo se empezará a transformar tanto en ti mismo como en tu entorno, consciente el transitar juntos el camino hacia la divinidad, lado a lado, a través de cielo e infierno, a través de brillantes cumbres donde todo se ve claro como cristal, y a través del oscuro valle de la muerte psicológica donde es difícil ver los propios pies uno delante del otro.

Anda por el estrecho camino, ten la plena seguridad que la Luz de tu Amor te guiará en medio de la oscuridad. Recurre a tu sagrado corazón, a tu romance contigo mismo, con el otro y con Dios, con los pilares de tu honradez y amor por el otro.

Fuente: Arquitectura Espiritual

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martes, 2 de abril de 2019

Resiliencia, ser fuerte a pesar de las tormentas


Los 3 principios de la reciprocidad
Los 7 principios del vencedor o el código bushido
Ley del mínimo esfuerzo para gestionar el estrés


Hay personas que se caracterizan por su gran capacidad de resiliencia. Precisamente son aquellas que tienen como arma su capacidad de seguir a flote ante las dificultades y como principal sostén la visión de la dificultad como aprendizaje.

Ellas saben que la inmunidad al sufrimiento es imposible y comprenden que las tormentas que hacen a nuestros días oscuros también son oportunidades para sobreponerse. Por lo que se arman de valor y continúan, teniendo como mantra proseguir para crecer, a pesar de las adversidades.


“Cuando hay una tormenta, los pajaritos se esconden pero las águilas vuelan más alto”.

-Mahatma Gandhi-
Ser resiliente en el día a día

La resiliencia es un concepto que ha adquirido gran relevancia en los últimos años. Sobre todo desde aquellas perspectivas, como la psicología positiva, que están más interesadas en investigar cuáles son las características que les permiten a las personas superar una adversidad, dejando en un segundo plano la comprensión de aquellos factores que aumentan la probabilidad de un trastorno mental.


Ser resiliente desde la psicología es ser capaz de afrontar la adversidad y salir fortalecido.



Cuando hablamos de resiliencia solemos pensar en hechos traumáticos, como la pérdida de un ser querido, sobrevivir a un accidente o a situaciones de maltrato… Pero en nuestro día a día también se dan situaciones complejas que tenemos que enfrentar. No hace falta que suceda una catástrofe, superar cualquier dificultad cotidiana como hacer frente a las críticas, conseguir superarse o comenzar el día con una sonrisa tras una época de tristeza también es ser resiliente.


Todos tenemos nuestras propias batallas con las que lidiar y nuestros propios recursos para hacerles frente de una manera u otra, tan solo hay que descubrirlos.
Características de las personas resilientes

Hay personas que son resilientes porque han tenido un ejemplo de resiliencia a seguir, como sus padres o un hermano, pero otras han aprendido a lidiar y sortear las piedras del camino por sí solas: han aprendido a partir del ensayo y error, se ha hecho fuertes a partir de sus propias cicatrices.

Esto nos indica que la resiliencia es una habilidad que todos podemos desarrollar y por lo tanto, practicar. Para ello, es necesario gestionaradecuadamente nuestros pensamientos y emociones. Encauzarlos por el canal que nos dé más control sobre ellos es fundamental.

A continuación te contamos algunas de las principales características de las personas resilientes para que puedas comenzar a entrenarlas.
1. Saben adaptarse a los cambios

Las personas resilientes tienen como los juncos la capacidad de ser flexibles cuando el viento azota con fuerza. Saben que ir en contra de las circunstancias las hará perder energía y optan por tener una mente abierta ante las diferentes opiniones y circunstancias.

Se desprenden de sus viejas creencias, prejuicios e inseguridades para vestirse con nuevos trajes que les acompañen en los momentos de cambio. Pero no se adaptan por resignación sino porque saben que existen otros mundos diferentes que no por ser distintos son erróneos.


“El agua lo vence a todo, porque se adapta a todo”.

-Lao Tse-


2. Se apoyan en sus fortalezas

Las personas resilientes se conocen. Saben qué es aquello que les hace daño y les molesta y comprenden que el soporte fundamental de su bienestar depende de cuidarse a sí mismas. Las personas resilientes saben identificar sus debilidades pero también sus fortalezas para ponerlas en marcha cuando sea necesario.

