lunes, 7 de mayo de 2018

Artículos psicología La necesidad de afiliación y el modelo multidimensional de la afiliación



¿Por qué cuando las personas experimentan situaciones difíciles en su vida buscan la compañía de otros? ¿Por qué nos sentimos inclinados a estar “conectados” con ciertas personas?

Afiliación: raíz de la relación social

La afiliación es la tendencia que tenemos a buscar compañía de otras personas, es esa necesidad de establecer relaciones con los demás, mientras que la propensión a evaluar de forma positiva a otra persona y deseo de acercamiento, se le conoce como atracción interpersonal, la cual contempla componentes cognitivos, afectivos y conductuales. Nuestra necesidad de “pertenencia” funge como un motivación humana fundamental.
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Las primeras investigaciones sistemáticas sobre afiliación desde la perspectiva de la psicología social fueron llevadas a cabo por Stanley Schachter (1959), en las que estudió la uniformidad grupal y los mecanismos de comunicación mediante los cuales los grupos persisten y mantienen su cohesión, es decir: “el campo total de fuerzas que actúan en los miembros para que sobreviva el grupo”.

Junto con sus colegas, realizó numerosos experimentos, en los que concluyeron que la asociación con otras personas sirve para satisfacer varios propósitos, a la vez que favorece la adaptación y la selección natural, lo cual podemos observar a lo largo de la historia, pues al asociarse con otros el ser humano ha podido asegurar su protección, se ha adaptado al medio, ha podido resolver problemas básicos y algunos más complejos que la vida le supone, la formación y pertenencia a ciertos grupos coadyuva a la supervivencia del individuo y de la especie misma.

Ese deseo y motivación por pertenecer a un grupo social comienza con la necesidad de afiliación, que se define como el deseo de establecer contacto social con los demás (Adam, 1989). Las personas difieren en cuanto a esta necesidad, pues depende mucho de sus rasgos de personalidad y de sus circunstancias particulares.

El modelo multidimensional de la afiliación afirma que, por lo general, las personas buscan mantener un nivel óptimo de contacto social y cuando se alejan de dicho objetivo, tratan de modificar y adaptar su conducta para restaurarlo. Con esto se logra un estado de mayor claridad cognitiva en situaciones que resultan confusas o desafiantes para el individuo.

Este paradigma sostiene que es natural buscar una referencia en lo que hacen los demás, es decir que observamos y comparamos las reacciones de otros ante situaciones similares para evaluar nuestro proceder y tratar de aprender, adquirir o imitar estrategias de afrontamiento adaptativas ante las eventualidades y retos que enfrentamos día a día. Goldschmidt decía que el hombre por su naturaleza está sometido a la existencia social, por lo que presenta el dilema entre favorecer a sus propios intereses o reconocer los del grupo al que pertenece.

El aprendizaje social fomenta el desarrollo de las habilidades básicas para la vida y en muchas ocasiones tiene un efecto sanador, el aprender a vivir en respeto y armonía con los demás, el ser útiles para la comunidad bajo ciertas circunstancias, así como adquirir estrategias para la resolución de conflictos, son algunas ventajas de la afiliación.
¿Qué motivan a las personas a afiliarse?

El modelo multidimensional de afiliación enuncia que las personas buscan conectarse por alguna de los siguientes motivos:

“Asociarse con otros puede proveernos de energía, atención, motivación, sirve para obtener información y funge a su vez como soporte emocional.” (Hill, 1987).

¿Con qué objetivos las personas buscan la compañía de los demás?


1. Obtener estimulación positiva

El establecer relaciones con otros por gusto, simplemente porque te deleitas con su compañía, la cual resulta placentera de alguna forma para tí, quizás porque comparten gustos, intereses, sueños, metas o pasatiempos y resulta estimulante. Cuando las personas entran en contacto, afectan el campo experiencial de las otras, ya sea que lo perciban de manera consciente o no.


La propia interacción social supone múltiples beneficios, pues constantemente funge como un aliciente para llevar a cabo ciertas conductas. Cuando un estudiante se fija la meta de mejorar académicamente, por ejemplo, puede sentirse más motivado a realizar sus tareas y prepararse cuando comparte el mismo objetivo con algún compañero o amigo, pues pueden alentarse y asociarse para lograr lo que desean, así que no dudes en involucrar a tus amigos, Hellen Keller, afirmaba que: “Solos podemos hacer muy poco, unidos podemos hacer mucho”, colaborar con otros divide el trabajo y a la vez puede multiplicar los buenos resultados.

“Yo hago lo que tú no puedes, y tú haces lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas.” Madre Teresa de Calcuta.


2. Para recibir apoyo emocional

“La unión hace la fuerza y la discordia debilita.” Esopo

¿Por qué la gente en la miseria busca compañía, mientras que la gente que experimenta vergüenza muchas veces busca la soledad?

Yacov Rofé (1984), propuso la teoría de la utilidad de la afiliación, donde argumentó que el estrés despierta el deseo de asociarse y al estar con otros se puede reducir el impacto negativo de la situación de tensión o angustia que se presenta. Sin embargo, en los experimentos encontraron que las personas que manifestaban vergüenza el estar con otros incrementan sus niveles de estrés en vez de reducirlo.


La intensidad de la preferencia de las personas por afiliarse en una situación estresante depende de los costes y los beneficios que le supone, lo que es influido por la personalidad y el contexto particular del sujeto.

¿Cuál es el beneficio de afiliarnos con otros en tiempos difíciles o de estrés? Las investigaciones sugieren que las personas que enfrentan amenazas inminentes buscan compañía para tener mayor claridad cognitiva respecto al peligro que enfrentan. Estar con otros, por lo general, hace que los individuos se sientan más motivados para enfrentar una amenaza. Por eso se dice que “la desgracia ama la compañía”.

En uno de los experimentos de Schachter, las mujeres que presentaban altos grados de ansiedad, independientemente de que pudieran hablar o no de su preocupación específica, preferían estar acompañadas. Él decía que el poder platicar de la situación o simplemente el compartir trivialidades y cuestiones superfluas, puede ser de gran ayuda, al participar en una conversación que aparte la atención de los problemas y situaciones amenazantes, se reduce el estrés y la ansiedad. Por eso es común, que se busque estar “conectado” con los demás de alguna manera en tiempos adversos, pues a mayor ansiedad y estrés, mayor necesidad de afiliación.

Cuando alguien experimenta un profundo dolor, cuando se fracturan ciertos vínculos, como sucede en la separación o alejamiento de un ser querido por la distancia, el divorcio o la muerte misma, la necesidad de pertenencia puede ser intensa, las personas
se angustian más cuando son dejadas de lado, rechazadas, excluidas, estigmatizadas o condenadas al ostracismo, el exilio, el destierro, o alguna forma de “deceso social” (Williams y Nida, 2011).

