martes, 1 de agosto de 2017

Citas Moshe Feldenkrais, releyendo sus libros II Por Feldenkrais Barcelona.


 
Los músculos mas grandes y fuertes son los conectados con la pelvis, en particular los de las nalgas, los muslos y el abdomen. A medida que nos alejamos del centro de gravedad del cuerpo en dirección a las extremidades, los músculos se tornan cada vez mas delgados.
El trabajo realizado por el cuerpo pasa longitudinalmente por la columna vertebral y los huesos de las extremidades. Si el cuerpo forma ángulos respecto de la principal línea de acción, parte del esfuerzo efectuado por los músculos pelvianos no llegara al punto donde se dirigirá; además los ligamentos y articulaciones sufrirán daños” (…) si el brazo esta doblado en un ángulo recto en el codo, la acción se torna difícil e incomoda, por que la fuerza de los grandes músculos es absorbida casi totalmente por el cuerpo(…)(…)por lo tanto el esfuerzo muscular se transmitirá a lo largo de los huesos y todo el esfuerzo de los músculos pelvianos se transformara en trabajo útil. 
Nos complacemos en pensar que el instinto es algo por completo distinto del conocimiento y la comprensión.
Que el mundo animal efectúan por instinto y automáticamente, sin necesidad de aprender, las cosas que nosotros hacemos con ayuda de la inteligencia.
Ni siquiera el instinto actúa en forma del todo automática, y las cosas que hacemos no están divorciadas por completo del instinto. Autoconciencia por el movimiento
La fuerza eficiente actúa en la dirección del movimiento. Autoconciencia por el movimiento
El movimiento hacia atrás es mas fácil y mas amplio, en muchos casos, que hacia adelante. Autoconciencia por el movimiento
Referente a la postura:
Toda postura estable consiste en una serie de posiciones que configuran un movimiento...esa posición estable no necesita de energía para mantenerse. Autoconciencia por el movimiento
Cuando la postura es deficiente, los músculos están haciendo parte de la tarea de los huesos. Autoconciencia por el movimiento
Una postura correcta, debria ser atributo de toda persona nacida sin grandes defectos físicos. Autoconciencia por el movimiento
En los movimientos delicados intervienen las muñecas, los tobillos y los dedos de las manos y de los pies pero se emplea toda la musculatura para llevar las extremidades más finas hasta el lugar donde habrán de desempeñarse.
Los hombros y las caderas son necesarios allí donde se necesita más fuerza, y están involucrados en la acción de transportar el cuerpo hasta el lugar donde se requieren los dedos.
La postura designa el empleo de todo el ser de uno mismo para lograr o mantener este o aquel cambio de posición o configuración …. Postura se refiere al empleo que se hace de toda la función neuromuscular o más en general del conjunto cerebro somático, es decir la manera como se ordena el afecto, el móvil, el gobierno y la ejecución del acto mientras se realiza. El Poder del yo
Bibliografia
·         Autoconciencia por el movimiento. 1985  Ed.Paidós
·         La dificultad de ver lo obvio. 1991. Ed.Paidós
·         El Poder del Yo. 1985 Ed.Paidós

CÓMO ELIMINAR EL YO ERRÓNEO, EL EGO. Sri Ramana Maharshi


Usted no necesita eliminar el «yo» erróneo ¿Cómo puede el «yo» eliminarse a sí mismo? 
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Todo lo que usted necesita hacer es descubrir su origen y permanecer ahí.
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Sus esfuerzos pueden extenderse solo hasta ahí. Entonces el más allá cuidará de sí mismo. Usted no puede hacer nada ahí. Ningún esfuerzo puede alcanzarlo.
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El «yo» erróneo es la obstrucción. Tiene que ser eliminado a fin de que el «Yo» verdadero no pueda ser ocultado. 
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El sentimiento de que “yo no he realizado” es la obstrucción a la realización. 
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De hecho, usted ya está realizado y no hay nada más que realizar. De otro modo, la realización será algo nuevo. Si no ha existido hasta aquí, debe tener lugar en el futuro. Lo que nace también morirá. Si la realización no es eterna, no merece ser tenida. 
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Por lo tanto, lo que nosotros buscamos no es nada que deba acontecer como nuevo. Es solo eso que es eterno pero no conocido ahora debido a las obstrucciones. Es eso lo que nosotros buscamos. Todo lo que necesitamos hacer es quitar la obstrucción (el ego). 
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Eso que es eterno no es conocido así debido a la ignorancia. 
La ignorancia es la obstrucción. 
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Rebase la ignorancia y todo estará bien.
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La ignorancia es idéntica con el pensamiento «yo». Encuentre su fuente y se desvanecerá.
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El pensamiento «yo» es como un espíritu que, aunque no es palpable, surge simultáneamente con el cuerpo, florece y desaparece con él. 
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La consciencia del cuerpo es el «yo» erróneo. Abandone esta consciencia del cuerpo. Se hace buscando la fuente del «yo». 
El cuerpo no dice «yo soy», es usted quien dice, «yo soy el cuerpo». Descubra quién es este «yo». Al buscar su fuente, se desvanecerá.
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La práctica espiritual consiste en retirarse dentro del Sí mismo cada vez que usted es perturbado por el pensamiento.