Utilizaran sus ganas de luchar, su motivación, su esfuerzo y sus habilidades como los cimientos para seguir adelante. Pero, sobre todo, se respetan a sí mismas y se tienen en cuenta porque saben que conocerse es el paso fundamental para crecer y establecer relaciones sanas con los demás.


“Cada persona es una isla en sí misma, en un sentido muy real, y solo puede construir puentes hacia otras islas si efectivamente desea ser él mismo y está dispuesto a permitírselo”.

-Carl Rogers-
3. Saben que aceptar es necesario para avanzar

Las personas resilientes saben que la aceptación es la compañera aliada del avance y el cambio. Porque solo cuando aceptamos lo que nos ocurre podremos comenzar a trabajar para mejorarlo. De otra manera, si lo negamos lo único que hacemos es darle más fuerza.


Las personas resilientes saben que aceptar es comprender y afrontar, no darse por vencidos.


4. Consideran que nadie es inmune al sufrimiento

Ser resiliente no quiere decir que una persona no tenga heridas, sino que a pesar de ellas la situación adversa le ha sido instructiva de algún modo. Ha sido capaz de aceptar el dolor y en lugar de sumergirse en él, ha optado por aprender.


Las personas resilientes saben que escudarse y protegerse del dolor no siempre va a funcionarles, ya que huir las alejaría de la posibilidad de comprender qué les sucede y seguir creciendo.

Como ves, ser resiliente puede aprenderse y entrenarse. De hecho, tendría que ser una enseñanza fundamental en las escuelas. Siempre vale la pena aprender estrategias para mejorar y seguir creciendo y la resiliencia es esa capacidad que nos permite ser fuertes a pesar de que el viento azote con fuerza, adaptándonos lo mejor posibles a los baches que conforman las pérdidas, las decepciones, los traumas y los fracasos.

Tu también eres resiliente, no lo olvides ¿o es que no has superado ninguna dificultad o situación en tu vida? Piensa y recuerda en aquella vez que fuiste valiente y a pesar del miedo, te lanzaste a la piscina…


Gema Sánchez Cuevas
https://lamenteesmaravillosa.com


Ataques de pánico: cómo superar el miedo extremo


Quien los sufre, se ahoga y cree que puede morir, mientras el médico le asegura que es simple nerviosismo o, peor aún, que no hay causa alguna. ¿Qué miedos profundos esconden? ¿Cómo vencerlos?


De pronto siente mareo, se le nubla la vista, le cuesta respirar y le parece que el corazón le late a mil por segundo. Toda esta sintomatología aparece de repente, en cualquier momento y en cualquier lugar.


A veces surge al cruzar la calle, otras al bajar al metro y, aunque pueda desaparecer al cabo de pocos minutos, a quien la sufre siempre le queda una fuerte sensación de miedo y de inseguridad, como si se hubiera salvado de milagro de un gran peligro y no supiera bien dónde había estado el riesgo.


Queda no obstante el miedo a que ese “ataque” se repita, en cualquier lugar y momento, y sin saber cómo prevenirlo.

¿Qué es un ataque de pánico?


Estos accesos inesperados y recurrentes se conocen como “ataques de pánico” y se han convertido en un problema masivo, en una epidemia característica de nuestras sociedades urbanas.


La persona que sufre estas crisis no sabe por qué le ocurren y termina por avergonzarse de sus dificultades e intenta disimularlas por todos los medios.


Si vuelve a ocurrirle varias veces, empieza a desarrollar hábitos que siente que le ayudan, pero que en realidad limitan su vida.


Evita situaciones que podrían causar el “ataque”, se prohibe actos que podrían desencadenarlo y realiza otros porque intuye que pueden atenuar las consecuencias.


Pero el resultado de este tipo de pensamientos es que la persona tiende a encerrarse, a salir poco de casa o a hacerlo siempre en compañía, se niega a viajar en transportes públicos, a conocer gente, a entrar a un restaurante o un cine.


Se va acostumbrando a disimular ante sus amigos y su familia y se aísla cada vez más. Huye de los espacios abiertos (actitud que se conoce como agorafobia), de los lugares muy concurridos, de las fiestas, de la gente que no conoce.


Así, estos “efectos secundarios” sociales de los ataques de pánico pueden llegar a ser tan destructivos como el propio episodio.

Síntomas


Cuando la persona que se enfrenta a este problema se da cuenta del círculo en el que ha entrado, busca desesperadamente pistas para entender qué le ocurre.