Schachter (1959) afirmó que ante amenazas externas las personas se sienten motivadas a afiliarse, especialmente con aquellas que enfrentan la misma clase de problema o de amenaza. Por ello, muchas individuos optan por mantenerse unidos ante desastres naturales como terremotos, inundaciones, huracanes, fallas de energía y otros tipos de crisis; aquellos que tratan de unirse y sumar esfuerzos para la resolución de los problemas suelen tener más equilibrio emocional ante este tipo de eventos.

Una condición que incrementa el deseo de afiliarse es el estrés. El obtener soporte emocional, cuando nos sentimos temerosos o enfrentamos situaciones adversas, con el fin de recibir simpatía, comprensión, compasión y los cuidados de otros, es natural. Así que, si estás pasando por una situación difícil, no dudes en acercarte a tus amigos y a las personas dentro de tu red social que puedan fortalecerte, si no cuentas con ellas, puedes buscar la ayuda de un psicólogo. El tratar de integrarte a grupos con los que te sientas identificado y motivado también puede ser benéfico, en la afiliación y la cohesión residen beneficios de pertenecer a grupos de ayuda mutua, en donde se comparte una problemática similar, por lo que hay mayor entendimiento y empatía, sin embargo, es conveniente que dicho grupo sea supervisado por profesionales de la salud capacitados, para que no se desvirtúen los objetivos iniciales.


3. Con el objetivo de adquirir más información

Por medio de la retroalimentación y de la observación de sí mismo con respecto de los demás en condiciones similares, se puede hacer que las personas sean más conscientes de las consecuencias de sus conductas. A adquirir información, se puede generar una mayor conciencia y empatía acerca de problemas que nos afectan a todos y motivar a los individuos a que participen en beneficio de ciertas causas prosociales.


En los estudios realizados, se comprobó que las circunstancias de mayor ansiedad favorecen la búsqueda de contacto interpersonal, porque permite de alguna manera “escapar” de la situación, intercambiar información, puede hacer que disminuya la angustia, aunque no se resuelva el conflicto, el escuchar diferentes puntos de vista acerca de una situación desafiante puede ser de gran ayuda y dotar al individuo de estrategias más adecuadas para la resolución o el afrontamiento de su dilema, por eso muchas personas experimentan un gran alivio al platicar un problema con un amigo.

Se dice que tenemos un sistema de “monitoreo social”, que se activa cuando estamos preocupados por pertenecer y ser aceptados en un grupo con el que nos sentimos identificados, lo cual hace que incremente la sensibilidad por la información social, especialmente en las personas que sienten angustia a ser rechazadas por el colectivo.

De esta manera, se pone en marcha un proceso de comparación social en donde los individuos evalúan lo oportuno y conveniente de su respuesta ante determinada circunstancia. “La miseria ama la compañía miserable”, la gente busca compañía, especialmente en situaciones de miedo, ansiedad o desgracia. Cuando nos afiliamos con otras personas se puede reducir la incertidumbre y la confusión, lo cual ayuda para responder de manera más adecuada y adaptativa, primordialmente en situaciones ambiguas. Por medio de la comparación social, podemos obtener un referente de la información obtenida acerca de las conductas, las opiniones y las expectativas de los demás.


4. Para recibir atención y aceptación de las demás

La consideración positiva, incluye sentimientos de afecto, respeto, simpatía y aceptación, la necesidad de atención responde al deseo de ser tenido en alta consideración y recibir elogios de los demás (Hill, 1987). Cuando las personas cuentan con fuertes vínculos sociales, ya sea de pareja, amigos, colegas, miembros de la familia o de ciertos grupos con los que comparten ideologías o intereses, se ha observado que dichos sujetos suelen tener mayor autoestima y satisfacción con la vida, en comparación con aquellos que tienen un estilo de vida más aislado. (Denissen y cols., 2008).

“No sólo somos animales gregarios a los que les gusta estar en presencia de sus semejantes, sino que tenemos una propensión innata a ser advertidos y ser vistos favorablemente por los de nuestra especie. No puede imaginarse un castigo más diabólico, si éste fuera físicamente posible, que el individuo se moviera libremente en la sociedad pero que pasara absolutamente inadvertido para todos sus miembros.” William James



Para ser reconocido y aceptado, mucha gente prefiere celebrar junto con otros y compartir su éxito con los demás, ya sea propio o del grupo al que se sienten apegados, como cuando una multitud celebra la victoria de su equipo favorito de fútbol. Standall, en cambio, afirmó que la necesidad de consideración positiva es una necesidad secundaria o adquirida. El deseo de recibir gratificación de las relaciones y adquirir un sentido de comunión con los demás, envuelve al afecto, al amor, la intimidad y el sentimiento de pertenencia.

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Aceptación y valor relacional

El valor relacional percibido, es el grado en el que una persona cree que los demás consideran la relación con ella valiosa o importante, sentirse rechazado o aceptado depende, en gran parte de ello. La base de muchas de nuestras conductas se encuentra en el anhelo de ser aceptados, lo cual es una experiencia meramente subjetiva.

Cuando una persona es valorada relacionalmente hablando, incrementa las posibilidades de obtener beneficios, por eso muchas de las acciones humanas representan esfuerzos para mantener su valor relacional, cuando éste valor es alto, significa que la persona es aceptada y viceversa.

Por eso, a muchos les preocupa profundamente lo que otros piensan de ellos, por lo que gastan demasiado tiempo, energía y recursos para parecer ante los demás presentables y atractivos. Es primordial fortalecer la autoestima y el autoconcepto en las primeras etapas de vida; aunque es una tendencia el tomar como referencia la experiencia y la opinión de los demás en cierto grado, el referente más importante debe provenir de uno mismo. ¿Cómo podemos medir el valor relacional que tenemos con los demás? Una manera sencilla puede ser observando el nivel de cooperación de otros individuos con nosotros.

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Teoría del Sociómetro

Postula que las personas tienen un sistema psicológico por medio del cual detectan ciertas pautas acerca de la aceptación y el rechazo que perciben en su contexto social, aspectos que son de importancia para su valor relacional, cuando detectan que dicho valor está menguando, tiene lugar una “reacomodación cognitiva”, la cual motiva a las personas a establecer conductas que aumenten su valor relacional y sean aceptadas, de esa manera, tendrán lugar una serie de comportamientos que tienen como objetivo proteger el valor relacional, aumentando así la sensibilidad a la información social.


Ansiedad social o interpersonal y aislamiento

Las investigaciones han demostrado que cuando la presencia de otras personas en una situación estresante aumenta la posibilidad de sentir vergüenza, las personas prefieren no afiliarse. Cuando alguien se siente temeroso, inseguro y con mucha incomodidad al estar rodeado de otras personas, es decir, que experimenta alto grado de ansiedad social, de manera que se le puede dificultar o hacer imposible el realizar sus actividades cotidianas en los diferentes ámbitos en que se desenvuelve, como el hogar, el trabajo o la escuela, cuando experimentan crisis de angustia situacional o existen comportamientos de evitación muy marcados, es necesaria la ayuda psicológica, pues la persona puede padecer una fobia social u otros trastornos de ansiedad, que requieren especial atención y tratamiento.