No es la concentración o la destrucción de la mente, sino la retirada dentro del Sí mismo.
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El verdadero propósito de la auto-indagación es enfocar la mente entera en su fuente. En la pregunta “¿Quién soy «yo»?”. 

No es un caso de «yo» en busca de otro «yo», sino que implica una intensa actividad de la mente entera para mantenerla firmemente asentada en la Auto-consciencia pura.
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¿Qué es la mente después de todo? Es una proyección del Sí mismo. 
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Vea a quién aparece y de dónde surge. Se encontrará que el pensamiento «yo» es la causa raíz. Vaya más profundamente. El pensamiento «yo» desaparece y hay una consciencia «Yo» infinitamente expandida.
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Aunque las tendencias hacia los objetos de los sentidos que han estado recurriendo a través de las edades, surgen innumerables veces, como las olas del océano, todas ellas perecerán a medida que la meditación en la propia naturaleza de uno deviene cada vez más intensa. 
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Uno debe aferrarse firmemente a la auto-atención “¿Quién soy yo?”.
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Mientras haya tendencias hacia los objetos de los sentidos en la mente, la indagación «¿Quién soy yo?» es necesaria.
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Tan pronto como surgen los pensamientos, uno debe aniquilarlos a todos ellos por medio de la indagación en su mismo lugar de origen.
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La atención debe permanecer en la naturaleza real de lo que soy.
Si uno recurre ininterrumpidamente al recuerdo de su propia naturaleza real hasta que obtiene el Sí mismo, eso sólo será suficiente.
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Sólo indagar «¿Quién soy yo que está en esclavitud?» y conocer la propia naturaleza real de uno, es liberación.
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Mantener siempre la mente fijada sólo en Sí mismo, es llamado «auto-indagación». 
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No hay necesidad de renunciar a la vida de acción. 
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Si usted medita durante una hora o dos cada día, puede entonces continuar con sus deberes. 
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Si usted medita de la manera correcta, entonces la corriente de mente inducida continuará fluyendo incluso en medio de su trabajo.
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La misma línea que usted tome en la meditación se expresará en sus actividades.
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En la medida en que usted lo haga, encontrará que su actitud hacia las gentes, los aconteceres y los objetos, cambia gradualmente. Sus acciones tenderán a seguir a sus meditaciones por sí solas.
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Un hombre debe entregar el ego personal que le ata a este mundo. Abandonar el sí mismo falso es la verdadera renuncia.
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¿Cómo puedo obtener la paz?
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La paz es su estado natural. Es la mente la que obstruye el estado natural. 
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Si usted no experimenta paz, ello quiere decir que su indagación ha sido hecha solo en la mente. Investigue qué es la mente y ella desaparecerá. 
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No hay ninguna cosa tal como la mente, aparte del pensamiento. Sin embargo, debido a la emergencia del pensamiento, usted supone algo desde lo cual emerge y usted llama a eso la mente. 
Cuando usted prueba a ver qué es, encuentra que realmente no hay ninguna cosa tal como la mente. 
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Cuando la mente se ha desvanecido así, usted realiza la paz eterna.
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El mundo sólo es irreal como mundo. Es decir, como entidad subsistente por si misma. Pero es real como manifestación del Absoluto.
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Lo mismo que las escenas que se proyectan en la pantalla del cine son irreales en cuanto que no son vivas, pero que sin embargo son reales si son consideradas como espectáculo de sombras.
El ser que adora, la adoración y el Dios adorado, sólo tienen realidad en cuanto que son manifestaciones del Ser.
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Su deber es ser y no ser esto o aquello. «Yo soy lo que yo soy» resume toda la verdad.
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El método se resume en las palabras «Sea en quietud». 
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¿Qué significa en quietud? Significa destrúyase a usted mismo.
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Debido a que toda forma o figura es la causa de perturbación, abandone la noción «yo soy fulanito». 
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Todo lo que requiere para realizar el Sí mismo es ser en quietud. 