Lo primero que percibe es que la sensación de pánico aparece unida a manifestaciones físicas: mareos, falta de aire, vista nublada, palpitaciones. Y piensa que tal vez todo se deba a algún problema corporal.


Suele empezar entonces un largo camino por consultorios médicos de diversas especialidades, donde se escucha casi siempre la misma respuesta: “Usted no tiene nada en absoluto, sus exámenes clínicos han salido del todo normales, deje de preocuparse”.


Pero esta respuesta no despreocupa, sino que inquieta mucho más, ya que la persona que padece ataques de pánico tiene entonces la sensación de que todo lo que ha contado en sus visitas médicas “no existe”, y se sumerge poco a poco en un estado de vulnerabilidad psicológica.


Se siente cada vez más frágil porque no encuentra el modo de relacionar la sensación de “peligro” con los recursos que tiene para enfrentarse a él. Y más cuando se le dice y se le repite una y otra vez que no son los recursos físicos los que necesita activar.

La angustia es humana


Aunque creamos que los ataques de pánico son una dolencia “moderna”, ya fueron diagnosticados por Sigmund Freud en 1895. Sin embargo, Freud los llamó neurosis de angustia.


Creo que la denominación original permite orientarse mejor en la comprensión del tema, mientras que “ataque de pánico” lleva a una encerrona: predispone a creer que estamos hablando de un ataque a la integridad psicofísica (mi cuerpo, mi mente) por parte de algo que está fuera de uno, que es ajeno.


No es sólo una cuestión de palabras. La expresión “ataque de pánico” presupone una cierta pasividad por parte de quien lo sufre e induce a sobrevalorar la importancia de la intervención externa, instrumental y química en la solución del episodio.


El término “angustia” habla en cambio de algo profundamente humano, que nos compromete íntimamente. La angustia es algo que uno vive, un estado por el que uno transita y del que uno mismo puede salir. La ayuda puede provenir de fuera, pero requiere una actitud activa de parte de quien padece el trastorno.

Las causas de angustia actual


Los recursos para superar estas crisis se encuentran en el interior de cada persona y en el modo en que cada uno pueda ir resolviendo su relación con el entorno, con el mundo que lo rodea y del que forma parte.


Hay que remarcar que estos ataques inciden justamente en esos dos puntos clave: en la relación con uno mismo y con el mundo circundante.


A poco de salir de una crisis, la persona se pregunta inmediatamente por su identidad: “¿Soy yo realmente, esto me está pasando realmente a mí?”. No se reconoce ni reconoce el lugar y los objetos de su alrededor: “He estado mil veces en este lugar, pero es como si fuera otro, no sé, distinto, peligroso”.


¿Qué ha pasado en la sociedad contemporánea para que estos ataques de angustia se hayan hecho tan comunes? Cabe pensar que algo malo ha sucedido en la relación del ser humano con el prójimo, con su medio, con los valores, con la naturaleza, con el sentido de la vida.


Se ha instalado un sentimiento de distanciamiento con “el otro” que disminuye nuestra posibilidad de asimilar lo extraño, de darnos tiempo para que lo novedoso muestre sus atractivos sin que nos inspire temor, desconfianza y, al final, angustia.

La angustia básica y existencial


Pero tengamos en cuenta que existe una experiencia de la angustia que es universal, constitutiva de nuestra condición humana. ¿En qué consiste, y por qué señalo que es una “experiencia”?


Al decir que es una experiencia y no sólo un sentimiento, quiero expresar que pertenece simultáneamente al ámbito de nuestros sentimientos, de nuestras sensaciones corporales y de nuestros pensamientos. Nos afecta en todos los ámbitos como seres humanos que somos.


La palabra angustia (angst, en alemán) remite a “angosto”, a estrecho, a esa sensación de opresión del pecho que sentimos como dificultad respiratoria y miedo a la muerte. Los anglosajones la llaman “ansiedad” (anxiety). La ansiedad se parece casi por completo a su hermano el miedo, pero no es lo mismo.


La angustia es un miedo sin objeto evidente. La vamos construyendo a lo largo de la vida, a medida que percibimos que estamos solos y que algún día moriremos.


Esta angustia es universal e inevitable, un trasfondo de desolación sobre el cual se construye toda la existencia humana.