Hay personas tan angustiadas por lo que los demás piensan de ellas que sufren de ansiedad social o interpersonal, la cual es caracterizada por intensos sentimientos de incomodidad física y emocional en situaciones que exhortan al escrutinio público, manifiestan angustia y preocupación excesiva, incluso pueden sentir temor ante eventos sociales como fiestas y situaciones en donde el sujeto tiene que interactuar con otras personas, como la escuela y trabajo, lo cual puede menguar el desarrollo de la persona en diferentes ámbitos.


Un ejemplo muy característico de esto es la angustia que muchos presentan cuando tienen que hablar en público, el pánico escénico. Si has realizado alguna presentación ante más personas y has sentido que tus mejillas se ruborizan, que transpiras profusamente, que tu voz titubea y que corres el riesgo de paralizarte o de olvidar información importante, entonces has experimentado algunos de los síntomas de la ansiedad social. Los psicólogos pueden ayudarte a superar la angustia y brindarte estrategias de afrontamiento para la ansiedad social.

Los problemas interpersonales del pasado pueden encender las ansiedades sociales sobre el futuro (Lary y Kowalski, 1995). Por ello, es aconsejable fijar la atención y la energía en el presente, el diario vivir ya supone sus propios retos de los que nos tenemos que ocupar, podemos reducir el estrés y la ansiedad al restar las inquietudes acerca del pasado y del futuro.


La timidez y sus retos en la afiliación con otros

La gente necesita de los demás pues vivimos en una sociedad, a veces es simplemente para celebrar logros, para compartir noticias, se pueden sentir contenidas cuando los demás muestran empatía y compasión respecto a su estado, el hablar acerca de lo que les inquieta o simplemente distraerse. Cuando la persona no cuenta con ciertas habilidades sociales o es demasiado tímida,cuando fácilmente se inhibe y se muestra reacia ante la idea de acercarse a los demás pierde muchas oportunidades y beneficios que la interacción social supone (Lane, 2007).

La timidez en sí es una característica muy común, en un estudio que realizaron Hendersson y Zimbardo (1998), encontraron que el 49% de los americanos se describían a sí mismos como personas tímidas, en Israel el 31%, en Alemania el 40%, en Taiwan el 55% y en Japón el 57% de la población se identificaban a sí mismos con esas características. Las personas que son tímidas experimentan dificultades para acercarse a los extraños, para iniciar conversaciones, para llamar a alguien y fijar una cita, se les puede dificultar participar con otros en grupos y mezclarse en las fiestas, o incluso se les complica ¡para pedir ayuda cuando lo requieren!

Frecuentemente rechazan a otros, muchas veces por miedo a ser rechazados. Para las personas que son extremadamente tímidas, representa un patrón de riesgo el evitar interacciones interpersonales, a la vez que pierden muchos beneficios que supone la afiliación. La timidez puede ser un rasgo innato, otras veces se comienza en diferentes etapas del desarrollo, especialmente en la infancia y la adolescencia, los psicólogos pueden ayudarte a mejorar tus habilidades sociales y que la timidez no represente un obstáculo para alcanzar tus metas y sueños.
Necesidad de afiliación y redes sociales


¿Qué motiva a las personas a mantenerse “conectadas” aunque sea de manera virtual?

Se ha observado una tendencia en el aumento del número de amigos en redes sociales a partir del 2009. La mayor parte de este crecimiento proviene de un aumento en relaciones distantes y superficiales (Manago y cols., 2012).

A pesar de que se ha observado que este tipo de relaciones, en su mayoría suelen ser superfluas, desempeñan un importante papel como reductores de estrés y ansiedad principalmente. Con respecto a las redes sociales, se ha visto que ayuda tener presencia en ellas, pues permite estar en contacto con otros y mantenerse informado, lo cual incrementa la conciencia social, a pesar de que la comunicación es virtual, puede resultar benéfica. Las redes sociales pueden fortalecer el vínculo de las personas que se encuentran en lontananza pero que son cercanas en afecto, como es el caso de los familiares, amigos y otro tipo de relaciones que se mantienen de manera virtual, gracias a las redes sociales podemos tener un sentimiento de proximidad hacia ellos, aunque estén lejos.

Esa tendencia a buscar estar “conectados” con los demás puede indicar un incremento en la ansiedad y el estrés en la población global. Como señalan las estadísticas y las tendencias, éstos fenómenos irán incrementando, así que es conveniente que comiences a fortalecer tus interacciones sociales con los demás, alguien puede necesitar de tí y tú puedes llegar a necesitar de alguien, recuerda que afiliarse a otros reduce la angustia y el estrés, tan perniciosos para tu salud, mientras que afiliarte con personas lozanas y vitales puede mejorar tu calidad de vida. 


Conclusión

Cuando nos relacionamos con personas que comparten nuestros principios, valores o incluso placeres, el afiliamos con aquellas que nos resultan interesantes, agradables o con sentido del humor, dicha asociación puede infundir esperanza y motivación, brindar empatía, información y con ella conciencia social, fomenta el desarrollo, las conductas de imitación, el aprendizaje interpersonal, la cohesión del grupo, la catarsis e interviene en factores existenciales incluso.

La colaboración armónica y respetuosa con otros ayuda a alcanzar metas comunes pues multiplica los esfuerzos, incluso en situaciones adversas, que suponen estrés y ansiedad per se. La afiliación es necesaria para el desarrollo de relaciones interpersonales: existe una correlación positiva entre la cohesión al grupo y el sentido pertenencia, el asociarnos con otras personas, en ciertos casos puede infundir motivación y favorece el altruismo.


Referencias electrónicas
Kassin, Saul; Fein, Steven; Markus, Hazel Rose (2014). Social Psychology. U.S.A.: Wadsworth CENCAGE Learning.
Schacter, Stanley (1966). Psicología De La Afiliación. México: Paidós.
Leary, Mark R. y Hoyle, Rick H. (2009). Handbook of Individual Differences in Social Behavior. U.S.A.: The Guilford Press.

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CHI KUNG PARA SANAR EL CORAZÓN.


Tomar consciencia de nuestro Corazón:

El corazón es un órgano muscular hueco que se encuentra casi en el centro del tórax, hacia la izquierda. Su función principal es la de controlar y regular el flujo sanguíneo, bombeando la sangre, llena de oxigeno y nutrientes, a través de los vasos sanguíneos, hacia los tejidos corporales.


Los latidos del corazón de un adulto oscilan, normalmente, entre 60 y 100 veces por minuto. Los de un bebé pueden llegar hasta 190 veces por minuto.


El sistema cardiovascular comprende el corazón y los vasos sanguíneos y es responsable de la circulación de la sangre en todo el cuerpo. Un sistema cardiovascular sano es vital para aportar oxígeno y nutrientes al organismo.