Sólo la verdad de uno mismo merece ser escrutada y conocida. Tomándola como el blanco de la atención de uno, uno debe conocerla agudamente en el corazón. 
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Este conocimiento de uno mismo será revelado solo a la consciencia que es silente, clara y libre de la actividad de la agitada y sufriente mente.
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Sepa que sólo la consciencia que brilla siempre en el Corazón como el Sí mismo sin forma y que es conocida por el propio ser en quietud de uno, sin pensar en nada como existente o no-existente, es la realidad perfecta.
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Conocer el Sí mismo significa ser el Sí mismo.

Aunque usted no puede ver sus propios ojos y aunque no disponga de un espejo para mirarse en él, ¿niega usted la existencia de sus ojos?
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Similarmente, usted es consciente del Sí mismo aunque el Sí mismo no está objetivado.
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Sea como usted es. No hay nada que vaya a descender o a devenir manifiesto. Todo lo que se necesita es perder el ego. Eso que es está siempre aquí. Incluso ahora usted es eso. Usted no es aparte de ello. El vacío (de su mente) es visto por usted. Usted está aquí para ver el vacío. 
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El pensamiento, «yo no he visto nada», la expectativa de ver y el deseo de sacar algo, son todos las operaciones del ego. Usted ha caído en las redes del ego. Todo esto lo dice el ego, no usted. Sea usted mismo y nada más.
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Una vez nacido, usted obtiene algo. Si usted obtiene algo, debe restituirlo después. Por lo tanto, abandone toda esta verborrea. Sea como usted es. Vea quién es usted y permanezca como el Sí mismo, libre de nacimiento, de ir, de venir y de retornar. 
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La pregunta «¿Quién soy yo?» no es una invitación a analizar la mente y a llegar a conclusiones sobre su naturaleza. Ni es tampoco una fórmula mántrica. Es simplemente una herramienta que facilita redirigir la atención desde los objetos de pensamiento y percepción, al pensador y perceptor de ellos. 
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La solución a la pregunta «¿Quién soy yo?» no ha de ser encontrada en o por la mente, puesto que la única respuesta real es la experiencia de la ausencia de mente.
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Debido a que la auto-indagación comienza a menudo con la pregunta «¿Quién soy yo?», muchos de los seguidores tradicionales del advaita vedanta asumían que la respuesta a la pregunta era «yo soy Brahman», y ocupaban sus mentes con las repeticiones de esta solución mental. 
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Ramana Maharshi criticaba este planteamiento diciendo que mientras que la mente estuviera constantemente dedicada a encontrar o a repetir soluciones a la pregunta, jamás se sumergiría dentro de su fuente y desaparecería. 
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Era igualmente crítico por la misma razón que aquellos que intentaban usar «¿Quién soy yo?» como un mantra, diciendo que ambos planteamientos eludían el punto de la auto-indagación.
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El objetivo de la auto-indagación es la disolución de la mente, y ésta solo puede devenir cuando dejamos de utilizarla en forma de preguntas y respuestas o mantras. Solo puede disolverse la mente cuando nuestra atención se dirige hacia Eso que Soy y se establece ahí. Es cuando la mente desaparece.

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Otro error surgió de la creencia hindú de que el Sí mismo podía ser descubierto rechazando mentalmente todos los objetos de pensamiento y percepción como no-Sí mismo. Tradicionalmente esto se llama el planteamiento de neti-neti [no esto, no esto]. 
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El practicante de este sistema rechaza verbalmente todos los objetos con los que el «yo» se identifica —«yo no soy la mente», «yo no soy el cuerpo», etc.— con la expectativa de que el «yo» real será experimentado en su forma pura e incontaminada. 
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Esta práctica del neti-neti es una actividad intelectual que no puede llevarte más allá de la mente. El pensamiento «yo» es sostenido por tales actos de discriminación. Y el «yo» que elimina el cuerpo y la mente como «no-yo» nunca puede eliminarse a sí mismo.
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Cuando la atención se posa en objetos, la mente no desaparece.

Mientras la mente siga ahí, no es posible la Realización del Sí Mismo.

La creencia de que el Sí mismo puede ser descubierto por la mente, bien sea a través de la afirmación (mantras) o de la negación (neti-neti), esta creencia de que la mente puede, por sus propias actividades, obtener el Sí mismo, es la raíz de la mayoría de los errores sobre la práctica de la auto-indagación.