Todas las civilizaciones, todas las culturas, han creado mitos (como la caída del paraíso o la pérdida de la inocencia originaria) que representan ese estado de angustia existencial que nos invade.

El miedo es útil

Además de esta angustia básica, común a todos por el hecho de vivir, podemos sentir lo que se conoce como “angustia señal”, a la que sería mejor llamar directamente miedo.

El miedo tiene la importante misión de alertarnos sobre posibles amenazas a nuestra integridad. El miedo es un arma defensiva que nos previene de los peligros. Y si no podemos evitarlos, nos permite que luchemos contra ellos.

Esta “angustia señal” o miedo es una cualidad fundamental de la evolución biológica, por su valor como preservación de los seres vivientes. Nos facilita la supervivencia.


Nuestro sistema nervioso y endocrino dispone de una compleja serie de dispositivos orgánicos, muy afinados, para sostener y fortalecer este miedo útil. Valgan como ejemplo dos.

El primero tiene que ver con nuestra memoria, que graba con mucha más intensidad los recuerdos ligados a la experiencia del miedo.

El segundo se refiere a nuestra capacidad de lucidez. Cuando se nos disparan los instrumentos biológicos del miedo, nuestra atención se concentra en el objeto amenazante, impidiendo cualquier distracción reflexiva o sensorial. Solo veo, s0lo oigo, s0lo pienso en lo que me amenaza.


El ser humano ha cuidado amorosamente su miedo, lo ha utilizado como un instrumento de preservación de la vida en el planeta.

Cuando el miedo y la angustia se convierten en pánico


Ahora bien, hemos hablado de la angustia básica que constituye un fondo común a nuestra condición humana, y de la angustia “señal” o miedo que nos previene de peligros.




Pero a veces esa angustia básica deja de ser un “fondo” y avanza al primer plano, se convierte en una figura protagonista de nuestra existencia.


Y el miedo útil pasa a ser una alarma hipersensible, que se dispara erráticamente.


Las razones de este cambio son difíciles de discernir pero están ligadas siempre a sucesos de nuestra historia personal. Pero la más mínima sensación corporal que se parezca a algunos de los síntomas del ataque de pánico puede disparar de nuevo los mecanismos del miedo.


El ataque de pánico o neurosis de angustia se vive pues como la irrupción brusca y cruda de un miedo sin palabras, un ter­ror corporal que brota de una fuente desconocida e inaccesible. Y esos temores tempranos están presentes en los síntomas corporales mencionados.


La persona lucha entonces por controlarlos y ocultarlos. La situación empeora, entrando en una espiral ascendente. En este momento se hace necesaria la intervención psicoterapéutica.

Cómo tratarlo y aliviarlo: la terapia

Acercarse a las motivaciones más profundas de nuestra ansiedad es el primer paso para aliviarla.


Al comienzo de la terapia la persona abandona ya el esfuerzo estéril de controlar o disimular sus síntomas. Esa primera liberación permite trabajar sobre el cuerpo, intentando aflojar la tremenda tensión acumulada en la musculatura respiratoria.

Deshacer la rigidez


El cuerpo necesita rebajar la intolerable hipersensibilidad a los síntomas de la angustia que ha ido desarrollando poco a poco.

Cuando se ha logrado destrabar y ablandar el cuerpo, es posible avanzar sobre la idea de que también la mente está paralizada, bloqueada y se halla totalmente indefensa y sin recursos para buscar alternativas a la mecánica de la angustia.


El cuerpo está rígido porque ha adoptado las formas rígidas de nuestros pensamientos inspirados en el miedo.


Si cobramos conciencia de la relación entre los síntomas y sus motivaciones, ganamos una mirada más serena sobre esas partes de nuestra historia que deben ser revisadas y reestructuradas.


Al tomar contacto paulatino con la fuente del dolor, es posible volver a colocar la “experiencia de la angustia” en aquel “fondo” común a todo humano. Es como si un río se hubiera desmadrado y tuviéramos que reconducirlo a su cauce natural.


De lo que se trata es de, en lugar de negar la angustia, hacer justamente todo lo contrario: considerarla una experiencia vital.


Al integrarla poco a poco en el fluir de nuestra existencia, dejará de ser un obstáculo para vivir mejor.

https://www.cuerpomente.com

El Trastorno de Identidad Disociativa



El trastorno de identidad disociativa es un tipo de trastorno que genera una desconexión en la personalidad del individuo. Anteriormente se conocía como “trastorno de personalidad múltiple”. Es una alteración del sentido de identidad de la persona, que hace que sienta como una experiencia de separación o sensación de estar fuera sí y de pérdida de memoria o amnesia. Los trastornos disociativos se asocian frecuentemente con experiencias traumáticas.

