sábado, 1 de junio de 2019

Vivir con el trastorno límite de personalidad



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El trastorno límite de personalidad o TLP es uno de los trastornos de personalidad que más dificultan la vida diaria de quien lo tiene y de su familia. Se trata de un trastorno psicológico que es poco frecuente, ya que se detecta en aproximadamente un 2% de la población y que suele diagnosticarse a partir de los 20-25 años de edad. Sin embargo, los síntomas del TLP existen desde el comienzo del desarrollo de la personalidad, en torno a los 12-13 años.

A pesar de que ser un trastorno poco frecuente, se ha investigado en profundidad debido a las dificultades y problemas cotidianos que conlleva vivir con el trastorno límite de personalidad. Como se trata de un trastorno caracterizado por la impulsividad, un gran miedo al abandono y la falta de regulación emocional, podemos entender que es un problema que acarrea diferentes inconvenientes a la hora de llevar una vida «normal».

Por todo ello, en este artículo queremos ilustrar cómo es vivir con el trastorno límite de personalidad y qué se puede hacer cuando se tiene. Los puntos desarrollados en este artículo están basados en diferentes testimonios de personas que tienen TLP y los consejos están inspirados en el manual de la Dra. Marsha M. Linehan, experta mundial en este trastorno.


Los problemas de la impulsividad

En primer lugar, el TLP tiene un alto nivel de impulsividad que varía en función del estado de ánimo de la persona y de las situaciones que esté viviendo. Vivir con el trastorno límite de personalidad implica vivir con una tendencia muy importante a tener comportamientos impulsivos que hacen que la persona tome decisiones y lleve a cabo comportamientos, de los que luego se arrepienta. En palabras de una persona con TLP: «es como vivir llevando un globo en las manos que puede estallar en cualquier momento».

Así mismo, la impulsividad en el TLP se experimenta en varios aspectos de la vida de quien lo sufre, por ejemplo, a nivel de relaciones interpersonales se pueden tomar desiciones muy apresuradas en función de lo que se sienta en ese momento. Por otro lado, a nivel laboral o profesional, vivir con el trastorno límite de personalidad puede implicar estar cambiado constantemente de trabajo sin saber muy bien por qué no se acaba de estar conforme con ningún puesto. Además, todo ello conlleva una inestabilidad constante que perjudica también la regulación emocional.


«Vivir con el trastorno límite de personalidad implica vivir con una tendencia muy importante a tener comportamientos impulsivos que hacen que la persona tome decisiones de manera apresurada y que lleve a cabo comportamientos, de los que luego se arrepiente».

En este sentido, las personas con TLP han de adquirir estrategias y habilidades cognitivas y conductuales para gestionar la impulsividad. Además, es fundamental en estos casos que las personas que tienen TLP sepan utilizar afirmaciones positivas y flexibles a la hora de valorar las situaciones de la vida cotidiana y las experiencias que tienen.
La inseguridad que provoca el miedo al abandono

Vivir con el trastorno límite de personalidad, muchas veces, es igual a «no poder disfrutar de las relaciones porque siempre tienes miedo a que esa persona que tanto quieres… se vaya» según explica una paciente de 37 años con diagnóstico de TLP desde los 19. Así, podemos entender que el TLP se caracteriza por un importante miedo al abandono que hace que la persona se concentre tanto en la relación que pierda de vista los aspectos positivos de la misma, como resultado del miedo anticipatorio ante un posible abandono.

Por otro lado, el miedo al abandono, no es necesario que se manifieste verbalmente, es decir, la perosona con TLP no tiene que decirle a su pareja, amigo o familiar «tengo miedo a que me abandones«. Lo que suele ocurrir es que el miedo al abandono se expresa sobre todo, a nivel de celos, búsqueda de control del otro, no querer tener actividades individuales o estar solo. La terapia para el TLP también ayuda a gestionar el miedo al abandono y a erradicar los comportamientos celosos y controladores.

Si bien es cierto que las personas con TLP han tenido experiencias de abandono a nivel familiar o sentimental, el problema es que no logran superar estos abandonos y generalizan dicha experiencia a casi todos los ámbitos de su vida personal. Por ello, con las personas que tienen TLP se aborda en terapia la importancia de cicatrizar las heridas del pasado y se trabaja con diferentes técnicas para superar este miedo.


La montaña rusa de las emociones

El TLP posee, como unos de sus principales síntomas y como uno de los más característicos, la dificultad para regular las propias emociones. En este sentido, las personas con TLP se enfrentan cada día a una cantidad de emociones que son intensas y muchas veces desproporcionadas en relación con la situación que están viviendo. Por ello «vivir con el trastorno límite de la personalidad es vivir muy intensamente, para lo bueno y para lo malo».

Más aún, tenemos que comprender que los problemas a la hora de regular las emociones se originan en la infancia, donde el niño ve invalidado sus sentimientos y le llega el mensaje de que lo que siente no es importante ni correcto. No se adquiere la capacidad de etiquetar las emociones ni de saber cómo suavizarlas y ello provoca que en la vida adulta tener TLP sea igual a «sentir un montón de emociones que no entiendes y se dan todas juntas a la vez».


«Vivir con el trastorno límite de la personalidad es vivir muy intensamente, para lo bueno y para lo malo».

Las personas con TLP experimentan lo mejor y lo peor del mundo de las emociones porque les cuesta mucho ajustar su respuesta emocional y poseen un repertorio escaso de emociones, siendo todas muy intensas. Este es uno de los motivos por el cual se dedican muchas sesiones en la terapia para el TLP a las habilidades de regulación emocional. Para ello, se trabaja en la etiquetación de emociones y en técnicas para suavizarlas como por ejemplo, relajación, intención paradójica, técnicas de distracción y mindfulness.

Finalmente, es importante destacar que vivir con el trastorno límite de personalidad requiere de mucha paciencia y empatía con los demás. Porque como en todos los trastornos de personalidad, el entorno de quien lo sufre comparte los problemas del trastorno y se ve afectado.

Si tienes TLP recuerda que las personas que más cariño te tienen pueden sentir que no saben qué hacer ni cómo ayudarte en muchos casos. Lo recomendable es acudir a un profesional especializado para que pueda orientaros.


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