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La meditación en el Corazón es una manera efectiva de alcanzar el Sí mismo, pero esto no debe hacerse concentrando la atención en un punto del cuerpo físico, sino que se debe meditar en el Corazón «como él es». 
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El Corazón «como él es» no es una localización, es el Sí mismo inmanente. Y uno solo puede ser consciente de su naturaleza real siéndolo. No puede ser alcanzado por la concentración.
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Solo el que medita en el Corazón puede permanecer consciente cuando la mente cesa de ser activa y permanece en quietud.
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Mientras que aquellos que meditan sobre otros centros, no pueden ser conscientes así e infieren que la mente ha estado en quietud solo después de que torna de nuevo a la actividad.
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El que elimina todos los «no-yo» no puede eliminar el «yo». 

Para decir «yo no soy esto» o «yo no soy eso» debe haber el «yo». 
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Este «yo» es solo el ego o el pensamiento «yo». 
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Después del surgimiento de este pensamiento «yo», surgen todos los demás pensamientos. 
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El pensamiento «yo» es, por lo tanto, el pensamiento raíz. Si se arranca la raíz, todos los demás pensamientos son desraizados al mismo tiempo. Por lo tanto busque la raíz «yo», pregúntese a usted mismo «¿Quién soy yo?». Descubra su fuente, y entonces todas las demás ideas se desvanecerán y sólo permanecerá el Sí mismo puro.
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Hay sólo dos modos de controlar la mente: o buscar su fuente, o entregarla para que sea destruida por el poder supremo.

La entrega es el reconocimiento de la existencia de un poder omnipotente más elevado.
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Si la mente se niega a ayudar en la búsqueda de la fuente, déjela ir y espere su retorno; entonces vuélvala hacia adentro. 
Nadie lo logra sin paciente perseverancia.
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El control de la respiración es solo una ayuda para profundizar dentro de uno mismo. Uno puede profundizar también controlando la mente. 
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Cuando se controla la mente, la respiración es controlada automáticamente. No hay necesidad de intentar el control de la respiración, el control de la mente es suficiente.
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El control de la respiración se recomienda solo a aquellos que no pueden controlar sus mentes directamente.
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Un hombre más avanzado irá directo naturalmente al control de la mente sin perder su tiempo en practicar el control de la respiración.
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Si uno se concentra en el sahasrara (7º chakra) no hay ninguna duda de que sobreviene el éxtasis del samadhi. Sin embargo, los vasanas, que son las tendencias mentales latentes, no son destruidos.
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El yogui está por lo tanto obligado a despertar del samadhi debido a que la liberación de la esclavitud todavía no se ha cumplido.
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Todavía debe tratar de erradicar los vasanas inherentes en él a fin de que cesen de perturbar la paz de su samadhi.
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Así, él desciende desde el sahasrara al Corazón, por lo que es llamado la jivanadi, que es solo una continuación de la sushumna.
La sushumna es así una curva: comienza en el chakra más bajo, sube a través de la espina dorsal hasta el cerebro y desde allí desciende y acaba en el Corazón.
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Cuando el yogui ha alcanzado el Corazón, el samadhi deviene permanente.
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Así pues, vemos que el Corazón es el centro final.
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La búsqueda del Sí mismo es un método directo, superior a las otras meditaciones. 
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En el momento en que usted comienza a buscar el Sí mismo y a profundizar cada vez más, el Sí mismo real está a la espera para tomarle a usted. Entonces todo lo que se hace es hecho por algo en lo que usted no tiene ninguna mano.
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En este procedimiento, todas las dudas y discusiones son abandonadas automáticamente.  Lo mismo que uno que se duerme, olvida por el momento, todas sus preocupaciones.
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¿Cómo puedo decir si estoy haciendo progresos con mi indagación?

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El grado de la ausencia de pensamientos es la medida de su progreso hacia la Auto-realización.
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Pero la Auto-realización misma no admite progreso, es siempre la misma. El Sí mismo permanece siempre en realización. Los obstáculos son los pensamientos.
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El progreso se mide por el grado de eliminación de los obstáculos a la comprensión de que el Sí mismo está siempre realizado.
Así pues, los pensamientos deben ser detenidos buscando a quién surgen. De modo que vaya usted a su fuente, donde ellos no surgen.

.Sri Ramana Maharshi
“Sea lo que usted es”

http://lareconexionmexico.ning.com


Libro: LA MAESTRIA DEL AMOR. Por Dr. Miguel Ruiz. Cap. 2 La pérdida de la inocencia.


II

La pérdida de la inocencia


Los humanos somos,por naturaleza, seres muy sensibles.

Pero si tenemos una sensibilidad tan elevada es porque percibimos todas las cosas a través del cuerpo emocional. Este cuerpo emocional es como un aparato de radio que se puede sintonizar para percibir determinadas frecuencias o bien para reaccionar frente a otras.