Desde la medicina china, el Corazón además de cumplir con sus funciones de regulador y controlador del flujo sanguíneo, también desempeña la función de transformar el Chi de los alimentos en sangre y de controlar los flujos corporales. Además controla el Shen, la fuerza que moldea nuestra personalidad, manteniendo nuestro equilibrio psíquico.

La lengua está relacionada directamente con el corazón. Se dice, en medicina china, que “ el corazón se abre en la lengua” y que “la lengua es el espejo del corazón” (cuando hay estancamiento de sangre, el color de la lengua el violáceo)

Una tez sonrosada y unas extremidades calientes indican un buen funcionamiento del corazón.

El corazón conserva la Alegría. El exceso de alegría o el pesimismo, se asocian al corazón. Los sentimientos de Amor, al igual que los negativos de odio, orgullo, desprecio, rencores...están asociados al corazón.

El equilibrio del Chi en el corazón se considera básico para el mantenimiento de la salud física y mental.


II.-EJERCICIOS CURATIVOS DE CHI KUNG :


Ejercicio 1. Envío de energía.

Busca un lugar tranquilo y silencioso. Siéntate en postura de meditación, con piernas cruzadas, o bien en un banquito, en una silla con la espalda erguida, en un sillón, o echado sobre un sofá o cama. Tambien puedes hacerlo en postura wu chi (ver Aquí).Cierra los ojos y haz un ejercicio de relajación y de armonización de cuerpo y mente. Una vez sintonizada tu mente con tu cuerpo, entra en sintonía con la naturaleza, con el chi cósmico
  
1.-Centra tu atención en tu Corazón.

Sonríele internamente y agradécele las funciones que desarrolla en tu cuerpo, animándolo a curarse (si estuviera enfermo) para seguir cumpliendo con su cometido.

2.-Frota las palmas de las manos y colócalas sobre la zona del Corazón.

a) Imagina una corriente de energía que sale de tus manos y se introduce en tu corazón, durante unos tres minutos. (no estés pendiente del reloj, mejor cuenta unas doce respiraciones, si te ayuda).
b) Visualiza ahora, durante otros tres minutos, cómo tu corazón capta la energía curativa que viene a través de tus manos y cómo se va regenerando, cargándose de chi.

3.-Visualiza tu Corazón sano, potente, impulsando la sangre y el chi, sin obstáculos.

Ejercicio 2. Sonido curativo del Corazón

El médico chino Sun Si Miao, en le siglo VII de nuestra era, expuso la teoría de los 6 sonidos curativos. Cada uno de nuestros órganos vibra a una determinada frecuencia, por lo que, emitiendo determinados sonidos, podemos sanarlo, al equilibrar su energía ying yang, con la vibración emitida.

Uno de los sonidos con cuya vibración sintoniza el Corazón es Haaaaaa....

De pie, en postura  wu chi (ver Aquí) o sentado en una silla, preferentemente, con los brazos relajados colgando en los costados, relájate. Armoniza tu corazón y calma tu mente.

1.- Centra tu atención en tu Corazón. Agradécele las funciones que realiza para ti. Sonríele internamente.

2.-Vacía el aire de tus pulmones y, al tiempo que inspiras, levanta los brazos, lateralmente, con las palmas hacia arriba hasta que se encuentren sobre tu cabeza, entrelaza los dedos y gira tus manos con las palmas hacia el cielo, estira los brazos inclinándote ligeramente hacia el lado derecho (así facilitas la expansión del Corazón), al tiempo que miras hacia arriba, emitiendo, mientras espiras, el sonido HAAAAAA... Al expulsar el aire expulsa también los sentimientos de odio, rencores, orgullo, desprecio..., asociados a tu Corazón y que tanto lo dañan. Al terminar la espiración, baja los brazos a los costados.


3.- En esta posición de reposo, durante  un minuto, el tiempo aproximado de tres respiraciones, sonríele a tu corazón, internamente, al tiempo que lo envuelves en una luz roja. Envíale sentimientos de amor.


(El ejercicio se repite durante durante 3, 6 o 9 veces, con su correspondiente intervalo, si lo haces en plan preventivo. Si tienes diagnósticada alguna alteración de tu corazón, debes hacerlo 9 veces, mínimo, mejor 36, para conseguir su curación
El sonido no es necesario que sea externo. Debe dirigirse hacia el corazón, para que reciba la vibración.
Cuando estés en un lugar en donde no puedas hacer el ejercicio con los brazos, (guardando turno para pagar en un comercio, con tu coche en un atasco o en una sala de espera, por ejemplo), haz el ejercicio, sin movimiento, emitiendo  el sonido, de forma subvocal,  para ti, para tu corazón).


LIBRO: LA LEY DEL AMOR Las Leyes Espirituales II Vicent Guillem. (La Ley del Amor)


LA LEY DEL AMOR · 

El destino del espíritu es alcanzar la felicidad a través de la experimentación del amor incondicional, por libre decisión de su voluntad. · Sin amor no hay evolución. Sin amor no hay sabiduría. Sin amor no hay felicidad. · El amor es la fuerza armonizadora y dinamizadora del universo espiritual. 

 ¿Cuál es, según tu criterio, la aspiración más importante del ser humano? Alcanzar la felicidad verdadera y duradera. 

¿Cuál es el secreto para alcanzar la felicidad? Amar, pero no es ningún secreto. Cada espíritu, es decir, cada ser humano conoce, intuye que necesita amar para ser feliz. Todo su proceso evolutivo gira en tormo a ese objetivo, desarrollar la capacidad de amar para ser feliz. 

¿Cuál es el camino a seguir? ¿Quiero decir, si queremos avanzar en el amor, por dónde empezamos? El camino empieza por uno mismo y continúa con los demás. Es decir, que hay que amarse a uno mismo para poder amar a los demás. 

Y si cada ser humano intuye ese camino, ¿por qué no lo hemos conseguido alcanzar todavía? Mi impresión es que hay muy poca gente en el mundo que pueda decir que es feliz. No penséis que es un camino sencillo ni breve.

En el proceso de amarse a uno mismo y de amar a los demás hay diferentes etapas que hay que recorrer para poder llegar a la meta final, que sería el amar incondicionalmente a cualquiera como a uno mismo. Jesús resumió esto mismo en un mensaje muy sencillo pero profundo cuando dijo: “ama al prójimo como a ti mismo”. Es un camino que implica vivir muchas experiencias a través de encarnar innumerables veces. 

El trabajo es doble. Por un lado tenemos el desarrollo de los sentimientos y por otro el de la eliminación del egoísmo. Anteriormente hablamos de los diferentes niveles de egoísmo desde el punto de vista espiritual, de las etapas de la vanidad, del orgullo y la soberbia, y cómo se manifiesta el egoísmo en cada una de estas etapas. Ahora me gustaría que profundizáramos en el desarrollo de los sentimientos, de cómo éstos se van desarrollando paulatinamente desde uno mismo hacia los demás, empezado por los más allegados hasta los que no tienen ningún vínculo especial con nosotros. Hablaremos del amor de pareja, el amor en el seno de las 15 familias (entre padres e hijos) y en las relaciones humanas y sociales. 