Contenido

Signos y síntomas del trastorno de identidad disociativa

Una persona con trastorno de identidad o personalidad disociativa puede pasar por cambios drásticos en el comportamiento, la apariencia y los patrones del habla de una personalidad a otra. Es posible que no recuerde lo que ha hecho durante largos períodos de tiempo, ni lo que ha sucedido cuando se encontraba en una “identidad” diferente.

La persona cambia de identidad a identidad, o siente la presencia de dos o más personas que viven dentro de su cabeza. Cada identidad puede tener su propio nombre y características tales como género, voz, forma de expresarse, moverse, etc. A menudo, cada identidad emerge para desempeñar un papel particular, como lidiar con la ira o el miedo.


Los síntomas incluyen
La existencia de dos o más identidades distintas (o “estados de personalidad”). Las identidades distintas están acompañadas por cambios en el comportamiento, memoria y pensamiento. Los signos y síntomas pueden ser observados por otros o informados por el propio individuo.
Continuas lagunas en la memoria sobre acontecimientos cotidianos, información personal y / o eventos traumáticos pasados.
Los síntomas causan problemas o dificultades importantes en el área personal, social, laboral u otras áreas de funcionamiento.

Principales características

Una alteración de la identidad aparece cuando, como hemos dicho, la persona tiene dos o más estados de personalidad distintos, esto en algunas culturas o religiones se conoce como “posesión” por un espíritu o entidad.

El cambio en la identidad conlleva comportamientos alterados, emociones, pensamientos, recuerdos y percepciones diferentes, y estos pueden ser observados por otros o informados por el propio individuo.
¿Qué hace que una persona tenga una identidad disociativa?

La principal causa del trastorno de identidad disociativa es un trauma severo y repetido en la infancia, que a menudo comienza antes de los 5 años. Esto puede incluir abuso verbal, físico o sexual, o negligencia grave.

El diagnóstico del trastorno de identidad disociativa es controvertido, y algunos expertos incluso debaten si existe. Desgraciadamente, los intentos de suicidio y otras conductas autolesivas son comunes entre las personas con trastorno de identidad disociativa. Se sabe que hasta un 70% de los pacientes con este trastorno han intentado suicidarse.
Tratamiento del trastorno de identidad disociativa

La principal forma de tratamiento para el trastorno de identidad disociativa es la psicoterapia a largo plazo. Esto generalmente implica sesiones frecuentes y regulares con un terapeuta durante varios años.


Muchas personas con trastorno de identidad disociativa también tendrán otros trastornos mentales, como ansiedad y depresión. No existe un medicamento específico para el trastorno de identidad disociativo, aunque estos otros trastornos de salud mental a menudo se tratan con psicofármacos específicos.

Referencias

McHugh PR. Trastorno de personalidad múltiple (trastorno de identidad disociativo). [Marzo de 2009]; Disponible en http://www.psycom.net/mchugh.html

Decker HS. Quen JM (ed). Mentes divididas / Cerebros divididos: perspectivas históricas y actuales. Nueva York: NYU Press; 1986. El atractivo del no materialismo en la Europa materialista: investigaciones de fenómenos disociativos, 1880-1915; pp. 31–62.

Herman J. Complex PTSD: un síndrome en sobrevivientes de traumas prolongados y repetidos. J Traumat Stress. 2006; 5 : 377–391

https://www.betterhealth.vic.gov.au/health/conditionsandtreatments/dissociation-and-dissociative-disorders

https://www.psicoactiva.com

El lado oscuro del despertar espiritual. Lo que nunca se dice.


La espiritualidad se trata de estar mejor conectados con nosotros mismos o con todo lo que es. De hecho, es completamente mágico y hermoso experimentar la magia y la unidad que nos rodean y las conexiones espirituales que suelen traer.

La pregunta en realidad es ¿cómo podemos llegar a este punto? ¿Cómo podemos llegar a ser aún más espirituales o cómo es el camino hacia la espiritualidad?