 La frecuencia normal de los seres humanos antes de la domesticación se ajusta en la exploración y el disfrute de la vida; estamos sintonizados para amar. 

De pequeños no definimos el amor como un concepto abstracto, sólo lo vivimos. Es tal como somos. Tanto el cuerpo emocional como el cuerpo físico cuentan con un componente parecido a un sistema de alarma que nos permite saber cuándo algo no va bien. 

En el caso del cuerpo físico este sistema de aviso es lo que denominamos dolor. Cuando sentimos dolor es porque hay algún problema en nuestro cuerpo, algo que es necesario examinar y sanar. En el caso del cuerpo emocional, el sistema de alarma es el miedo. Siempre que sentimos miedo es porque alguna cosa no va bien. Quizá corra peligro nuestra vida. El cuerpo emocional percibe las emociones, pero no a través de los ojos. 

Las emociones se perciben a través del cuerpo emocional. Los niños sencillamente «sienten» emociones, pero su mente racional no las interpreta ni las cuestiona. 

Esta es la razón por la que aceptan a determinadas personas y rechazan a otras. Cuando no se sienten seguros cerca de una persona, la rechazan porque son capaces de sentir las emociones que esa persona proyecta. 

Los niños perciben fácilmente cuando alguien está enfadado, ya que su sistema de alarma les provoca un pequeño miedo que les dice: «No te acerques», y siguiendo su instinto, no lo hacen. Aprendemos a tener un determinado estado emocional según la energía emocional que impregne nuestro hogar y de cómo reaccionemos personalmente a esa energía. A eso se debe que cada componente de la familia, aunque sean hermanos, reaccione de un modo diferente dependiendo de la manera en que haya aprendido a defenderse a sí mismo y a adaptarse a las circunstancias. 

Cuando los padres se pelean constantemente, falta la armonía y el respeto entre ellos, y se mienten, los niños siguen su ejemplo emocional y aprenden a ser como ellos. Y aunque les digan que no sean así y que no mientan, la energía emocional de sus padres y de toda su familia les hará percibir el mundo de una manera similar. 

La energía emocional que impregne nuestro hogar sintonizará nuestro cuerpo emocional con esa frecuencia. El cuerpo emocional empieza a cambiar su sintonización y llega un momento que deja de ser la sintonización normal del ser humano. Jugamos al juego de los adultos, jugamos al juego del Sueño externo y perdemos. 

Perdemos nuestra inocencia, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestra felicidad y nuestra tendencia a amar. Nos vemos forzados a cambiar y empezamos a percibir otro mundo, otra realidad: la realidad de la injusticia, la realidad del dolor emocional, la realidad del veneno emocional. Bienvenidos al infierno: el infierno que los seres humanos crean, el Sueño del Planeta. Somos bienvenidos a este infierno, pero no lo hemos inventado nosotros. Ya estaba aquí antes de que naciésemos. 

Si observas a los niños podrás ver cómo se destruye el amor verdadero y la libertad. Imagínate a un niño de dos o tres años que corre y se divierte en el parque. Mamá está mirando al pequeño y tiene miedo de que se caiga y se lastime. Entonces se levanta para detenerlo, pero el niño, creyendo que está jugando con él, intenta correr todavía más deprisa. Los coches pasan cerca, por una calle próxima, y eso intensifica todavía más el miedo de mamá hasta que, finalmente, lo atrapa. 

El niño espera que ella se ponga a jugar con él, y sin embargo lo único que recibe es una azotaina. ¡Boom! Esto le causa un sobresalto. La felicidad del niño no era otra cosa que la expresión del amor que emanaba de él, pero después de eso es incapaz de comprender por qué su madre actúa de ese modo. Con el tiempo, este tipo de sobresalto acabará por bloquear el amor. 

El niño no comprende las palabras, pero aun así, se pregunta: «¿Por qué?». Y de este modo, correr y jugar, una expresión del amor, ha dejado de ser algo seguro porque, cuando expresas tu amor, tus padres te castigan. Te envían a tu habitación y no puedes hacer lo que quieres. Te dicen que estás siendo un niño o una niña mala y eso te hace sentir humillado, significa castigo. En ese sistema de premios y castigos existe un sentido de la justicia y de la injusticia, de lo que es legítimo y de lo que no lo es. 

El sentido de la injusticia es como un cuchillo que abre una herida emocional en la mente. Después, según cómo reaccionemos ante la injusticia, la herida puede infectarse con veneno emocional. Pero ¿por qué se infectan algunas heridas? Veamos otro ejemplo. Imagínate que tienes dos o tres años. 