Analizaremos también cómo el egoísmo se infiltra entre los sentimientos y los adultera, causando verdaderos estragos, confundiendo a los seres humanos y apartándoles del camino del amor y de la felicidad. El egoísmo es el mayor enemigo del desarrollo del amor y tiene muchas ramificaciones. Si no las conocemos podemos torcer nuestra evolución hasta el punto de que podemos llegar a creer que estamos amando, cuando en realidad estamos dejándonos llevar por formas de egoísmo disfrazadas de amor, como si fuera un lobo cubierto con piel de cordero. 

¿Pero qué es amarse uno mismo? Actuar con libertad de sentimiento, es decir, reconocer las necesidades afectivas propias y los sentimientos y pasar a desarrollarlos para que sean el motor de la vida, para que las decisiones importantes de la vida sean tomadas de acuerdo con esos sentimientos. 

¿Qué es amar a los demás? Sentir a los demás como a uno mismo. Cuando uno siente al otro como a sí mismo, siente la felicidad del otro tanto como la suya propia y percibe el sufrimiento del otro como si fuera el suyo propio. Cuando una persona ama a los demás desea la felicidad de los demás tanto como la suya propia y se esfuerza tanto por ayudarles a alcanzar esa felicidad como para que sus acciones no les perjudiquen ni generen sufrimiento. ¿Y de dónde viene el sufrimiento? 

El sufrimiento puede venir como consecuencia de las acciones egoístas de los demás, o como consecuencia del egoísmo propio. Es decir, que a veces se sufre porque somos víctimas de actos egoístas de los demás, mientras que otras veces nuestra propia actitud egoísta hace que juzguemos los actos de los demás equivocadamente, culpándoles de nuestro sufrimiento, cuando en realidad sufrimos porque los demás no actúan conforme esperamos o exigimos de ellos. 

También se sufre cuando una persona reprime sus sentimientos y no vive de 16 acuerdo con ellos, sino en contra de ellos. Esta última es la causa de un sufrimiento más intenso. ¿Cómo podemos saber si sufrimos como consecuencia de los actos de los demás o si es consecuencia de nuestras propias actitudes? Siendo sinceros con nosotros mismos. 

Sin sinceridad no puede haber avance, pues ocurrirá que en vez de reconocer la realidad tal y conforme es y cambiar nuestra forma de actuar de acuerdo a ese reconocimiento, la deformaremos para justificar nuestros actos egoístas, para justificar los actos egoístas de los demás, o para justificar la represión de nuestros sentimientos. 

¿Cómo podemos saber si los demás sufren como consecuencia de nuestros actos o no? ¿No puede ocurrir que generes sufrimiento en los demás aunque no sea tu intención hacerles daño? ¿Qué hay que hacer en estos casos? Hay que distinguir de dónde viene el sufrimiento, antes de decidir si es consecuencia de nuestros actos egoístas o de nuestra actitud represiva con los sentimientos, o si es consecuencia del egoísmo de los demás. 

Hay ciertos sufrimientos que no podemos evitar a los seres amados, que son aquellos que aparecen en su vida como consecuencia de su propio egoísmo, porque se enfrentan a las consecuencias dolorosas de sus actos egoístas del pasado. En estos casos lo mejor que podemos hacer por ellos es aconsejarles lo mejor posible para que tomen conciencia de que el sufrimiento puede ser consecuencia de sus propias actitudes egoístas, y de que tomen buena nota de la experiencia que están viviendo para no generar ellos mismos ese sufrimiento en los demás. 

Hay sufrimientos que aparecen al enfrentarse a alguna prueba dura que eligieron antes de encarnar, y esta prueba forma parte de su proceso de aprendizaje espiritual. En estos casos se puede reconfortar a la persona que está viviendo ese momento y darle ánimos y esperanzas para que se sienta con fuerzas para superar esa prueba, haciéndole ver que esa prueba tiene un significado y que si la supera conseguirá avanzar espiritualmente. 

Pongamos el caso de que otra persona nos ha hecho saber que le estamos haciendo sufrir ¿Cómo debemos afrontar esa situación? Con sinceridad y realismo. Analicemos primero nuestra actitud hacia esa persona, si reconocemos egoísmo de nuestra parte o no. Si reconocemos una actitud egoísta de nuestra parte que causa perjuicio o sufrimiento al otro, nos corresponde a nosotros modificar nuestra actitud egoísta. La toma de conciencia de nuestras actitudes egoístas forma parte del aprendizaje espiritual, pues en muchas ocasiones se actúa egoístamente sin conciencia de que ese egoísmo provoca daño en los demás. 

Por eso nos resulta necesario vivir las consecuencias de nuestros actos para tomar conciencia del sufrimiento que hemos generado. También puede darse el caso de que la otra persona sufra porque existe en nosotros una represión de nuestros sentimientos de amor hacia ella, porque la represión del sentimiento no daña sólo a uno mismo, sino también a los demás. 

Es decir, que sufren por privación de amor. También deberíamos analizar la posibilidad de que el sufrimiento de esa persona no esté causado por nuestro egoísmo sino por el suyo propio, es decir, que se trate de una falsa apreciación de la realidad por parte de la otra persona. En este caso, su propia actitud egoísta le hace percibir injustamente nuestra actuación como egoísta, porque no se ha visto satisfecha en sus expectativas o porque no hemos actuado conforme esperaba o exigía de nosotros.

En este último caso, ¿deberíamos satisfacer al otro en sus exigencias? Quiero decir, ¿deberíamos darle lo que espera de nosotros para evitarle el sufrimiento? Utilizad el sentido común y evaluad si lo que se pide de vosotros es justo y honesto y está en vuestra mano o en vuestra voluntad el realizarlo o no. En cualquier caso no puede ser exigido, porque la exigencia en sí misma ya es un acto de egoísmo. A lo sumo ha de formularse como una petición en la que exista la posibilidad de decir no sin que haya ningún tipo de represalia, de lo contrario se trataría de una vulneración del libre albedrío. 

En cualquier caso no es bueno obligarse a hacer cosas sin sentirlas sólo por complacer a los demás. Si se renuncia a la voluntad o a la libertad propia, lo único que conseguimos es sufrir inútilmente, pues ni avanzamos nosotros ni ayudamos al otro a avanzar. Sólo satisfacemos su egoísmo. Por poner un ejemplo, sería un esfuerzo tan inútil como el de aquel que se carga a las espaldas a otra persona que finge estar coja y que puede caminar perfectamente. En este caso se complace al otro a base de realizar un sobreesfuerzo innecesario, pues lo que nosotros hacemos por él lo puede hacer por sí mismo. Pero hay personas que opinan que si quieres a alguien has de sacrificarte por él, es decir, que anteponen la felicidad del ser amado a la suya propia. 