Los despertares espirituales tienen lados oscuros y sinceramente, también pueden ser desordenados.
El camino que lleva a descubrir nuestro “yo espiritual” puede ser bastante accidentado y también habrá muchos obstáculos. La espiritualidad no siempre es bella y perfecta.

La espiritualidad se volverá hermosa una vez que nos demos cuenta de que nuestro viaje será lo que hagamos, o una vez que nos aceptemos a nosotros mismos, a otras personas y nuestras experiencias sobre qué o quiénes son esas personas y experiencias.

Convertirse en una persona más espiritual significa que debemos tener la capacidad de mirarnos a nosotros mismos, a los demás, y también a situaciones con un pequeño prejuicio.

De hecho, la espiritualidad nos enseñará a no odiar a quienes nos lastiman, sino a amarlos más. Además, nos enseñará a aprender las lecciones de cada herida, justo antes de curarla.

Sin embargo, esto realmente no pinta la imagen perfecta de las vibraciones Zen, ¿verdad? ¿Acaso la espiritualidad no nos hace felices y tranquilos?

Muchas personas no están conscientes de este hecho, pero lo que a menudo desencadena los despertares espirituales son eventos traumáticos o eventos que cambiarán nuestras vidas.
Estas sesiones llenas de acontecimientos generalmente nos envían en una espiral y algunas veces hacia arriba, mientras que otras veces hacia abajo. Entonces comenzamos a ver nuestra vida desde otra perspectiva, y generalmente, esto llevará a una búsqueda del tesoro espiritual.

Entonces, comenzamos a buscar respuestas, ya que sabemos que tiene que haber una razón particular para todo lo que sucede. También pueden aparecer algunas sensaciones nuevas y pueden ser sentimientos, ver y escuchar más.

Finalmente, comenzaremos a aceptar la idea que dice que probablemente haya algo más en la experiencia de lo que nuestros ojos pueden encontrar. Una vez más, vamos a buscar respuestas.

Por lo general, cuando empezamos a despertar, nos sentiremos completamente desconectados de las personas que nos rodean, al igual que nos alejamos de las vieja vida que una vez vivimos. Será un momento hermoso, o doloroso, y confuso al mismo tiempo.

Lo que sucede es que el alma se despierta y busca desenterrar a la persona que realmente somos. Sin embargo, ¿cómo podemos desenterrar el ser único sin desentrañar también todos los aspectos de nosotros mismos que no nos gustan? ¿Cómo pueden curarse los aspectos sin reconocer nuestras heridas primero?

Despertarse significa mirar cada cosa que está dentro de nosotros y alrededor de nosotros: tenemos que mirarnos a nosotros mismos, a nuestras vidas y a aquellos que están en ella.

Necesitamos observar profundamente cada situación que se nos presenta. Este es el comienzo de la curación y las transformaciones.

Al descubrir el lado espiritual, nuestro espíritu nos llevará en un viaje, que no está destinado a lastimarnos o herirnos, sino a ayudarnos y sanarnos para que podamos volver a estar completos una vez más.

Debemos recordar que elevar las vibraciones no solo significa vivir vidas positivas o tener pensamientos positivos y felices. De hecho, pensar y actuar la mayor parte del tiempo positivamente requerirá mucho trabajo, cuando todavía estamos rotos por dentro.
Necesitamos volver a nuestro ser único para alinear nuestras vibraciones con las de experiencias verdaderamente espirituales. Y para devolver nuestro ser único, necesitamos curar cada herida que ya no queremos ver.


Personas con las que sincerarnos: aliados de luces y sombras


Tener personas con las que sincerarnos es poder aliviar cargas. De hecho, nos basta con una sola: ese alguien con quien compartir miedos, descargar tensiones, desvelar errores, desgranar sueños y deseos… Son figuras hechas de confianza firme y alianza auténtica que siempre están ahí, ellas con quienes no tememos mostrar nuestras transparencias y oscuridades.

A todos nos suena esa sensación. Porque si hay algo que todos sabemos, es que desde un punto de vista psicológico, pocas dimensiones son tan relevantes en nuestro día a día como la confianza. Es casi como ese pegamento social con el que hallar seguridad, con el que construir vínculos sociales y afectivos sólidos con los nuestros.

Es ahí donde nos sentimos validados, aceptados y respetados. Gracias a esta dimensión se reduce la incertidumbre para dar forma a interacciones donde la confianza es plena, donde no tienen cabida los miedos ni la sombra del temor a ser traicionados. Ahora bien, por llamativo hay un matiz interesante en este tema que merece tenerse en cuenta.