Te sientes feliz, estás jugando, explorando. Aún no tienes conciencia de lo que es bueno o de lo que es malo, de lo que es correcto o incorrecto, de lo que deberías hacer y de lo que no deberías hacer, porque todavía no estás domesticado. Estás jugando en la habitación con un objeto que se encuentra cerca de ti. No tienes intención de hacer nada malo, ni de intentar causarle daño a nadie, pero estás jugando con la guitarra de tu papá. Para ti es sólo un juguete; no quieres hacerle el menor daño a tu padre. 

Pero él tiene uno de esos días en los que no se siente bien. Tiene problemas en su trabajo. Entra en la habitación y te encuentra jugando con sus cosas. Se enfada de inmediato, te coge y te da una zurra. Desde tu punto de vista, es una injusticia. Tu padre no hace más que entrar, y con su enfado, te hace daño. Confiabas plenamente en él porque es tu papá, alguien que, por lo general, te protege y te permite jugar y ser tú mismo. Sin embargo, ahora hay algo que no acaba de encajar. Ese sentido de la injusticia es como un dolor en el corazón. 

Te sientes vulnerable; te hace daño y te hace llorar. Pero no lloras únicamente porque te ha dado una azotaina. No es la agresión física lo que te duele; lo que te parece injusto es la agresión emocional. No habías hecho nada malo. Ese sentido de la injusticia abre una herida emocional en tu mente. Tu cuerpo emocional está herido, y en ese momento, pierdes una pequeña parte de tu inocencia. 

Aprendes que no puedes confiar siempre en tu padre, y aun en el caso de que tu mente todavía no lo sepa, porque no lo analiza, sí lo comprende: «No puedo confiar». Tu cuerpo emocional te dice que existe algo en lo que no puedes confiar y que ese algo puede repetirse. Quizá reacciones con miedo; quizá con enfado o con timidez o sencillamente te pongas a llorar. 

Pero esa reacción ya es producto del veneno emocional porque, la reacción normal antes de la domesticación es que, cuando tu papá te da una bofetada, tú quieras devolvérsela. Le pegas o sólo intentas levantar la mano, pero lo único que consigues con eso es que él se enfade todavía más contigo. Solamente has levantado la mano, pero has conseguido que reaccione con mayor enfado y recibes un castigo todavía peor. Ahora sabes que te destruirá. 

Ahora le tienes miedo y dejas de defenderte porque eres consciente de que, si lo hicieses, únicamente conseguirías empeorar las cosas. Sigues sin comprender el porqué, pero sabes que tu padre puede incluso matarte. Esto abre una herida atroz en tu mente. Antes de que ocurriese todo, tu mente estaba completamente sana; eras del todo inocente. Sin embargo, ahora, después de estos acontecimientos, la mente racional intenta hacer algo con esa experiencia. Aprendes a reaccionar de un modo determinado, de una manera particular, tuya. 

Guardas la emoción en ti y eso cambia tu forma de vivir. Y a partir de entonces, esta experiencia se repite cada vez con mayor frecuencia. La injusticia proviene de mamá y de papá, de los hermanos y de las hermanas, de los tíos y las tías, del colegio, de la sociedad, de todos. Con cada miedo aprendes a defenderte, pero no lo haces de la misma manera que antes de la domesticación, cuando te defendías y seguías jugando. Ahora hay algo dentro de la herida que, en un principio, no parece representar un gran problema: el veneno emocional. No obstante, el veneno emocional se acumula y la mente empieza a jugar con él. 

A continuación, el futuro empieza a preocuparnos un poco porque tenemos el recuerdo del veneno y no queremos que vuelva a ocurrir. También tenemos recuerdos de cuando hemos sido aceptados; recordamos a mamá y a papá siendo buenos con nosotros y viviendo en armonía. Queremos esa armonía pero no sabemos de qué modo crearla. 

Y, como estamos en el interior de la burbuja de nuestra propia percepción, nos parece que cualquier cosa que sucede a nuestro alrededor ha sido provocada por nosotros. Creemos que mamá y papá se pelean por nuestra culpa incluso cuando no tiene nada que ver con nosotros. Poco a poco perdemos nuestra inocencia; empezamos a sentir resentimiento, y después, ya no perdonamos más. Con el tiempo, estos incidentes e interacciones nos enseñan que no es seguro ser quienes realmente somos. 

Por supuesto, la intensidad de todo esto varía en cada ser humano según sea su inteligencia y su educación. Dependerá de muchos factores. Si tienes suerte, la domesticación no será tan fuerte. Ahora bien, si no eres tan afortunado, la domesticación puede ser tan dura y causar unas heridas tan profundas que incluso tengas miedo de hablar. El resultado es: «Oh, soy tímido». La timidez es el miedo a expresarse uno mismo. 