¿Qué opinas de esto? Que es un error pensar de esta manera. La felicidad de una persona no puede sustentarse en el sufrimiento de otra. Sería injusto por parte del mundo espiritual pedir a nadie que renunciara a su derecho a la felicidad. Todos los seres espirituales tienen derecho a ser felices, sin que esto suponga una merma en el derecho de los demás. Por eso no es justo renunciar a la felicidad propia por la de los demás, ni es justo exigir a los demás renuncias o sacrificios en beneficio de uno mismo. Lo que merma el derecho a ser felices es el egoísmo y no el amor.


 Lo que ocurre es que vosotros tenéis una concepción equívoca de lo que es el amor, pues vuestra forma de amar está en la mayoría impregnada de egoísmo, y por eso creéis que para que los demás sean felices tenéis que hacer renuncias en vuestro propio derecho a ser felices, o creéis que tenéis derecho a exigir renuncias a los demás para poder ser felices. Por eso es importante el analizar muy bien nuestra forma de amar, para ir separando lo que son sentimientos de amor verdadero de lo que son manifestaciones egoístas. Así no os confundiréis realizando o pidiendo sacrificios y renuncias innecesarios. 

¿Pero no es cierto que a veces es necesario renunciar a ciertas cosas en beneficio de los seres amados? Pues depende de qué entendáis vosotros por renuncias. Renunciar al egoísmo por amor es algo bueno. Lo que no tiene sentido es renunciar al amor por amor. No entiendo lo que quieres decir exactamente. ¿Algún ejemplo para aclararlo? Imagina el caso de una pareja materialista que se está planteando tener hijos. 

El hecho de tener hijos lo pueden vivir como una renuncia a satisfacer sus caprichos materiales, porque ahora han de hacer frente a la manutención de los hijos, o pueden vivirlo como una renuncia a tiempo de ocio, pues ahora también parte de su tiempo habrán de dedicarlo a sus hijos. Si lo viven como una renuncia es porque predomina el egoísmo sobre el amor, porque valoran mucho la posesión material y la comodidad y valoran poco los sentimientos. Si por el amor a sus hijos se esfuerzan en ser menos caprichosos será algo bueno para ellos, pues lo que se pierde lo pierde el egoísmo, y lo que se gana lo gana el sentimiento. Otro caso bien distinto es el de la mujer que por tener un hijo en común con un hombre se obliga a vivir con él sin amarlo, y que ama a otro, porque considera que es lo mejor para su hijo, condenándose a una vida de sufrimiento. 

Esta es la persona que equivocadamente renuncia al amor por amor, porque renuncia a su libertad de sentimiento creyendo equivocadamente que esto va a favorecer la felicidad de su hijo. Este ejemplo que acabas de poner me hace reflexionar sobre la cantidad de situaciones diferentes que se pueden dar y lo difícil que es poder analizarlas todas con claridad y saber lo que hacer en cada una de ellas sin confundir los sentimientos con el egoísmo. 

Has comentado el tema de las relaciones de pareja y el de las relaciones con los hijos. Creo que analizar estas situaciones que se dan dentro de las relaciones personales de forma exhaustiva nos sería muy útil a todos, a mí el primero, porque creo que a casi todo el mundo le atañen y creo que muchas personas sufren como consecuencia de no saber 20 afrontarlas con claridad de conciencia espiritual. Se podría escribir un libro sólo con ello. Bueno. 

Estamos aquí para intentar aclarar todo eso. Es cierto que la mayoría del sufrimiento emocional del ser humano tiene que ver con las relaciones personales, empezando por las relaciones de pareja y las relaciones familiares (entre padres e hijos, hermanos etc). Por eso es bueno que las tratemos de forma exhaustiva. 

¿Por dónde quieres que empecemos? 

Si puedo elegir, yo empezaría por las relaciones de pareja. Pues adelante. 
Pregunta, que soy todo oídos.

LA LEY DEL AMOR Las Leyes Espirituales II Vicent Guillem 


domingo, 6 de mayo de 2018

CONSEJOS PARA RECORDAR


“Los niños son las semillas de nuestro futuro. Siembra amor en sus corazones y riégalos con sabiduría y lecciones de vida. Cuando crezcan, dales espacio para crecer”


“Malos pensamientos causan enfermedad a la mente, al cuerpo y al espíritu. Practica el optimismo”


“Consérvate balanceado (equilibrado). Tu persona Mental, tu persona Espiritual, tu persona Emocional, y tu persona Física: todas tienen la necesidad de ser fuerte, puras y saludables. Ejercita al cuerpo para fortalecer la mente. Crece mucho espiritualmente para curar enfermedades emocionales”


“Honra los pensamientos, deseos y palabras de todas las personas. Nunca los irrumpas, ni te burles de ellos, ni los imites de manera grosera. Permite a cada persona el derecho a su expresión personal”


“Sé tolerante con aquellos que han perdido el camino. La ignorancia, la presunción, la ira, los celos y la avaricia (codicia), provienen de un alma perdida”


“Búscate a ti mismo, por tus propios medios. No permitas que otros hagan tu camino por ti. Es tu senda, y sólo tuya. Otros pueden caminar contigo, pero nadie puede hacer tu camino (o caminar tu senda) por ti”

LA TERAPIA DEL ESPEJO.



Sin duda es una de las terapias más directas y reveladoras a la vez que sencillas que podemos usar para adentrarnos en nuestro inconsciente.

Antes de explicar en qué consiste hay que dejar claros algunos conceptos que nos ayudarán a entenderla mejor.

Tenemos el concepto de la sombra que debemos a Carl Gustav Jung y que nos dice frases como, “Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”, o “Prefiero ser una persona completa antes que una persona buena”.

Lo que nos quiere decir es que tenemos que investigar en la oscuridad de nuestro inconsciente puesto que la sombra la estamos manifestando siempre.

El espejo se produce cuando proyectamos nuestra sombra en los demás, y ésta se manifiesta cuando aquello que vemos en los demás nos molesta muchísimo, de una manera desmesurada y sobre todo en cosas de escasa importancia.


¿Cómo distinguir la sombra?

Las relaciones son el mejor sistema para conocernos a nosotros mismos ya que nos relacionamos con nosotros a través de los demás.

Una forma de verlo es a través de los excesos:

*Sentimientos exagerados contra los demás

* Acciones impulsivas o inadvertidas

* Sentirse humillado

*Relaciones en las que provocamos el mismo efecto desestabilizador a diferentes personas.

*Enfados desproporcionados

*La atracción a lo morboso, accidentes, notícias malas.

*Cada vez que respondemos a favor o en contra de alguna cosa y nos mantenemos inflexibles, es muy posible pensar que nos adentramos en el territorio de la sombra.

