domingo, 28 de abril de 2019

Y simplemente decidí perdonarme


Cuando estamos acostumbrados a juzgarnos muy fuerte, nos resulta sencillo autocastigarnos y tratarnos inclusive de una forma tan cruel, que quizás no nos atreveríamos a tratar así a nadie más.

Afortunadamente nunca es tarde para las reconciliaciones, en especial las que están asociadas a la relación que llevamos con nosotros mismos… A fin de cuentas, ¿cuál podría ser más importante que esa?
¿Y cuántas veces no nos traicionamos por quedar bien con los demás?

Pues incontables son las veces que nos negamos, que nos postergamos, que tomamos responsabilidades y culpas que no nos corresponden, en fin, que prácticamente jugamos en nuestra contra y apoyamos al contrincante…


Intentemos vernos desde afuera e imaginemos que en ese diálogo interno que tenemos de manera continua, es llevado a cabo por dos personas externas a nosotros. Si sentimos incomodidad por cómo una persona trata a la otra, si sentimos pena ajena, e inclusive nos da n ganas de defender a la parte atacada, es momento de reflexionar.

Nos creemos todo lo que nos decimos, si nos decimos constantemente que no podemos, que no somos capaces, que nos volvimos a equivocar, que no merecemos lo que queremos, pues eso de manera repetida se convertirá en una creencia, en este caso limitante y en ella basaremos nuestros pensamientos, nuestras decisiones, nuestro sentido del merecimiento, etc…

Y de esta forma se forma un círculo vicioso a través del cual nos hacemos cada vez más daño, y cada vez nos acostumbramos a sentirnos así, a desmoralizarnos, a desanimarnos, a cortarnos las alas…


Si decidimos despertar y entender que vinimos a esta experiencia a disfrutarla en lugar de padecerla, a amar, comenzando por nosotros mismos, entonces quizás dejemos de maltratarnos y hagamos las paces con lo que somos, con nuestro pasado, con nuestros errores.

Puede ser que una vez que nos comencemos a amar un poco más, sintamos mucha culpa, frustración, rencor hacia lo que nos hicimos, permitimos o dejamos de hacer… Pero la idea es dejar de lado todo lo que no sume y no vamos a soltar una mochila, para tomar otra.
Aprendamos a perdonarnos, a aceptarnos, a cuidarnos, a convertirnos en nuestra persona preferida y a actuar en consecuencia.

No te coloques al final de la lista, nadie vivirá por ti, ni aprenderá por ti, ni amará por ti, nadie podrá ser feliz por ti, tú puedes ser feliz por alguien más, pero será alcanzar tu propósito lo que le dará sentido a tu vida.

Perdónate y comienza de nuevo… Con más amor, con más tolerancia, con más condescendencia, como si tratases a alguien que amas de forma incondicional…

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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