Quizá creas que no sabes bailar o cantar, mas esto es sólo la represión de un instinto humano natural: expresar el amor. Los seres humanos utilizamos el miedo para domesticar a otros seres humanos; cada vez que experimentamos una nueva injusticia, nuestro miedo aumenta. El sentido de la injusticia es como un cuchillo que abre una herida en nuestro cuerpo emocional. 

El veneno emocional se genera a partir de la reacción frente a lo que consideramos una injusticia. Algunas heridas se curarán, pero otras se infectarán con más y más veneno. Cuando estamos llenos de veneno emocional, sentimos la necesidad de liberarlo, y para deshacernos de él, se lo enviamos a otra persona. ¿Y cómo lo hacemos? Pues captando su atención. Tomemos el ejemplo de una pareja corriente. Por la razón que sea, la mujer está enfadada. Está llena de veneno emocional debido a una injusticia que tiene su origen en el marido. Éste no se encuentra en casa, pero ella recuerda la injusticia y el veneno aumenta en su interior. Cuando el marido llega, lo primero que ella quiere hacer es captar su atención porque, cuando lo haga, podrá traspasarle a él todo el veneno y entonces sentirse aliviada. 

Tan pronto le dice lo malo, estúpido o injusto que es, le transfiere a su marido el veneno que acumulaba en su interior. Habla y habla sin parar hasta que consigue captar su atención. Finalmente, él reacciona y se enfurece, y entonces, ella se siente mejor. Sin embargo, ahora el veneno recorre el cuerpo de él y siente la necesidad de desquitarse. Tiene que captar la atención de ella a fin de librarse del veneno, pero ya no es sólo el veneno de ella: es el veneno de ella más el veneno de él. 

Si observas esta interacción detenidamente, comprenderás que lo que están haciendo es hurgar en sus respectivas heridas y jugar a ping-pong con el veneno emocional. De este modo, el veneno seguirá aumentando sin parar hasta que, algún día, uno de los dos estalle. Aun así, esta es la manera en que los seres humanos nos relacionamos a menudo. Al captar la atención, la energía va de una persona a otra. La atención es algo muy poderoso en lamente del ser humano. 

De hecho, en todo el mundo las personas van continuamente a la caza de la atención de los demás, y cuando la capturan, crean canales de comunicación. Pero al igual que se transfiere el sueño y el poder, también se transfiere el veneno emocional. Normalmente, nos liberamos del veneno traspasándoselo a la persona que creemos responsable de la injusticia, pero si esa persona es tan poderosa que no podemos enviárselo, entonces lo lanzamos contra cualquier otra sin importarnos de quien se trate. Por ejemplo a los niños, que no son capaces de defenderse de nosotros, estableciendo así relaciones abusivas. 

De este modo, la gente que tiene poder abusa de los que tienen menos, porque necesita deshacerse de su veneno emocional. Hay que desprenderse del veneno, y por eso en ocasiones, no se tiene en cuenta la justicia; sólo queremos deshacernos de él, queremos paz. Esa es la razón por la que los seres humanos andan siempre detrás del poder, porque, cuanto más poderoso se es, más fácil resulta descargar el veneno sobre los que no pueden defenderse. Por supuesto, estoy hablando de las relaciones en el infierno, de la enfermedad mental que existe en el planeta. 

No hay que culpar a nadie de esta enfermedad; no es buena ni mala ni correcta ni incorrecta; sencillamente, esa es la patología normal de esta enfermedad. Nadie es culpable por comportarse de manera abusiva con los demás. Del mismo modo que la gente de aquel planeta imaginario no era culpable de que su piel estuviese enferma, tú no eres culpable de tener heridas infectadas con veneno. 

Cuando estás herido o físicamente enfermo, no te culpas a ti mismo por estarlo. Entonces, ¿por qué sentirse mal o culpable si tu cuerpo emocional está enfermo? Lo que sí es importante es cobrar conciencia de que tenemos este problema, ya que cuando lo hacemos así, tenemos la oportunidad de sanar nuestro cuerpo y nuestra mente emocional y de dejar de sufrir. Sin esa conciencia, no es posible hacer nada. 

Lo único que nos queda es continuar sufriendo las consecuencias de nuestra interacción con otros seres humanos, y no sólo eso, sino también sufrir a causa de la interacción que mantenemos con nuestro propio yo, porque también nos tocamos nuestras propias heridas con el único propósito de castigarnos. En nuestra mente hay una parte, creada por nosotros, que siempre está juzgando. El Juez juzga todo lo que hacemos, lo que no hacemos, lo que sentimos, lo que no sentimos. 