*Históricamente el hombre y la mujer han acumulado en sus arquetipos muchas memorias de dolor, represión,violencia, sufrimiento, abusos, etc.

*La bioneuroemoción centra su atención en como nuestro cuerpo refleja todas esas emociones que se hallan en nuestro inconsciente (la sombra).

Espejos prácticos en nuestras vidas :

El espejo directo:
En él vemos reflejadas nuestras creencias en tiempo real. Un ejemplo puede ser cuando alguien nos molesta de una manera exagerada nuestra percepción.

El espejo de nuestros juicios:
Es uno de los más reveladores ya que todo aquello que juzgamos como “malo” o “improcedente” reaparecerá de diferentes formas en nuestras vidas hasta que dejemos de juzgarlo. Nuestros juicios son el imán que atrae situaciones para que los viva.

El espejo de nuestro árbol genealógico:
Vivimos experiencias y relaciones que tienen que ver con nuestros ancestros. Su función es liberar el inconsciente colectivo familiar.

El espejo de nuestro mayor bien:
Acostumbramos a ser nuestros mayores críticos. Cuando somos capaces de hacer conscientemente estas críticas y cambiarlas, entonces empezamos a ser compasivos nosotros y así lo podemos ser con los demás. Aprender a ser flexible conmigo mismo nos permite ser flexible con los demás.

El espejo de nuestras situaciones diarias.

El espejo de nuestra “noche oscura del alma”:
Situaciones muy exageradas donde nuestro mundo se precipita en el caos y surgen nuestros mayores miedos. Cuando salimos de él, somos personas diferentes. despierta una fuerza en tí que es tu gran aliado.


La solución siempre es la integración, la lucha contra mi espejo (mi sombra) siempre refuerza a ésta y siempre perderé.

La pérdida es la enfermedad.

fuente:BIO-DESPERTAR.

Saiku

http://nodejardeleer.blogspot.com.ar/

¿Qué relación existe entre la filosofía y la psicología?


La filosofía y la psicología son dos campos de estudio con un lugar común en la historia. La psicología surge a partir de la filosofía. Surge con el fin de incluir el método empírico a la hora de enfrentar las preguntas que se plantea la filosofía. Por ello, la filosofía ha aportado a la psicología diversos temas de estudio como son la sensación, la percepción, la inteligencia y la memoria.
Por contra, las soluciones que dan un campo y otra son diferentes. Si bien comparten temas de estudio, también tienen diferentes puntos de vista. Incluso usando las mismas teorías, la filosofía y la psicología muchas veces no coinciden en sus conclusiones. Al mismo tiempo, estas líneas de separación hacen que desde uno y otro campo se vean a los profesionales del otro como una suerte de enemigos.

Psicología y filosofía
La palabra psicología proviene de las palabras griegas “psique” y “logos” que significan, respectivamente, “alma” y “estudio”. Por tanto, psicología viene a significar el estudio del alma. Así, de una forma simple, podríamos decir que la psicología es la ciencia encargada del estudio de la mente y el comportamiento humano.
Se trata de un campo de estudio que intenta explicar qué sucede en nuestra caja negra y cómo afectan estos sucesos a nuestra manera de actuar, teniendo en cuenta el tipo de estimulación que recibimos. En este sentido, la psicología también aspira a saber cómo las personas reciben e interpretan la información que les llega a través de los sentidos.
Por su parte, el término filosofía viene de las palabras griegas “philo” y “sophia” que quieren decir “amor a la sabiduría”. La filosofía tiene su fin en la resolución de problemas que se producen en la realidad.
Se centra en el el estudio de una variedad de problemas quizás más trascendentes, como la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente y el lenguaje. Esta generalmente realiza sus investigaciones de una manera no empírica, sea mediante el análisis conceptual,​ los experimentos mentales,​ la especulación u otros métodos a priori.

Semejanzas entre la filosofía y la psicología

La psicología depende de la filosofía por varias razones. La filosofía presta a la psicología una visión general de ser humano que es la base de una buena parte de las teorías psicológicas. La relación inversa también se da. La filosofía, en ocasiones, hace uso de la metodología científica de la psicología para lograr sus objetivos. Ambas comparten teorías y también objetos de estudio.
Otra semejanza es que la filosofía ha aportado a la psicología algunos de los temas que estudia: sensación, percepción, inteligencia, memoria y voluntad. Como se ha dicho, ambas comparten objetos de estudio, aunque la forma de estudiarlos y las respuestas que dan sean diferentes. Por otra parte, la filosofía se introduce en la psicología por dos caminos. A través de las hipótesis relativas: a la mente y las formas adecuadas de estudiarla y a través de los principios generales subyacentes a la investigación científica.

Diferencias entre la filosofía y la psicología

Aunque ambas disciplinas examinan los comportamientos de las personas, también presentan discrepancias. Algunos de los puntos en los que se diferencian los podemos hallar en la metodología que usan, sus fines y el hecho de tener en cuenta la moral.
En cuanto al método, la filosofía trabaja con categorías conceptuales y las relaciones que se dan entre ellas. Por ello, está abierta a cualquier método. La psicología, en cambio, se apoya en lo empírico y al estadística; haciendo uso de la investigación cuantitativa y también de la cualitativa. Se centra en la realización de experimentos y el contraste empírico de hipótesis como vía para comprender nuestro comportamiento y validar los instrumentos, como las terapias, que pone a nuestra disposición.
Respecto al fin, la filosofía tiene fines más intelectuales, mientras la psicología pone sus miras en la terapia y la intervención. La filosofía crea sistemas filosóficos o categorías que sirven para explicar la realidad. La psicología, en lugar de estudiar un todo como la filosofía, busca aislar variables del comportamiento humano.
Por eso, sus teorías intentan tener en cuenta nuestra biología -por ejemplo, con el estudio de nuestra química cerebral-y considerar las diferencias individuales -nadie imita exactamente el comportamiento de otra persona ante las mismas circunstancias-. Así, la psicología casi nunca aborda la búsqueda de una realidad totalmente ajena a la existencia de las personas, algo que históricamente sí se ha dado en algunas propuestas filosóficas.
Otra gran diferencia que se da entre ambas reside en la concepción de la moral. La filosofía busca explicar todo, lo cual incluye el estudio de las maneras correctas de comportarse. En filosofía existen diversos trabajos en cuanto a lo que está bien y lo que está mal. Por su parte, la psicología no entra en este debate. Aunque desde la psicología se han propuesto escalas de la ética y la moral, su objetivo no es estudiar qué es moral y qué no lo es, sino qué distintas morales existen.
La filosofía y la psicología estudian a los humanos y sus comportamientos. Ambas presentan similitudes y diferencias, llegando incluso a encontrar diferentes interpretaciones para los mismos actos. Así, el método que cada una usa va a condicionar las respuestas que nos ofrezca. Aun así, ambas comparten, en ocasiones, teorías y resultados que la otra ciencia integra en su propio almanaque de conocimientos.
Roberto Muelas Lobato
https://lamenteesmaravillosa.com

Vencer la pereza y la apatía: algo más que cuestión de voluntad


Vencer la pereza y la apatía no depende solo de la propia voluntad. Resulta muy difícil hallar la fuerza de la motivación cuando lo que suele haber tras estas dimensiones psicológicas es el miedo, la aflicción, la falta de apoyo emocional e incluso alguna enfermedad subyacente. Trastornos como la depresión o un problema en la glándula tiroides suelen mediar en este tipo de estados.