A menudo, no todas las personas que son de nuestra confianza nos sirven como confidentes. Podemos confiar en nuestra madre e incluso en nuestra pareja. Sin embargo, cuando necesitamos sincerarnos sobre algún aspecto en concreto, buscamos siempre a esa persona mitad refugio, mitad espejo que conoce ya lo peor y lo mejor de nosotros mismos…

“A veces, lo más prudente es ser uno mismo su propio confidente”.
-Stendhal-

Personas con las que sincerarnos, nuestros selectos confidentes

Decía Aldous Huxley con gran acierto que después del mejor amigo, el mejor confidente es un completo desconocido. Este dato puede parecernos contradictorio, pero encierra una gran realidad.

Esas personas con las que sincerarnos no siempre forman parte (por término medio) de nuestro círculo más cercano. Es decir, no es común que busquemos a nuestros familiares o parejas para hablar de esas cosas que más nos inquietan.

Las personas que amamos ¿son con quienes nos sinceramos?

La respuesta es “no siempre”. Las personas que amamos no son siempre las personas con las que sincerarnos. Este dato es un hecho descubierto recientemente. Hasta no hace mucho, la comunidad científica apenas se había fijado en esta hipótesis porque se daba por sentado que todos buscamos a nuestros seres queridos a la hora de compartir ciertos hechos más profundos o delicados.

Así, en un estudio llevado a cabo por el doctor Mario Luis Small, sociólogo y profesor de la Universidad de Harvard, se demostró justo lo contrario. En este trabajo se preguntó a una amplia muestra de población quiénes eran las personas que más amaban. Más tarde, se les hizo una nueva pregunta: cuando usted necesita hablar sobre problemas de trabajo, de amor, de dinero o de otros hechos más íntimos ¿con quién lo hace?

La respuesta no pudo ser más llamativa. Más de la mitad de la muestra no buscaba a sus seres más queridos. En realidad, preferían hacerlo con ese amigo que siempre actuaba de confidente. Alguien alejado del círculo más íntimo, más familiar.

Alguien que no te juzga, alguien que respeta tus luces y tus sombras

El trabajo del doctor Small no niega que casi el 40% de la muestra, sí tenía a su pareja como al mejor confidente. Sin embargo, la mayoría de nosotros buscamos personas con las que sincerarnos más allá de casa, más allá del tejido afectivo. Y que sea así no es ni negativo ni mucho menos sancionable.

Preferimos a figuras alejadas del entorno familiar para no sentirnos juzgados. Para sentir presión o el miedo a qué dirán o pensarán de nosotros.
Preferimos a esas “personas refugio” con las que compartir confidencias junto a un café. Ahí donde poder revelar ciertas vivencias y pensamientos que, quizá, causarían contradicción a nuestras parejas o familiares. Queremos a alguien que reconozca nuestras luces, pero también, que aprecie nuestras oscuridades.

Personas con las que sincerarnos, figuras que saben escuchar y que no tienen la obligación de resolvernos nada

Este es otro matiz relevante: las personas con las que sincerarnos no están obligadas a nada. Así, cuando acudimos a esa amiga, a ese compañero de vida, de trabajo o de infancia para explicarles algo que tenemos en mente, no esperamos que nos resuelvan ningún problema. No queremos soluciones, aceptamos consejos, pero, en realidad, solo necesitamos ese soporte emocional donde ser escuchados y aceptados.

Esto, sin embargo, no ocurriría con nuestros familiares o parejas. Las personas que están más vinculadas a nosotros harían todo lo posible por buscar una solución. Pero, a veces, lo único que necesitamos son nuevas perspectivas y ese refugio de calma donde nadie emita juicios, ni se busquen culpas o responsabilidades.

Hablar, desahogar, compartir silencios, razonar de manera sosegada y, a veces, hasta reírnos de nuestras propias fatalidades actúa como ese resorte balsámico con el que reiniciarnos por dentro y por fuera. Por tanto, no dudemos en acudir a esos preciados confidentes cuando lo necesitemos.

A veces, por llamativo que nos parezca, permitirnos estar tristes con las personas adecuadas sana y revierte mucho más en nuestro bienestar que estar felices con las personas inadecuadas.

Valeria Sabater
Atrévete a ser feliz