Nos juzgamos a nosotros mismos de manera continua y juzgamos incesantemente a los demás basándonos en nuestras creencias y en nuestro sentido de la justicia y demás estén equivocados. Sentimos la necesidad de tener «razón» porque intentamos proteger la imagen que queremos proyectar al exterior. Tenemos que imponer nuestro modo de pensar, no sólo a otros seres humanos sino también a nosotros mismos. 

Cuando cobramos conciencia de todo esto, comprendemos con facilidad por qué no funcionan las relaciones: con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestros amigos, con nuestra pareja e incluso con nosotros mismos. ¿Por qué no funciona la relación que mantenemos con nosotros mismos? Porque estamos heridos y llenos de todo ese veneno emocional que a duras penas somos capaces de manejar. Estamos llenos de veneno porque hemos crecido con una imagen de perfección que no se corresponde a la realidad, que no existe, y sentimos esa injusticia en nuestra mente. 

Hemos visto de qué modo creamos esa imagen de perfección para complacer a los demás, aun cuando ellos crean su propio sueño, que no guarda ninguna relación con nosotros. Intentamos complacer a mamá y a papá, intentamos complacer a nuestro profesor, a nuestro guía espiritual, a nuestra religión, a Dios. Pero la verdad es que, desde su punto de vista, nunca seremos perfectos. Esa imagen de perfección nos dice cómo deberíamos ser a fin de reconocer que somos buenos, a fin de aceptarnos a nosotros mismos. Pero ¿sabes qué? 

De todas las mentiras que nos creemos de nosotros mismos, esta es la más grande, porque nunca seremos perfectos. Y no hay manera de perdonarnos por no serlo. Esa imagen de perfección cambia nuestra forma de soñar. Aprendemos a negarnos y a rechazarnos a nosotros mismos. Según todas las creencias que tenemos, nunca somos lo bastante buenos o lo bastante adecuados o lo bastante limpios o lo bastante sanos. Siempre existe algo que el juez no acepta ni perdona jamás.

Por esta razón rechazamos nuestra propia humanidad; es decir, esta es la razón por la que no nos merecemos ser felices; esta es la razón por la que buscamos a alguien que nos maltrate, a alguien que nos castigue. Y debido a esa imagen de perfección nos sometemos a un alto nivel de maltrato personal. Cuando nos rechazamos a nosotros mismos y nos juzgamos, cuando nos declaramos culpables y nos castigamos de una manera tan excesiva, tenemos la sensación de que el amor no existe. 

Parece como si en este mundo sólo existiera el castigo, el sufrimiento y el juicio. El infierno tiene muchos niveles diferentes. Algunas personas caen muy profundamente en el infierno y otras apenas están en él, pero de todos modos, ahí es donde se encuentran. En el infierno se dan relaciones muy abusivas, aunque también hay otras en las que apenas existe el abuso. Ya no eres un niño, así que si estás manteniendo una relación abusiva es porque aceptas ese maltrato, porque crees que te lo mereces. 

Y aunque la cantidad de maltratos que estás dispuesto a aceptar tiene un límite, debes saber que no hay nadie en el mundo entero que te maltrate más que tú mismo. El límite del maltrato que tolerarás de otras personas es exactamente el mismo al que te sometes tú. Si alguien te maltrata más de lo que tú mismo te maltratas, te alejas, corres y te escapas de él. Ahora bien, si esa persona te maltrata sólo un poco más de lo que tú mismo te maltratas, quizás aguantes más tiempo.

 Todavía te mereces ese maltrato. Por lo general, en las relaciones corrientes que mantenemos en el infierno se trata de pagar por una injusticia; de desquitarse. Te maltrato a ti de la manera que necesitas que te maltraten y tú me maltratas a mí de la manera que yo necesito que me maltraten. El equilibrio es bueno; funciona. La energía atrae un mismo tipo de energía, por supuesto, un mismo tipo de vibración. 

Si una persona se te acerca y te dice: «Oh, me maltrata tanto» y tú le preguntas: «Bueno, ¿por qué sigues ahí?» ni siquiera sabrá contestarte por qué. La verdad es que necesita ese maltrato porque esa es su manera de castigarse. La vida te trae exactamente lo que necesitas. En el infierno existe una justicia perfecta. No hay nada a lo que podamos echarle la culpa. Incluso podemos decir que nuestro sufrimiento es un regalo. Basta con que abras los ojos y mires lo que te rodea para limpiar el veneno, sanar tus heridas, aceptarte y salir del infierno.

Dr. Miguel Ruiz.