Cuando una persona se hunde en el pozo de la apatía y la pereza su realidad cambia por completo. Lo primero que ocurre es que deja de poder movilizar los suficientes recursos para emerger de esa situación. No siempre puede disponer de la energía necesaria para recuperar su vitalidad y situar en su horizonte nuevos y motivadores objetivos con los que recuperar las ganas, el brío o la esperanza.


“Lo contrario del amor no es el odio sino la apatía”.

-Leo Buscaglia-

A menudo, y desde un punto de vista clínico, es preferible comprender qué hay bajo ese pozo en el que se ha hundido la persona, en lugar de darle estrategias inmediatas para salir de él. Es necesario saber qué subyace tras esa actitud apática, tras ese cansancio y esa desgana. No es lógico, ni útil, dotar a un paciente de recursos sin dilucidar en primer lugar cuál o cuáles son los detonantes de ese estado.

Tanto es así, que en los últimos años disponemos de cada vez más estudios y trabajos sobre el tema. Sabemos, por ejemplo, que la desmotivación no siempre es reflejo de la vagancia, de esa pasividad que uno elige por simple desinterés hacia su entorno. La falta de motivación y la apatía se relacionan con unos circuitos cerebrales muy concretos que en ciertos momentos, pueden evidenciar ciertas patologías.


Son sin duda factores que debemos tener muy en cuenta a la hora de elegir el enfoque terapéutico más adecuado.


Las sombras que habitan tras la desmotivación y el cansancio

Para vencer la pereza y la apatía se necesitan algo más que consejos. Cuando estos estados no son puntuales en el tiempo sino que se vuelven crónicos, la persona (y su entorno) debe tomar conciencia de que es necesario un cambio. Para ello, es prioritario disponer de un diagnóstico acertado que nos permita empezar a realizar pequeñas innovaciones en nuestra rutina y en nuestro enfoque personal para salir de ese pozo antes citado.

Algo que sin duda hay que dejar a un lado en estas situaciones son los términos peyorativos. Muchos pacientes que sufren pereza y apatía no son “perezosos” por voluntad propia. Debemos evitar categorizar la inactividad y la falta de interés como debilidad de carácter porque no es ni útil ni acertado. Veamos por tanto qué hay en realidad tras muchos de estos estados.

Factores que determinan la aparición de la pereza y apatía.

Falta de sentido de autoeficacia. A menudo, y por diversas circunstancias, la persona deja de confiar en su eficiencia para conseguir cosas, para tener éxito, para sentirse útil en sus responsabilidades cotidianas. Algo así es demoledor.

Falta de apoyo emocional. Cuando nuestro entorno no está disponible emocionalmente o cuando lo que nos rodea es la frialdad o el desinterés, pueden surgir estos estados de apatía y desmotivación.

El miedo, miedo a fracasar, miedo a intentarlo y repetir los mismos errores de ayer.Temor a salir de nuestra zona de confort, ansiedad por cambiar de hábitos, inquietud por las cosas nuevas y desconocidas… Todos estos factores socavan a menudo nuestras ganas y valentías.


Por otro lado, y no menos importante, también debemos tener en cuenta los factores orgánicos y/o neurológicos. Condiciones como la fibromialgia, el hipotiroidismo o incluso la enfermedad de Alzheimer, median en esa sensación permanente de falta de energía, de apatía y desmotivación. Asimismo, tampoco podemos olvidar que en los trastornos depresivos es común que se manifieste la pereza y la falta de interés.

Cómo vencer la pereza y la apatía

Para vencer la pereza y la apatía necesitamos apoyo. Apoyo especializado y también de nuestro entorno. Asimismo, es necesario que percibamos de este último un sentido auténtico de comprensión y no de censura. Porque la falta de ganas, de entusiasmo y de motivación se hunden más si lo que reciben son críticas o desprecios…

Para entender mejor cómo vencer este estado debemos recordar un detalle. A menudo, creemos que para crear un estado emocional, para mejorar la motivación basta con “cambiar” el pensamiento. Ahora bien, la regla tan famosa de “pensar bien para vivir mejor” no siempre se cumple al 100%.

No si no estamos bien. No si hay un cerebro falto de serotonina o si hay un cuerpo enfermo. Fue William James quien nos dijo en primer lugar que el pensamiento no siempre precede a la acción. Cuando hablamos de motivación, “acción y sentimiento” van siempre de la mano.

El cerebro, la mente y nuestro cuerpo deben estar en plena armonía para hallar ese impulso, esa energía interior con la que recobrar el ánimo. Reflexionemos ahora en las siguientes dimensiones, esas que nos pueden permitir vencer la pereza y la apatía.


Claves para superar la falta de motivación y la apatía.

Lo primero que haremos es descartar problemas médicos.
Descartados factores hormonales u otros problemas orgánicos, debemos entender qué subyace a nuestro estado de ánimo.

Seguidamente, estableceremos un periodo de transición. En él solo haremos una cosa: resolver problemas. Pensaremos en formas de afrontar esa insatisfacción, ese miedo, esa decepción… Estableceremos un proceso de desapego ante todo lo que nos inmoviliza.

Cambios graduales. Empezaremos introduciendo pequeños cambios en nuestras rutinas. Por ejemplo, podemos cambiar de dieta o establecernos nuevos horarios. Más adelante y a medida que asumamos esas pequeñas variaciones, será momento de iniciar cambios mayores. Esos que deben aportarnos bienestar, esos que se ajusten a nuestras expectativas vitales.

Dirigir la mirada hacia objetivos concretos. Hacia cosas que podemos conseguir en el día a día y que nos satisfacen.
Desafiar a la apatía. Una vez que hemos incorporado nuevas rutinas y hemos conquistado objetivos cotidianos, debemos aprender a desafiar a ese estado invalidante. Cuando notemos que aparece esa sensación, busquemos una alternativa. Por ejemplo, podemos pensar en algo nuevo y motivador que la haga desaparecer.


Vencer la pereza y la apatía no es tarea fácil, pero tampoco imposible. No obstante, no podemos olvidar que estas sombras son muy reincidentes y suelen visitarnos con frecuencia. Cuando lo hagan, debemos estar preparados, listos para desactivarlas, para ventilar nuestras habitaciones emocionales con brisas frescas y nuevos proyectos.

 Valeria Sabater

https://lamenteesmaravillosa.com